Fenómeno laboral

“Quiero un empleo mejor”: la razón por las que miles de italianos renuncian a sus trabajos fijos

EL PERIÓDICO pregunta a tres trabajadores del país transalpino por qué han abandonado sus empleos, en plena pandemia

“Quiero un empleo mejor”: la razón por las que miles de italianos renuncian a sus trabajos fijos
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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Durante el verano, cuando muchos se apresuraban para irse de vacaciones, Gabriele Croppo, un padre de Roma con seis hijos y 23 años de vida laboral a cuestas, tomó una decisión trascendental para él y su familia. Abandonó su puesto fijo y se hizo autónomo.

No fue una decisión fácil. El trabajo de Croppo, hasta el estallido de la pandemia, había consistido en ofrecer cursos de formación a sanitarios y personal médico, pero, con el auge de Zoom y otras plataformas similares, el sector empezó a sufrir la competencia. Croppo fue afectado por un ERTE y, una vez pudo reincorporarse, tuvo que afrontar una larga negociación que culminó con la oferta de un contrato a tiempo parcial.  

"Eso me entristeció mucho, sentí que ya no encajaba en aquel proyecto, que me había vuelto un peso, y mi familia empezó a notar mi depresión. No lograba ocultar lo que sentía. Hasta ese momento había tenido una vida laboral muy intensa, y los beneficios de los empleados de alto rango", recuerda este hombre al que el teletrabajo, otra de las novedades de la pandemia, también le conllevó empezar a trabajar desde su automóvil. “Sin otro lugar al que ir y con una casa llena de personas sencillamente no tuve otra opción”, afirma. Pese a que ahora cuenta con varios clientes con los que colabora, sigue dispuesto a que lo contrate alguna empresa. 

La suya no es una historia aislada. Hace semanas, después de que el Ministerio de Trabajo italiano emitiese el informe periódico sobre el segundo trimestre de este año, un grupo de investigadores italianos descubrió que casi 500.000 empleados italianos habían renunciado voluntariamente a sus contratos fijos de abril a junio pasado, el 85% más que el mismo trimestre en 2020 y un dato más elevado incluso que los años anteriores. 

Salarios bajos

“Es una tendencia completamente nueva que ya se detectó en Estados Unidos y que será interesante observar si también afecta a otros países europeos”, afirmó, al ser preguntado, el investigador Francesco Armillei, de la London School of Economics. “Lo seguro es que aún es difícil identificar con exactitud sus causas y circunstancias”, añadió. Aún así otros expertos han indicado que un factor podría ser la insatisfacción de muchos de estos trabajadores por un mercado laboral, el italiano, en el que en los últimos 20 años los salarios han bajado en lugar de subir, la presión fiscal es alta y también hay escasas facilidades para conciliar el trabajo con la vida privada. Un malestar que ha aumentado por la pandemia. 

En el caso de Croppo el punto de ruptura llegó meses después de conocer el cambio que le proponía su empresa. “Aguanté unos meses, durante los cuales también intenté encontrar otro empleo fijo en alguna otra empresa. Pero, al no encontrar una alternativa, tomé la decisión”, dice al explicar que también le ayudó el apoyo económico que su mujer le pudo dar. “Ella es anestesista y también cambió de lugar de trabajo este año, tan solo unos meses antes que yo. Se fue a trabajar para un hospital público”, revela. 

Sorprendentemente, en agosto de este año, Lucija Buzuk, una enfermera bosnia de origen croata afincada desde hace dos décadas en Italia, optó por un camino similar. Después de 12 años empleada en una empresa privada de cuidados para la persona, optó a un puesto en un hospital público de Treviso, la ciudad del norte de Italia en la que trabaja. “No lo hice tanto por el sueldo, que es casi igual, si no porque me di cuenta de que en el sector privado el trabajador tiene menos garantías”, explica. 

Buzuk pudo tener la prueba fehaciente de ello cuando, después de ganar la oposición y e incorporarse a su nuevo trabajo, le hicieron su primera visita médica. “De inmediato me reconocieron que por una hernia discal que tengo y una herida que arrastro desde la guerra en Bosnia, no puedo levantar cosas muy pesadas. Además el tiempo de trabajo extraordinario no se compensa con días libres que asigna aleatoriamente mi jefe, sino que es pagado”, abunda.

Lo público como garantía

Giancarlo Go, representante sindical de la CGIL, el principal sindicato de Italia, confirma esta tendencia. “En el último año ha habido una fuga de sanitarios que del sector privado están pasándose al sector público, después de que el Estado decidiera convocar al fin nuevas oposiciones”, explica el sindicalista. “Esto está provocando un desplazamiento masivo de trabajadores procedentes del sector privado, en el que las condiciones laborales son peores pues todo gira en torno a generar beneficios económicos”, sostiene Go, al explicar que ahora mismo “hay muchos centros privados con problemas para garantizar sus servicios a causa del fenómeno”. 

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La desbandada, sin embargo, también ha ocurrido por otros motivos. Este es el caso que refleja la historia de Gaia Alaimo, una joven ítalo-griega de 29 años que solía encargarse de la comunicación interna para una multinacional y que abandonó su empleo en noviembre de 2020 después de tres años en el puesto. “En realidad me iba bien en mi trabajo, incluso me promovieron dos veces. Me fui porque quería crear algo mío, y la pandemia fue un acelerador que me hizo entender que había llegado el momento”, cuenta esta joven de Milán que hoy se dedica a ayudar a otros jóvenes a promover sus carreras profesionales y colabora como asesora independiente en proyectos de comunicación para diversas empresas. 

“Quizá alguno diga que soy la típica millenial presuntuosa, que lo quiere todo y ya, pero mi punto de vista es otro. ¿Acaso Steve Jobs no era joven cuando fundó Apple?”, afirma al decir -como todos los entrevistados de este reportaje- que no se arrepiente de su decisión. “Quiero un empleo mejor”. 

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