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GENTE CORRIENTE

Aleix Perarnau: «Somos locales de culto, una especie a extinguir»

Su bar nocturno, refugio para amantes del rock y la cerveza, es el más antiguo de Santa Coloma de Gramenet

Manuel Arenas

Aleix Perarnau, propietario del Bar Linea Uno de Santa Coloma de Gramenet.

Aleix Perarnau, propietario del Bar Linea Uno de Santa Coloma de Gramenet. / LAURA GUERRERO

En Santa Coloma de Gramenet siempre hay sitio para la última. Se llama Bar Linea Uno, lleva 35 años vivo -es el local de ocio nocturno más antiguo de la ciudad- y en su barra kilométrica, entre la penumbra, se deja ver un tipo con un humor particular y familiarizado con la soledad si son menos de las doce de la noche. Su nombre es Aleix Perarnau (Barcelona, 1965) y lleva la friolera de 20 años en el lado incorrecto de la barra, como él dice, desde donde ha hecho del bar un lugar de culto para los amantes del rock y la cerveza y un refugio de la música en directo y la cultura local.

-20 años. Se dice pronto.

-Sí... antes había trabajado mayormente de administrativo, y, al empezar la universidad, surgió lo del bar con mi hermano, que dejó el negocio hace 14 años.

-Usted fue cliente antes que propietario.

-La primera vez que entré tenía unos 16 años y esto ya era la cuna de la intelectualidad trasnochada: había profesores, escritores, pintores, músicos... se reunían a charlar en un ambientillo muy familiar.

-Y una cosa llevó a la otra...

-Al propietario anterior, Pepe Rider, le solía decir de broma que con el dinero que me había gastado como cliente le podía comprar el bar, y... (ríe). 

-¿Cuál es la historia del local?

-Sobre el 77 aquí empezó el bar Nazarín, donde ya se hacían obras de teatro o exposiciones. En septiembre del 83 se transformó en Linea Uno, y yo empecé en el lado incorrecto de la barra el 5 de noviembre del 98. Nuestra idiosincrasia ha sido siempre la de diversificar la fiesta.

-¿Eso era común cuando empezó?

-Antiguamente, como mucho los bares se decoraban para Carnaval o Navidad. No es que lo inventáramos, pero siempre hemos hecho conciertos, exposiciones, karaokes, concursos... organizamos el Campeonato del Mundo de Villancicos; "del mundo" porque no hay otro. Aquí ha habido ideas muy locas, como cuando se nos ocurrió sacar en procesión un barril de cerveza, que al final no se hizo porque no había barril (ríe).

-¿Cómo define el bar tras 35 años?

-Con una frase muy nuestra: "De derrota en derrota hasta la victoria final" (ríe). No nos hemos forrado precisamente, y somos conscientes de que esto no es para forrarse... es más una forma de vida. 

-¿Y se ha planteado alguna vez forrarse?

-De vez en cuando se te pasa por la cabeza. Pero si pusiera David Guetta cada noche, no estaría a gusto porque no es mi ambiente. No sabría hacerlo. Aquí siempre hemos sido de rock. Somos una especie a extinguir: los bares pequeños quedamos como una especie de locales de culto para acérrimos de según qué música e ideas.

-¿Qué tipo de clientela tiene?

-Mayoritariamente, gente de entre 40 y 50 años aficionados al rock y a la música en directo. Aunque tengo clientes de 25 a 70 años.

-Hábleme del local como refugio cultural.

-Con la ayuda de músicos locales, organizamos dos conciertos semanales, nuestra bandera. Me gusta promocionar la cultura: muchos músicos, si no fuera por este tipo de bares, no se podrían dedicar a la música.

-¿Alguna anécdota imborrable?

-Tengo tres o cuatro clientes que son hijos de excompañeros míos del lado correcto de la barra. De lo que me acordaré cuando me vaya es de que aquí me enamoré, me casé y me divorcié. También de la relación familiar que se establece: hay hijos de clientes que me llaman "tito".

-¿Se ha planteado jubilarse?

-Tarde o temprano. Me gustaría que entrara alguien por la puerta, me hiciera una buena oferta y que yo viera que tiene ganas de continuar. Con 53 años te empiezas a ver raro todas las noches tras la barra. Pero yo, en plan cholismo: año a año y ya veremos.