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MALAS PERSPECTIVAS ECONÓMICAS

La nueva directora del FMI advierte de la desaceleración del 90% de la economía mundial

La economista búlgara Kristalina Georgieva se estrena al frente del organismo con su primer discurso en Washington

Ricardo Mir de Francia

Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional. / EFE

Del acento francés al acento eslavo, de las grandes economías industrializadas a la periferia del mundo en desarrollo. El Fondo Monetario Internacional ha abierto este martes una nueva etapa en sus siete décadas de historia con el estreno de Kristalina Georgieva al mando de sus destinos en sustitución de la francesa Christine Lagarde. Economista búlgara de 66 años, curtida en la alta jerarquía de la Comisión Europea, el Banco Mundial y ahora el FMI, Georgieva arranca su mandato en un momento muy delicado para la economía mundial, llamada a registrar este año su peor nivel de crecimiento de la última década. “Prevemos que el 90% del mundo crezca menos en 2019. La economía mundial se encuentra en una fase de desaceleración sincronizada”, ha dicho la búlgara durante su primer discurso en Washington. 

Georgieva ha ilustrado el cambio de ciclo experimentado en los dos últimos años, en los que se ha pasado de un crecimiento generalizado a un frenazo que afecta al grueso de las economías mundiales. Una situación que ha atribuido “en gran medida” a las tensiones comerciales desatadas por las guerras arancelarias de Donald Trump, que “han debilitado substancialmente la actividad industrial y la inversión mundial”. A lo que hay que sumar las dudas que está generando la creciente desconfianza en el multilateralismo, derivada del auge imparable del nacionalismo. “La incertidumbre, impulsada por el comercio, pero también del Brexit y las tensiones geopolíticas, están conteniendo el potencial económico”, ha afirmado la nueva directora gerente del FMI.

Un capitalismo por el bien común 

Descrita como una gestora tenaz y muy franca en sus opiniones, con mayor conocimiento del mundo en desarrollo que sus predecesores y muy consciente de los riesgos de la crisis climática, Georgieva ha abogado en su presentación por un capitalismo que sitúe el bien común en el centro de la gestión pública. Y como ya hiciera su predecesora ha llamado a combatir la desigualdad y los desequilibrios de la globalización, que ha generado agravios legítimos entre la población rural y menos formada, según ha explicado en una entrevista a ‘Bloomberg’. 

Su aterrizaje marca un antes y un después en el rumbo del prestamista mundial de último resorte, un organismo que nunca había tenido al mando a una persona de un país en desarrollo, crecida bajo el Telón de Acero y educada inicialmente bajo la doctrina marxista. Georgieva no se adentró en los rudimentos del capitalismo hasta que cumplió los 34 años, cuando recaló en Londres para estudiar en la London School of Economics, el inicio de una fulgurante carrera que la llevó hasta los escalafones más altos del poder europeo e internacional tras pasar también por el MIT de Boston. 

La semana que viene tendrá su primera prueba de fuego en la Asmblea Anual del FMI en Washington, donde se confirmará la desaceleración ya adelantada por la OCDE y el Banco Mundial. Si no se apaciguan antes los múltiples frentes de la guerra comercial, la economía mundial perderá unos 700.000 millones de dólares en 2020, el equivalente al 0.8% del PIB global, según los cálculos del Fondo. “Todo el mundo pierde en una guerra comercial”, ha dicho Georgieva que, no obstante, ha llamado a resolver las “preocupaciones legítimas” que envuelven al comercio internacional, desde los subsidios al robo de la propiedad intelectual

La atonía generalizada está yendo acompañada de un aumento de los riesgos financieros debido al elevado endeudamiento y la búsqueda desesperada de rendimientos por parte de los inversores ante los bajos intereses que aportan los vehículos de inversión tradicionales. De producirse una nueva recaída, 19 billones de dólares en deuda empresarial quedarían en riesgo de suspensión de pagos, cerca del 40% del total de la deuda en los ocho países más ricos del mundo. Un nivel superior al de la crisis financiera del 2008.

De ahí que Georgieva haya pedido a los países con margen de maniobra que echen mano de sus políticas fiscales para estimular el crecimiento, mientras el resto sanea sus economías para afrontar con alguna garantía la posibilidad de una nueva recaída. Una misión en la que “deben proteger la educación, la sanidad y el empleo” ha dicho para ponerle rostro humano a su gestión. “Si la economía global se ralentiza más abruptamente de lo esperado, posiblemente necesitaremos una respuesta fiscal coordinada”, ha dicho Georgieva a modo de conclusión. 

Temas: FMI