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REFORMAS URBANAS

Las aceras palmo a palmo

Los peatones denuncian pérdida de espacio en BCN ante motos y terrazas

Las reformas de seis grandes ejes no reducenla sensación de agravio

Inma Santos

Entre todos. Barcelona en obras / CARLA FAJARDO

Las aceras crecen con las reformas urbanísticas del mandato de Xavier Trias, eso es un hecho, pero para muchos barceloneses-peatones la sensación es otra: palmo a palmo, van perdiendo espacio público. En los diez kilómetros que suman la Diagonal, los paseos de Gràcia y de Sant Joan, Balmes, Paral·lel y Mitre (seis de las principales joyas de la corona del urbanismo de Trias, casi 70 millones de euros de inversión) las aceras han crecido hasta 7,5 metros en la Diagonal, 5,7 en Mitre o 4,5 en Balmes. Y sin embargo, las sensaciones son otras, como hemos podido palpar en el debate abierto en 'Entre Todos' durante esta semana: las terrazas, los aparcamientos para motos, los usos indebidos (esas bicicletas) hacen que muchos peatones crean que están en guerra pos sus aceras y, lo que es peor, que la están perdiendo.

"El problema es que se han ampliado aceras sin adaptar la normativa a esta nueva realidad. Eso ha hecho, por ejemplo, que en Balmes las nuevas aceras estén ocupadas por motos y que en la Diagonal proliferen los negocios de restauración que legítimamente querrán instalar terrazas", sostiene Gerard Domínguez (investigador de 25 años) que vive a medio camino entre esas dos vías.

Gerard (investigador, 25 años) es el peatón en una conversación ciudadana que ha impulsado EL PERIÓDICO. Núria Moreno, de 50 años, es la propietaria (en este caso, de una cafetería en el paseo de Sant Joan), y Sergio García (28 años, funcionario) es el motorista. Gerard admite que en las reformas impulsadas por el ayuntamiento hay mejoras: iluminación moderna, wifi, reducción de calzas, integración de carriles bici... Pero todas esas mejoras no consuelan al peatón, que se siente derrotado porque «la importancia de estas reformas radicaba en la ampliación de las aceras con todo lo que esto debería suponer en cuanto a conquista de los peatones", dice Gerard. Y esa conquista se ha visto mermada con el beneplácito de las ordenanzas.

«En Balmes se quejan de que las motos aparquen en semibatería. Es normal, uno de los problemas de Barcelona es la cantidad de motos, hay casi 300.000 en la ciudad. Hay que aparcar en algún sitio y la normativa te permite aparcar gratis en semibatería sobre la acera si esta tiene más de tres metros», defiende Sergio García (funcionario. 28 años), pese a que él no acostumbra a hacerlo. Sergio, a diferencia de Gerard cree que es el tráfico rodado (y en particular, las motos) los que salen perdiendo. Por una parte, está la reducción de carriles ("en el paseo de Sant Joan, por ejemplo, han dejado solo uno de subida y otro de bajada, las motos no podemos adelantar, perdemos agilidad y rapidez") y por otra, el fomento del carril bici ("es muy cómodo para quien lo utiliza, tienen un carril para ellos solos... pero la visibilidad en algunos tramos es difícil y muchos no respetan los semáforos").

PRIVILEGIOS

Gerard, ciclista además de peatón, discrepa. «No se ha querido quitar privilegios a coches y motos», e insiste en que las políticas tienden a favorecer a las moto: «De la misma manera que los coches no pueden aparcar en cualquier sitio y si ocupan espacio público deben pagar zona azul o verde, no tiene sentido que a las motos no se les aplique una política similar. Además, no están ocupando la calzada, sino la acera, el espacio reservado a los peatones, con todos los inconvenientes que ello supone», argumenta.

Difícil acercar posiciones entre uno y otro bando de la trinchera, salvo si hay un tercer adversario en la lucha por la acera. Y ambos coinciden: bares y restaurantes. Gerard recuerda que "durante el mandato de Trias se han duplicado el número de licencias de terrazas, ha habido más flexibilidad con la ordenanza y se ha facilitado su auge". Una situación que lleva a Gerard, y con él a muchos de los participantes en nuestro debate en la web, a augurar que las terrazas conquistarán Paral·lel y la Diagonal, donde "han ido abriendo negocios de restauración que al final ocuparán legítimamente espacio público", dice.

"La calle es más ancha, pueden ampliar la terraza y eso supone más negocio", apunta Sergio. Pero ese argumento, a Núria Moreno le recuerda al cuento de la lechera. Ella y su socia abrieron hace cuatro años en el paseo de Sant Joan el On Café y tienen una terraza con seis mesas. "¿Beneficios? De momento, la reforma no me ha dado ninguno. Sí, me permite ampliar la terraza pero ahora ra es imposible económicamente. Con la nueva normativa, el velador y los parasoles que tenía no sirven, hay que comprar mobiliario nuevo y el año que viene pasaré de pagar 200 euros por cada mesa con cuatro sillas a 300. Ampliar la terraza también supone más personal...", dice. 
Ni Gerard ni Sergio culpan a los propietarios. "Es un problema de normativa, si el Ayuntamiento da licencias..." dice Sergio. Quizá habría que adaptar la normativa a la realidad, sugiere Gerard. Pero Núria no cree que sea un problema de normativas: "¿Más aún? Ya tenemos suficientes. A este Ayuntamiento le encantan, solo buscan sacar dinero –protesta–. Eso y atraer a turistas".

FRENTE AL TURISMO

Y es que a ninguno de los tres se les escapa el mimo con el que el alcalde Trias trata al turismo, ese que representa el 12% del PIB. En este sentido, las reformas levantan sospechas: muchos ciudadanos, como Sergio, Gerard y Nuria, ven tras las reformas el ansia de agasajar al turista más que de servir al barcelonés. Esa filosofía de ciudad es la que preocupa a Núria. «Algunas reformas son desmesuradas. Están sacando la ciudad de su medida original. Era una ciudad pequeña y manejable, pero cada vez es más difícil moverse porque hacen las cosas cara al turista». Quizá es que la acera, como símbolo de espacio público, cotiza al alza en Barcelona. Perderla es perder una batalla como ciudadano, ya sea como peatón, motorista, conductor o comerciante. Por eso se combate por ella palmo a palmo.

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