14 ago 2020

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IMPACTO EN EL SECTOR

El coronavirus seca las gasolineras

Las estaciones de servicio operan a medio gas a causa de la bajada de la demanda mientras refuerzan el uso de material higiénico entre los trabajadores

Carles Planas Bou

Una gasolinera en una calle de Barcelona.

Una gasolinera en una calle de Barcelona. / RICARD CUGAT

La pandemia del coronavirus también amenaza con dejar en seco al negocio de las gasolineras. Aunque el suyo fue considerado un servicio esencial durante los primeros días de emergencia y de confinamiento en casa, el impacto económico en el sector es más que notable.

Así lo constata Albert Campabadal, presidente de la Agrupación Catalana de Asociaciones de Estaciones de Servicio (Agrucaes). “Nuestras ventas son de un 10% de lo que hacíamos antes, las pérdidas son brutales”, explica. La competencia de las grandes superficies que también tienen espacios habilitados para repostar hace que sus márgenes sean muy pequeños. Aún así, siguen a flote con pocos beneficios. “Sino habríamos cerrado”, añade.

El pasado 11 de abril el sector dejó de estar considerado como esencial. El Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos aprobó una orden temporal para permitir que el 49% de las gasolineras del país cerrasen de forma temporal debido a la caída de la demanda.

De esta manera, unas 5.721 de las 11.676 estaciones de servicio que hay en España estarán cerradas mientras dure el Estado de Alarma para mitigar la propagación del virus. Como en el caso de las gasolineras de Agrucaes, los descensos de demanda van del 60% hasta el 99%.

ADAPTACIÓN A LA PANDEMIA

Para adaptarse a esta nueva situación sanitaria, las estaciones de servicio han repartido material como mascarillas y guantes y han instalado pantallas de metacrilato. Aunque muchas de las gasolineras ya son ‘self-service’, donde el usuario se sirve la gasolina y paga sin necesidad de que le atiendan, hay personal que debe protegerse para poder atender a demás servicios esenciales como las ambulancias, los camiones de la basura o los transportistas.

Es el caso de Montse Tarrondo, que trabaja en la estación de la autopista en Olesa de Montserrat desde hace diez años. Ahora los turnos se reparten en bolsas de horas “equitativas y rotativas” para que los trabajadores no coincidan y eviten el contacto. “Es increíble como responden los trabajadores”, explica.

La norma del Gobierno decretó que un 37% de la red nacional de estaciones de servicio (unas 4.334) debían mantener su horario habitual mientras que el 14% de la red (unas 1.686) podían adaptar libremente su horario.

Con el objetivo de mantener las medidas de seguridad higiénica requeridas, empleadas como Montse atienden a sus clientes a través del pasapaquetes, un cajón móvil que, remarca, desinfectan “constantemente”. Otra de las nuevas medidas de seguridad es poner un papel transparente sobre el datáfono para limpiarlo cada vez que se pasa una tarjeta.

A pesar de esos cambios, Montse asegura que trabaja tranquila. “Se nota que hay mucha menos gente”, señala. Aunque están expuestos al contacto con otros, con los riesgos que eso puede comportar, asegura que los trabajadores están centrados en la situación. Más adelante ya se pensará en posibles compensaciones económicas. “Somos muy conscientes de lo que sucede, pero las gasolineras nunca cierran”, concluye.