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El futuro del libro de texto

La crisis y las metodologías innovadoras, que prescinden de los manuales escolares, cuestionan el modelo

Algunas editoriales catalanas están creando plataformas adaptadas a los nuevos métodos de aprendizaje

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Dos niñas revisan unos libros de texto depositados sobre una mesa.

Dos niñas revisan unos libros de texto depositados sobre una mesa. / FERRAN NADEU

No es extraño, cuando uno visita una de esas escuelas que han introducido las llamadas metodologías innovadoras, ver cómo los alumnos trabajan con materiales elaborados por el propio colegio. Las bautizadas como escuelas sin deberes, sin exámenes y sin pupitres, son también escuelas sin libros de texto. ¿Un ejemplo? Los hay muchos, pero el colegio público Els Encants, en el Eixample de Barcelona, es uno muy claro. Con la colaboración de los profesores y las sugerencias de los estudiantes, Els Encants ha desarrollado sus propios recursos didácticos, unas cajas temáticas de distintos tamaños y con contenidos de lo más variado, a través de las que los alumnos, individualmente o en grupo, trabajan contenidos y competencias, cada cual a su ritmo.

Aunque cada septiembre, con motivo de la vuelta al cole, vuelve a escena la discusión sobre el precio y la cantidad de libros de texto que cargan familias y estudiantes, lo cierto es que cada vez son más las escuelas que reducen el número. La Asociación Nacional de Editores de Libros de Texto y Material de Enseñanza (ANELE) lo ilustra con datos: mientras en el 2008 cada escolar español tenía asignada una media de 7,13 libros de texto por curso, en el 2015 el promedio fue de 4,94 ejemplares. Esto es, un tercio menos. La crisis también les ha pasado factura.

La patronal de los editores reconoce que sus ventas han disminuido un tercio desde el 2008, con el inicio de la crisis

¿Significa esto que el manual escolar está condenado a desaparecer? Los movimientos de colegios que prescinden de los manuales escolares abogan, en líneas generales, por su supresión definitiva. Afirman que el libro, al menos como se ha conocido hasta ahora, es un corsé y animan a los docentes a ir a las fuentes de información originales, a estimular en el alumno el trabajo de campo y la investigación a partir de los elementos que encuentra en su entorno. Los pedagogos, en cambio, no creen que el libro de texto vaya a morir. De entrada, porque son ya varias las editoriales que están trabajando en su reconversión

No se trata, sin embargo, “de trasladar el libro de texto de toda la vida a un pdf, como se hizo hace unos años cuando se pretendió que cada alumno trabajara con su propio ordenador”, avisa Joaquim Prats, catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universitat de Barcelona (UB). “La tendencia ahora es crear plataformas digitales de servicios”, explica Àlex Egea, profesor de Teoría e Historia de la Educación también en la UB.

EXPERIENCIAS PIONERAS

Es lo que está haciendo, por ejemplo, la editorial Teide, que se encuentra en pleno proceso de trasformación de sus productos. “Son materiales que permiten trabajar según enfoques globalizados, no son contenidos lineales como eran hasta ahora los libros de texto”, explica Egea, que asesora a la compañía catalana. Su planteamiento, agrega, es que el libro de texto sea “una herramientas pedagógica más, que se utilice según las necesidades de cada alumno y de cada grupo de clase”. Del trabajo que va haciendo, cada alumno deja anotaciones en un cuaderno (este sí, de papel) en el que deja constancia de su evolución, "para que el profesor, la familia y él mismo puedan ver cómo avanza".

"El libro de texto tiene mala fama, pero el problema es cómo y cuándo lo usa cada profesor", dice el pedagogo Joaquim Prats

También la editorial Planeta, a través de plataforma AulaPlaneta, trabaja en un proyecto similar. Como en el caso de Teide, además de los contenidos digitales, AulaPlaneta ofrece la posibilidad de ir a las fuentes originales, plantea actividades grupales o individuales a los alumnos y presta asesoramiento a los docentes sobre las distintas opciones didácticas. Su siguiente paso –también en una fase de desarrollo muy avanzada- será dar herramientas para evaluar el aprendizaje.

“El libro de texto tiene mala fama, porque muchos lo interpretan como aquello a lo que el profesor debe ajustarse, como un elemento que limita la autonomía del docente”, admite Joaquim Prats. “Pero yo no creo, en absoluto, que el docente que sigue un manual no tenga criterio propio o que no sepa qué ha de impartir”, prosigue. A aquellos que lo consideran un corsé, les replica interpelándoles sobre “cómo lo usan y cuánto lo usan”.