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Testimonio de una cuidadora y 'kelly'

Bertha: "No puedes tratar con personas con esa sobrecarga"

Esta mujer ha trabajado veinte años como camarera de piso y también tiene experiencia en los cuidados a personas, dos profesiones feminizadas y habitualmente precarias

Gabriel Ubieto

Entrevista con Bertha, camarera de piso y también profesional del cuidado a personas.

Entrevista con Bertha, camarera de piso y también profesional del cuidado a personas. / Martí Fradera (El Periódico)

Peores salarios, menos inestabilidad y más (sino todas) responsabilidades en casa. La precariedad en España tiene rostro de mujer y Bertha, de 43 años y con casi la mitad a sus espaldas como camarera de piso, es un ejemplo de ello. Esta vecina de Cornellá ha experimentado en primera persona uno de los agujeros que abrieron las reformas laborales del PSOE y del PP: la irrupción de las empresas multi servicios. Una práctica habitual entre estas para abaratar costes es reducir salarios mediante convenios por debajo de los del sector. "En el 2010 bajó la faena y me puse a estudiar auxiliar de geriatría. Cuando volví al cabo de unos años todo estaba externalizado y muy mal pagado", denuncia.

Bertha puenteó, como muchos otros españoles, la destrucción de empleo posterior al estallido de la crisis volviendo a estudiar. Si el sector de las kellys está feminizado casi al 100%, el del cuidado de las personas le va parejo. “Me saqué el grado, hice las prácticas y volví a la hostelería. Geriatría estaba muy mal pagado y la sobrecarga de trabajo era muy grande”, cuenta. Características que ya conocía de su experiencia como camarera de piso. ¿La diferencia? “No puedes tratar con personas con esa sobrecarga”, argumenta.     

Hasta junio de este mes estuvo trabajando como camarera de piso, pasando por varios hoteles de Barcelona y siempre con contratos temporales. “El mercado no ofrecía más salidas, había muchas ofertas, pero con contratos basura y sueldos de miseria”, cuenta. Hoy hace el turno de noche en una residencia de ancianos; 11 horas al día, cuatro días a la semana, con un sueldo de 1.100 euros. “Yo les digo a las jóvenes que no se queden calladas, porque cuando eres joven lo aguantas mejor, pero los años acaban pasando factura en esas condiciones”, afirma.