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Ángela Fragoso y Judith: "Estuvimos cinco años encerradas en casa"

ALVARO MONGE

Ángela Fragoso y Judith: "Estuvimos cinco años encerradas en casa"

Madre e hija han viajado de Huelva a Barcelona para que la joven, que nació con espina bífida e hidrocefalia, gane calidad de vida. La Casa Ronald McDonald es ahora su casa.

Núria Navarro

Ángela Fragoso (Isla Cristina, 1981) y su hija Judith, de 19 años, son huéspedes de la Casa Ronald McDonald, un hogar acogedor para las familias de niños con enfermedades graves que vienen a tratarse a Barcelona. Llevan 10 meses lejos de Huelva y de los suyos, y le quedan otros tantos. Pero es difícil encontrar a un par de archivalientes como ellas. No se apean de la sonrisa.

¿Cómo empieza su historia?

Á.F.: A los 17 años me quedé embarazada, y a los siete meses de gestación me dijeron que la niña tenía "líquido en la cabeza". Pasé dos meses angustiosos. En el parto, en Sevilla, me pusieron anestesia para que no viera cómo venía. Yo me había preparado para todo. Incluso para volver a Isla Cristina con la niña muerta. Solo me la mostraron unos segundos y me pareció muy bonita.

"A los 17 años me quedé embarazada. Y a los siete meses de gestación me dijeron que la niña no venía bien", cuenta Ángela

¿Cuándo supo toda la verdad?

Á.F.: Cuando la matrona me llevó a la zona de prematuros le vi el bultito en la espalda. Tenía espina bífida –del tipo mielomeningocele, con cinco lumbares afectadas– hidrocefalia. A las 48 horas la operaron. A las dos semanas, le pusieron una válvula en el cráneo, que se podía obstruir en cualquier momento y dejarla en coma. Fueron las dos primeras operaciones de más de 40.

¿Asumió todo eso sola?

A.F.: Yo vivía con mi madre. Así que dejaba a la niña con ella y limpiaba casas de rodillas por 30.000 pesetas [180 euros]. De ahí, me iba a fregar un centro de salud y luego hacía una escalera. Al acabar, llevaba a Judith a estimulación precoz. Yo le cantaba mucho.

Era usted casi una niña.

A.F.: Me convertí en mujer de golpe. Cuando Judith tenía 3 años, conocí al padre de mi segunda hija, Rocío. Me dijo que dejara de trabajar y me centrara en Judith. Le hicieron una ventriculostomía para que circulara el líquido cefalorraquídeo. Estuvimos ocho meses hospitalizadas, yo acostada en un sillón. Le daban convulsiones 20 veces al día y, en cada una, se le aceleraba el ritmo cardíaco a 170. Los médicos dijeron que no lo aguantaría y le practicaron una expansión intercraneal. 

"Era como estar en una cárcel. Le dije a mi madre: 'Hasta aquí, ya no puedo más'", explica Judith

¿Salió bien?

A.F.: Tenía unas costras que se fueron abriendo, y empezó a partirse la piel. Estuvimos cinco años encerradas en casa para que no cogiese ninguna infección.

J.F.: Era como estar metida en una cárcel. No avanzaba y veía que sufrían todos los que estaban a mi lado. Le dije a mi madre: "Hasta aquí, ya no puedo más".

Á.F.: Yo, para animarla, cuando venía al pueblo algún muchachito de 'Mujeres, hombres y viceversa', le pedía que la visitara.

Tiene una madre increíble, Judith.

J.F.: ¡La mejor del mundo! Consiguió que viniera a verme Iván GonzálezY como me gusta mucho la música, me hizo ilusión que viniera Manu Carrasco. "Tienes que seguir luchando porque eres un ejemplo de superación", me animó.

"Manu Carrasco
me animó:

'Tienes que seguir luchando, eres un ejemplo de superación'", señala la joven

A.F.: Y como no podía ir a conciertos, me enteré de que Antonio José cantaba en Huelva y llamé a todos los hoteles hasta que di con el suyo. Viajamos tres cuartos de hora en coche para que lo viera un momentito.

J.F.: Y en Barcelona, recién operada, lo vi otros cinco minutos en el Liceu.

¿Cómo vinieron a parar a Barcelona?

A.F.: Yo quería una segunda opinión y contacté con Neurocirugía del Hospital del Vall d’Hebrón. Me dijeron que había que operarla sí o sí. Pero Judith cobra la pensión no contributiva; yo, la de dependencia y mi marido es camarero. Así que vendí todo lo que tenía. Pedí ayuda a la Diputación y a la Junta de Andalucía, que me dijeron que no tenían dinero, y el ayuntamiento me cedía el teatro para una gala benéfica, pero tenía que vender 700 entradas –no llegué a 400– para conseguir los 2.100 euros para traerla a Barcelona. Suerte que me respaldó el pueblo.

"La Diputación y la Junta de Andalucía
me dijeron que no tenían dinero para ayudarme", lamenta la madre

Y que lograron ser huéspedes de la Casa Ronald McDonald, a dos pasos de Vall d'Hebrón.

A.F.: ¡Entrar hace 10 meses en la casa fue como llegar al paraíso! Además, los médicos de Vall d’Hebrón nos dan mucha seguridad y convivir con otras familias en mi situación nos reconforta. He aprendido a pensar en presente.

¿Les queda aún tiempo de estancia?

A.F.: Tenemos para otros 10 o 12 meses. Hay zonas del cráneo de Judith que no tienen hueso y la piel se puede deteriorar. Ahora le están haciendo unos extensores para darle más cavidad a la zona frontal.

Formulen un sueño.

J.F.: Que venga a visitarme Antonio Orozco y que McDonald's instale en la Casa un expendedor de McFlurries.

A.F.: Que Judith gane calidad de vida, volver a casa y que la Junta de Andalucía me diga por escrito por qué eliminaron la ayuda por desplazamiento con fines asistenciales fuera de la comunidad. Ya no por mí, por los que vengan detrás.