Gente corriente

Roc Blackblock: "La gente de a pie desea verse reflejada en sus calles"

Empezó pintando en la calle y en fábricas okupadas y se ha convertido en el muralista de la vida colectiva de los barrios y de la memoria histórica.

 El muralista Roc Blackblock, en su estudio del barrio de El Clot de Barcelona.

 El muralista Roc Blackblock, en su estudio del barrio de El Clot de Barcelona. / SERGI CONESA

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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Veinte años separan el primer grafiti artístico en el que Roc Blackblock (Barcelona, 1975) colaboró, en la histórica fábrica okupada Hamsa de Hostafrancs, de los murales de la exposición Los viajeros del Winnipeg, abierta en el Palau Robert hasta el 1 de septiembre. En este tiempo, el prolífico artista se ha convertido en el muralista de la memoria histórica y de la vida colectiva de los barrios.

Empezó a pintar en la calle como activista.

Me hice insumiso a los 18 años y el primer muralito lo pinté con brocha gorda junto a compañeros insumisos del barrio de Sants. En aquella época venía Azagra, dibujaba un monigote cagando en un casco militar y 50 personas íbamos y lo coloreábamos. Había murales de Nuclears no, gràcies, del Sáhara libre

El grafiti que ayudó a pintar en la Hamsa reproducía un proverbio africano: "Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador".

Los poderosos tienen recursos para dejar registrado su legado en la historia oficial. El muralismo, al menos tal y como lo planteo yo, tiene un referente en el muralismo mexicano, donde el espacio público pertenece a toda la comunidad y es el lugar idóneo para conocer la historia de la gente de a pie, que desea verse reflejada en sus calles.

Así nació el grafiti, ¿no?

Sí, se trata de dejar una huella en tu entorno para hacértelo tuyo. Para mí la ciudad no tiene que ser un contenedor aséptico, sino que las calles tienen que hablar visualmente.

Ha pintado en Roquetes, Nou Barris, Sants… y acaba de terminar un mural en el barrio de la Teixonera.

Es un ejercicio de memoria reciente hecho a partir de una imagen sacada de un vídeo casero de los años 60, en el que varias familias se juntan para construir sus propias casas. A base de hacer estos proyectos me he dado cuenta de que el mural es como una continuación de un trabajo colectivo y comunal.

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En el Palau Robert pone rostro a los exiliados republicanos que embarcaron en el buque Winnipeg

Que alguien con un recorrido en la calle entre en el Palau Robert es un brote verde, indica que poco a poco van cayendo prejuicios y que se pueden encontrar combinaciones que sean un revulsivo para nuevas expresiones. No renuncio a la calle pero es importante que se vayan tejiendo puentes con galerías y otros espacios expositivos. Fíjese en Sixe, empezó pintando en la calle y acabó pintando la fachada de la Tate Modern.

Ahora se marcha a Chile, a pintar los murales del Winnipeg

A los que trabajamos en la calle a veces nos tachan de vándalos y otras nos invitan como artistas. A veces me han dicho: “Esto que pintas tú sí que es bonito, no como los grafitis”. Se nos instrumentaliza para decir lo que es aceptable y lo que no, y eso yo lo rechazo. Aunque a veces nos pisemos, a mí los grafitis me gustan. Venimos de la misma cultura.

Su nombre artístico alude al Bloque Negro, vinculado a las tácticas de acción directa de grupos anarquistas en las manifestaciones. 

Los primeros grafitis los firmaba como Roc, pero añadí Blackblock para registrarme en las redes  sociales. Tenía que ver con la estética de mis imágenes y con mis orígenes en los movimientos alternativos, ateneos, casas okupadas... Además la mayoría de mis clientes lo entendían rápidamente. No me molesta por lo que significa, pero si lo eligiera ahora no sería en inglés y lo haría más pronunciable.

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