La situación de los embalses

Ricobayo, de mar de la España interior a desierto lunar

Zona del embalse de Ricobayo en la que realizaba su actividad el club náutico de Palacios del Pan.

Zona del embalse de Ricobayo en la que realizaba su actividad el club náutico de Palacios del Pan. / EMILIO FRAILE (LZA)

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Begoña Galache / Clara Gordo

Ni chapuzones con los que aliviar las olas de calor, ni juegos infantiles en las orillas, ni pesca, ni meriendas en los bares de la zona. El embalse de Ricobayo, en Zamora, se ha quedado sin agua, y no por un fenómeno natural, sino por decisión de la empresa eléctrica que gestiona su explotación. Una presa vacía para una de las provincias estandarte de la España vaciada. La veintena de pueblos de sus inmediaciones están más solos que nunca este verano.

“Ahora como mucho vienen a ver las piedras que han quedado al descubierto”, lamentan los paisanos de la localidad de Palacios del Pan. Más de 5.000 hectáreas del embalse más emblemático de la provincia, convertidas en desierto. La drástica bajada de la cota aflora infraestructuras, cortinas y pueblos antes sumergidos bajo las aguas. El desembalse permite de nuevo divisar los antiguos puentes de Manzanal del Barco y Perilla de Castro o los restos del vagón de ferrocarril que descarriló a su paso por el viaducto de Martín Gil una noche de octubre de 1964. Pero lo que deja es solo eso, una fotografía fija para el recuerdo.

Paisaje lunar

La estampa de Ricobayo a modo de paisaje lunar pese a las abundantes lluvias del otoño fue una de las primeras en dar la voz de alarma. Luego vendrían otros casos similares en diferentes provincias del país. La inicial denuncia de 16 particulares abrió una espita que de inmediato hizo que se sumasen instituciones, organizaciones de todo el territorio nacional y una provincia que se siente agraviada.

De pronto, Zamora se coló no solo en la agenda del Gobierno, fundamentalmente en la del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que dirige Teresa Ribera, sino incluso en la Comisión de Medio Ambiente de la Unión Europea, donde en estos momentos se investiga si el vaciado de sus aguas ha podido ser irregular. El Ejecutivo nacional, por su parte, ha abierto un expediente informativo por el mismo motivo.

Vaciado sin precedentes

Desde el 5 de marzo hasta el 30 de abril el embalse de Ricobayo pasó del 95 al 48% de su capacidad. A partir del 11 de junio Zamora asistió, atónita, a un vaciado sin precedentes. En siete semanas Iberdrola turbinó 5.200 hectómetros cúbicos hasta dejar el embalse del Esla como una postal lunar, con el mínimo que impone la ley. Ante las reiteradas denuncias la única respuesta de la eléctrica ha sido que su actuación se debe a “necesidades del mercado eléctrico”.

Iberdrola insiste en que el embalse "no se ha vaciado, sino que está cumpliendo con su función en el momento más necesario: producir energía para el suministro de la demanda y desplazar -junto a otras fuentes de generación eléctrica competitivas- a las tecnologías más caras en la conformación del precio de la electricidad".

Depósito en mínimos

Los mínimos en Ricobayo se justifican “legalmente” en que se trata del único depósito con categoría de “embalse regulador”. Mientras el conjunto de pantanos de la cuenca del Duero se mantiene al 62% de su capacidad, el excepcional contrato de explotación de la presa ha permitido a Iberdrola agotar el mayor embalse zamorano hasta dejarlo al 11%. Claro que se trata de un acuerdo de explotación datado en 1926 y que caducó, supuestamente, en 2008. Hace 95 años no existían conceptos como el cambio climático, y electrificar un país en desarrollo era una prioridad superior al cuidado del medio ambiente o la protección de la fauna piscícola.

El vaciado del embalse antes de que comience el mes de agosto ha supuesto un doble castigo para el sector hostelero de una decena pueblos con playas, embarcaderos y otras instalaciones recreativas en las orillas del embalse. Después de un invierno en el que los bares y restaurantes han sufrido dos cierres decretados para contener la pandemia de covid-19, restricciones de aforo y cierres perimetrales por provincias, y cuando el ritmo de vacunación dibujaba un horizonte un poco más brillante para el oficio, los establecimientos de estas comarcas finiquitaban la temporada de verano antes de que comenzara agosto. Sin agua, la gente veranea en otros lugares.

El impacto que está dejando la desertización del Esla también es visual. El atractivo de la paisajística que cautivaba a cientos de turistas ha pasado en dos semanas a parecer un “secarral”. En uno de los restaurantes más próximos a la playa fluvial y al puerto deportivo de Ricobayo, María Álvarez, trabajadora de hostelería, asegura que la poca gente que están recibiendo llega allí para ver las piedras y después se marcha. “Antes los bañistas venían a comer o a comprar un helado, ahora nada”. Un oasis a solo 15 minutos de Zamora capital que hoy en día parece más un espejismo.

Impacto ecológico

El brusco descenso del nivel del agua en el embalse está dejando un considerable impacto sobre la economía, las personas y el medio ambiente. Ecologistas en Acción ha denunciado la situación provocada por el vaciado que está afectando al equilibrio medioambiental y la biodiversidad.

“Estas consecuencias no son nuevas”, afirman desde la organización. “Desde que se construyera la presa de Ricobayo, en los años 30, se han registrado varias etapas de sequía en las que el nivel del río ha estado incluso más bajo que ahora. Pero este año, la temida variable ambiental nos la han anticipado a comienzos de verano, en medio de una crisis climática sin precedentes que augura grandes sequías y en las que el nivel del río ha estado incluso más bajo que ahora. Resulta cuando menos irresponsable vaciar el embalse en estos momentos y administraciones públicas como la Confederación Hidrográfica del Duero lo permitan”.

Entre las principales causas de este descenso, destacan la “muerte de peces y anfibios”, así como la imposibilidad de que prosperen los huevos de aquellas especies en época de desove. Además, alertan del rápido descenso del nivel freático en el entorno del vaso del embalse y la potencial eutrofización de las aguas por el rápido crecimiento de algas.

Los pescadores

Javier Hernández se mudó hace 30 años a vivir a Zamora única y exclusivamente por el embalse. Lleva más de veinte años pescando desde embarcaciones en Ricobayo, lo que le ha permitido conocer y adaptar su forma de pescar a los diferentes escenarios y situaciones que presenta el entorno a lo largo del año. “Yo sigo trabajando”, asegura, “aunque ahora con el nivel del agua tengo muchas limitaciones, esto es un secarral”.

“Esto lo llevan haciendo toda la vida. Lo bajan y lo suben a su antojo. El agua es suya y hacen lo que quieren con ella. A los pescadores siempre nos está afectando esto porque los peces crían en el agua y se necesita una profundidad mínima de dos metros para que las puestas salgan cada año”, especifica Hernández. Cada pez cría en una época del año, pero siempre es necesario tener una profundidad determinada para que eclosionen los huevos. Al bajar el nivel del embalse, las puestas de huevos quedan fuera y los peces no crían. “Esto lo llevo viendo en Ricobayo siempre”, lamenta el pescador.

Alfredo Hernández, ornitólogo, detalla que el embalse del Esla está considerado por la entidad científica y conservacionista SEO-BirdLife como Área Importante para las aves. “Este humedal cobra especial importancia durante el verano. Si bien suele bajar considerablemente su nivel en esta época del año, mantiene a pesar de todo, por lo general, una cantidad de agua suficiente como para servir de refugio a una importante variedad de aves, principalmente acuáticas. Justamente, en unas fechas en que otros humedales del entorno, algunos de la importancia de las lagunas de Villafáfila, se secan por completo o casi por entero”, afirma.

Deuda económica histórica

Otra batalla es la económica. El alcalde del principal pueblo afectado, Muelas del Pan, Luis Alberto Miguel Alonso, lo ha dejado claro: “Perder beneficios sería una sentencia de muerte”. El regidor fue el primero en aprobar en Pleno un acuerdo para “no perder” compensaciones ante el incierto futuro de los aprovechamientos. En definitiva, en exigir el pago de una deuda histórica, medioambiental y económica con la provincia de Zamora.

Todo ello respaldado por el manifiesto de la Asociación de Municipios Afectados por Centrales y Embalses de Producción Hidroeléctrica, que exige que las nuevas concesionarias destinen el 20% de los rendimientos a los núcleos de población afectados por el embalse. En términos efectivos luchan por lo perder ingresos ya consolidados en concepto de IBI o de IAE superiores a los 2,5 millones de euros en Zamora.

El embalse de Ricobayo lleva 86 años explotándose bajo unas condiciones firmadas para un periodo de 75 años. A lo largo del próximo lustro caducarán también los acuerdos de los saltos de Villalcampo y Castro. El Gobierno debe abordar la licitación de los contratos de estas tres presas zamoranas sopesando no solo las necesidades del mercado eléctrico, sino también el respeto al medio ambiente con una planificación racional del recurso hídrico y, sobre todo, el desarrollo de la provincia que cedió terrenos y pueblos enteros para alimentar de energía hidroeléctrica a la industria de otras regiones.

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Los nuevos convenios deberán reflejar, reclaman los pueblos afectados por embalses tanto los tributos que deben percibir los municipios afectados por los embalses, como los usos turísticos, lúdicos y recreativos de estas infraestructuras de titularidad pública.

Los vecinos insisten: “Las manifestaciones van a seguir”. La época estival llegará a su fin, pero no las protestas.