Impagos de créditos

La banca espera un alza "manejable" de los impagos y que toquen techo en 2022

  • Las previsiones sobre el crecimiento de los impagos se han moderado a máximos de entre el 5% y el 8%

  • Los supervisores están presionando a los bancos que desoyen sus presiones para que aumenten provisiones

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España, en el coloquio Primera Plana. / José Luis Roca

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Pablo Allendesalazar
Pablo Allendesalazar

Periodista

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La crisis económica provocada por el coronavirus está siendo atípica en muchos aspectos, como es propio de una pandemia sin precedentes en un siglo. Uno de ellos ha sido la evolución de la morosidad bancaria. Lo habitual cuando la economía cae es que los impagos de los créditos crezcan por las dificultades de hogares y familias para hacer frente a las cuotas. Sin embargo, la tasa de préstamos de dudoso cobro no ha dejado de bajar desde que se decretó el confinamiento en marzo del año pasado. Se ha tratado, con todo, de un efecto temporal: autoridades, bancos y expertos prevén que la morosidad comience a subir de forma pronunciada en la segunda parte del año para marcar un máximo a lo largo del 2022 o en 2023 como tarde, si bien estiman que su impacto será "manejable" para las entidades financieras.

Según el último dato oficial del Banco de España, los créditos impagados de familias y compañías ascendían el pasado marzo a 54.980 millones de euros, un 4,1% y 2.401 millones menos que cuando, un año antes, el Gobierno redujo la actividad y la movilidad al mínimo. El peso de estos activos morosos sobre el total de los créditos (que paralelamente han subido en un 1,8% y 22.566 millones, a los 1,21 billones) ha bajado del 4,8% de marzo del año pasado al 4,51%. Pese a que ha aumentado en algunos segmentos como el consumo y en las ramas de actividad más afectadas por la crisis, en términos agregados se trata de un descenso totalmente atípico en plena recesión y más en una tan pronunciada como la sufrida por la economía en 2020.

La razón de esta caída de los impagos está en las medidas desplegadas por las autoridades para apoyar a familias y empresas, como los ertes, los cinco tipos diferentes de moratorias en los pagos de los créditos para colectivos vulnerables (cuatro aprobadas por el Gobierno y una por el sector), o los avales públicos del ICO a créditos bancarios para empresas. Pero estas medidas, ampliadas en muchos casos, no serán eternas, como advirtieron este miércoles la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE). "Si bien no se esperan efectos precipicio significativos cuando expiren las moratorias, es probable que en 2022 se produzca un deterioro más marcado de la calidad de los activos", alertaron en su último informe bianual de supervisión del rescate financiero a España de 2012.

Sin llegar al máximo histórico

La subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, apuntó en la misma dirección durante su reciente intervención en el foro Primera Plan@ de EL PERIÓDICO. La morosidad, aseveró, comenzará a subir "posiblemente a finales de este año y más a principios de 2022". Y aunque no creyó probable que llegue al máximo histórico del 13,61% del 2013 y estimó que será "manejable" y podrá ser absorbida gracias a los resultados de los bancos, sí que les instó a ser "superprudentes".

Las previsiones de los analistas sobre la morosidad se han ido moderando según las autoridades tomaban medidas para paliar los impactos económicos del covid-19 y la vacunación permitía la reapertura de la actividad. En junio del año pasado, en un contexto de máxima incertidumbre sobre la duración y gravedad de la pandemia, el Banco de España llegó a calcular que los impagos podrían situarse entre el 11,1% y el 15,3%. La mayoría de los expertos prevén ahora tasas de entre el 5% y el 8%. Según un cálculo realizado por el Sabadell a partir de distintas casas de análisis, alcanzaría el 5,3% a final de año, para subir al 5,9% en 2022 y bajar al 5,3% en 2023.

Pese a esta mejora de las perspectivas, la principal duda es si la banca está lo suficientemente preparada para hacer frente a este inminente aumento de los impagos. "La tasa de morosidad ahora mismo está anestesiada, está en 'stand by', porque todavía está bajo la influencia de las medidas tan importantes adoptadas. De momento hay que interpretarla con mucha prudencia. Una vez concluyan esas medidas, estoy convencido de que la morosidad aumentará. La incógnita es si las provisiones enormes que ha realizado la banca en 2020 son suficientes o no de cara al futuro", apuntó Joaquín Maudos, catedrático de análisis económico de la Universitat de València y director adjunto de investigación del Ivie, en la reciente presentación de un informe del Observatorio sobre la Realidad Financiera (ORFIN).

Presión para que provisionen

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El Banco de España ha calculado que las entidades tienen capital suficiente para soportar un incremento de la mora de unos ocho puntos, hasta en torno al 12,5%. Sin embargo, quiere que afronten las pérdidas que les provocará la morosidad anticipando más provisiones para evitar que se deteriore su solvencia. "Los bancos tienen que seguir muy vigilantes de la calidad del riesgo crediticio, y eso es lo que los supervisores estamos continuamente remarcándoles, que utilicen todo tipo de alertas tempranas, que gestionen adecuadamente los potenciales impagos, incluso antes de que se produzcan, en cuanto tengan algún indicio de que algo va mal. Si eso lo hacen de forma adecuada, conseguiremos que el impacto en el tejido productivo sea mínimo, que no haya restricción de crédito, y también que los bancos sean capaces de mantener su solvencia como lo han hecho hasta el momento", les insistió la subgobernadora este jueves.

Fue también el mensaje que les trasladó Andrea Enria, presidente del consejo de supervisión del Banco Central Europeo (BCE), a los primeros ejecutivos de los 11 mayores bancos españoles con los que se reunió el pasado 20 de mayo. Los supervisores han elevado la presión porque las entidades les están desoyendo: tras aumentar fuertemente las provisiones en el primer y segundo trimestre del año pasado, no han parado de reducir las nuevas dotaciones desde entonces porque consideran que ya tienen suficientes y pese a que el Banco de España estima que tanto este año como el próximo deberían reservar una cantidad similar a la de 2020. Está por ver si los bancos tienen razón o no: al cierre del año pasado, ya acumulaban 82.000 millones de euros en créditos en vigilancia por riesgo de impago.