Ir a contenido

HACEMOS PERIODISMO CONTIGO

Vivir con un muro a 40 centímetros

La construcción de un bloque de pisos en Sant Andreu está dejando a los vecinos de calle Pare Manyanet 31 encajonados en sus balcones

MIRIAM GARCÉS / BARCELONA

El nuevo edificio, todavía en construcción, a tan solo 40 centímetros de los balcones del bloque de calle Pare Manyanet 31.

El nuevo edificio, todavía en construcción, a tan solo 40 centímetros de los balcones del bloque de calle Pare Manyanet 31.

Los vecinos de calle Pare Manyanet 31, en el barrio Sant Andreu, están rodeados de solares que poco a poco se van levantando. Nuevos vecinos, pues, pero en el caso de uno de los edificios serán vecinos muy cercanos, ya que el nuevo edificio se encuentra a menos de 40 centímetros de sus balcones. Y es que el edificio en construcción de la calle Virgili, junto al casal del barrio de Can Portabella, les deja encajonados. “Han proyectado un patio de luces paralelo a nuestra pared medianera, y justo cuando esta acaba, levantan un muro de unos cinco metros de largo donde están ubicados nuestros balcones”, denuncia Violant Muñoz, vecina de Pare Manyanet 31.

Cuando se construyó hace 40 años el bloque de pisos donde vive Violant, la constructora podría haber construido en el terreno colindante, pero declinó hacerlo. Hace dos años, una nueva constructora valló ese espacio, y a finales de 2015 empezaron a edificar. “Ya sabíamos que en ese espacio acabarían haciendo pisos. Nuestro bloque no tiene pared de final de obra, e incluso estaba contenta porque así se acabaría el frío que atraviesa esa pared en invierno”, asegura Violant, pero no esperaba que fuera en esas "condiciones ilógicas”.

Esas "condiciones ilógicas" es que en lugar de estar muro con muro con otro edificio, el inmueble de la calle Virigili pasa a 40 centímetros, con un pequeño patio de luces que da a la pared sin acabar del bloque de Pare Manyanet, y que una vez pasados los balcones de dicho edificio vuelve a salir dejándolos encajonados. “No solo es un problema por la luz que nos quitan, es que además puede causarnos problemas de seguridad, porque por esa separación de tan solo 40 centímetros puede trepar cualquier persona, apoyándose entre los dos edificios", explica Violant, junto con otros dos vecinos afectados, Xavier Pallarés, del primero, y Carmen Carmona, jubilada del cuarto. Y añade: "Por no hablar de la falta de intimidad de tener a alguien tan cerca de tu balcón”.

Es el suyo, pues, un problema de distancias que consideran que no tendría que estar permitido. El Col·legi d’Arquitectes de Catalunya afirma que las distancias están reguladas por las ordenanzas de edificación del Área Metropolitana de Barcelona, y dependen de la cualificación urbanística de cada área. Para el caso de la calle Virgili, confirman que hay un proyecto firmado por un arquitecto, visado por el propio Col·legi y con una licencia concedida por el Ayuntamiento, por lo que la situación es legal. La solución que tienen los vecinos es pedir una consulta del proyecto urbanístico y presentar sus quejas como afectados al Distrito.

LA CONVIVENCIA CON LAS OBRAS

Pero los problemas no acaban aquí. “Además de la situación en la que nos dejaran para siempre, estamos teniendo que aguantar un periodo de obras insoportable”, añaden. Según los vecinos, los obreros trabajan fuera de las horas permitidas e incluso en festivos. Denuncian que en una ocasión tuvieron que llamar a la Guardia Urbana por ruidos a medianoche. Además de los ruidos, denuncian otras molestias relacionadas con las obras: un pie de cabra cayó de la grúa y daño la terraza de Xavier Pallarés, y Carmen Carmona tiene que vivir con un hierro y una red enganchados a la barandilla de su balcón, para evitar casos iguales. “Por si fuera poco, tuvimos que pagar unas obras para pasar por nuestro parking las cloacas que iban hacia la calle Virgili, porque en lugar de edificar encima, la constructora decidió cortar la tubería y que se hicieran cargo otros”, denuncia Violant.

"No nos oponemos a que construyan, porque ya sabíamos desde siempre que pasaría, pero no en unas condiciones que no respetan la calidad de vida de los que ya estábamos aquí”, se lamentan.