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  • Se nos pasa por alto que mantenemos el superávit de la balanza de pagos, con una cifra récord de exportaciones

Esfera de números binarios

Esfera de números binarios

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Jordi Sevilla
Jordi Sevilla

Senior Advisor de Contexto Económico en LLYC. Ministro de Administraciones Públicas (2004-2007).

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El Gobierno ha sido el último en revisar a la baja su cuadro de previsiones macroeconómicas. Y lo peor no es esto, sino que a nadie parece importarle, porque todas las previsiones se cogen hoy con pinzas. A estas alturas, todo el mundo tiene claro que, remitiendo la pandemia, la guerra de Putin en Ucrania ha desatado un espiral alcista sobre los precios (inflación) y, en paralelo, un retroceso en las cifras de crecimiento previstas hace, tan solo, seis meses. La OCDE, por ejemplo, ha calculado el impacto de la guerra sobre la zona euro como una bajada de casi un punto y medio en el crecimiento del PIB y una subida adicional de la inflación de 2 puntos, en función de cuánto tiempo se alargue.

Tomando en consideración las revisiones efectuadas antes, la horquilla de crecimiento este año iría entre un 4,2% (Funcas) y el 5,5% (BBVA Research) y se situarán, en 2023, entre el 2,9% (Banco de España) y 4,9% (BBVA), apuntando todos hacia una desaceleración adicional para el próximo año. Recordemos que 2021 cerró con una cifra, oficial, del 5,1%. Datos no malos, pero que leídos haciendo abstracción del contexto (pandemia, nuevas oleadas, guerra…), nos situarían ante un crecimiento lánguido, con un fogonazo elevado de inflación este año que caerá el próximo según todos los expertos. No exactamente una estanflación como la que anuncian los pesimistas.

Por cierto, en medio de este guirigay, se nos está pasando por alto otro dato muy relevante, que dice mucho sobre algunos cambios estructurales producidos en nuestro modelo económico en la última década: mantenemos el superávit de la balanza de pagos, con una cifra récord de exportaciones. Por cierto, también ha pasado con perfil muy bajo el aumento experimentado por el número de cotizantes a la Seguridad Social (superaremos este mes, por primera vez, los 20 millones) y el inicio del cambio hacia la indefinida, en la nueva contratación laboral. Tres buenas noticias.

Feijóo y su plan económico

Quienes entendemos la política como una manera de buscar soluciones a los problemas sociales, soluciones encontradas mediante la negociación, el diálogo y el acuerdo entre diferentes, no podemos por menos que felicitar al Feijóo que dijo venir "no a insultar, sino a ganar las elecciones", aunque nos guste menos el otro Feijóo, el que se pone de lado (¿haciendo un Rajoy?) como si la entrada de Vox, por primera vez, en un Gobierno del PP en Castilla y León no tuviera nada que ver con él, que solo pasaba por allí, como observador.

A ese primer Feijóo le agradecemos el Plan de Medidas presentado, después de haber fijado el marco del debate en dos ideas comodín de la derecha: el Gobierno "se forra" con la inflación y bajada generalizada de impuestos, algo contra lo que se ha posicionado el FMI. Los cuatro ejes del Plan remachan sobre eslóganes reiterados por el PP cada vez que ha estado en la oposición, aunque no siempre los haya tenido en cuenta cuando o donde ha estado en el Gobierno. Pero son familiares para sus electores a quienes intenta devolver una comodidad con el discurso, que habían perdido.

Con un matiz, no menor: frente al lema del Gobierno durante la pandemia: "que nadie se quede atrás", ahora es la derecha (lo vemos también en Francia con Le Pen) quien coge la bandera de la defensa de los más desfavorecidos, sectores en los que centra sus propuestas, de manera destacada las dos más potentes: deflactar la tarifa del IRPF a los tramos más bajos (muy distinto a bajar impuestos) y revalorizar con el IPC todas las ayudas públicas a los más desfavorecidos (Ingreso mínimo etc.).

En ambas, por cierto, ha pillado al Gobierno con el pie cambiado. Porque una vez que el Gobierno revaloriza pensiones con IPC o ha bajado impuestos a la electricidad, pierde argumentos para oponerse, por principios, a ampliar dichas propuestas a otros colectivos desfavorecidos. Más dudas me surgen con la propuesta de introducir incentivos fiscales en los programas ‘Next Generation’. De sus comentarios sobre el precio de la electricidad, solo me quedan dos cosas claras: que no están de acuerdo con la transición ecológica diseñada por el Gobierno y que piden alargar la vida útil de las nucleares. Ideas ambas que son perfectamente discutibles y negociables en un contexto nuevo como el actual.

En suma, el plan económico Feijóo hubiera merecido un mayor recorrido negociador entre gobierno y oposición del que, me temo, van a tener. Porque ayudaría a los ciudadanos y, también, a relajar el clima político del país.

La utilidad de la excepción ibérica 

Con un año de retraso y gracias a que el Presidente tomó las riendas de la negociación, hemos conocido esta semana la utilidad de aquella batalla política en el Consejo Europeo para forzar el reconocimiento de una "isla ibérica" en el mercado eléctrico europeo como primer paso imprescindible para negociar una excepción temporal de España y Portugal respecto a las reglas comunes del mercado único de la energía. Aquella primera respuesta del Gobierno ante los inicios de la subida espectacular del precio de la luz en el sentido de que "así es el mercado" y "nada se puede hacer", afortunadamente fue enmendada por el propio Presidente.

El acuerdo alcanzado esta semana con la Comisión sobre un tope medio de 50 euros/MWh en el precio del gas durante 12 meses, es una noticia muy positiva que permitirá rebajar el precio al consumidor de la electricidad, aunque todavía queden muchos flecos técnicos por aclarar. Es positivo también que se haya aprobado con la oposición frontal, pública y radical, de las empresas oligopolísticas del sector que han cosechado una severa derrota, tal vez innecesaria si ambas partes se hubieran avenido a negociar cómo rebajar el exceso de beneficios que están obteniendo con un mercado cuyas reglas marginalistas se mantienen igual, a pesar de la irrupción de las renovables con coste marginal cero. Sobran egos. Y la política energética ya no la dictan las empresas energéticas.

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Veremos la traslación del acuerdo europeo a nuestro BOE y, sobre todo, cómo se financia la diferencia entre el gas topado que marca precio para el mercado y lo que de verdad cobren las empresas que lo utilicen para generar electricidad y que lo compran a precio internacional, hoy muy superior, aunque será difícil no prorratearlo entre los consumidores mediante la tarifa.

Como ven, la situación es tan fluida que, de manera permanente están entrando o saliendo nuevos elementos que cambian el rumbo de los acontecimientos. Eso exige una flexibilidad y una finura de análisis para adaptar la tabla de surf a la ola que, a veces, cuesta ver en nuestra clase política. Ahora, por ejemplo, muchas cosas dependen de la duración y la extensión de la guerra de Putin. Veremos.