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efectos de la política monetaria

El BCE alarga la travesía del desierto de los bancos españoles

Los expertos discrepan sobre si la subida de tipos será a principios o finales del 2020 o incluso más adelante

La escasa rentabilidad empuja a las entidades a recortar red y plantilla, cobrar más comisiones y a fusiones

Pablo Allendesalazar

Mario Draghi, presidente del BCE.

Mario Draghi, presidente del BCE. / Francois Lenoir (REUTERS)

En marzo del 2016, apenas cuatro días después de que el Banco Central Europeo (BCE) tomase la inédita decisión de bajar los tipos de interés al 0%, José Ignacio Goirigolzarri acertó a resumir el sentir mayoritario del sector financiero en términos bíblicos: la banca se encaminaba a una "travesía del desierto" que iba a durar "dos o tres años". El presidente de Bankia, sin embargo, se quedó corto en su vaticinio. La reciente decisión de la autoridad monetaria de retrasar al menos hasta finales de este año el primer encarecimiento del dinero desde el 2011 ha alejado aún más la "luz al final del túnel" que el ejecutivo creyó ver a mediados del 2017 y, tras asumir su error, también el pasado enero.

Para un lector casual puede resultar chocante que los bancos atraviesen dificultades, habida cuenta de los incrementos de beneficios que vienen reportando en los últimos años. Pero lo cierto es que las entidades financieras tienen un problema de rentabilidad. El pasado junio se situó en el 7% en relación con su capital (ROE), un porcentaje todavía inferior al coste que les supone hacerse con ese capital (COE), superior al 10%. Es malo para sus propietarios, ya que perjudica a las entidades en bolsa, pero también para la economía, porque limita el crédito y endurece sus condiciones. Un informe del Banco de España de esta semana ha puesto en evidencia precisamente que las entidades han acortado plazos, elevado comisiones y pedido más activos colaterales en garantía en los últimos años como consecuencia de los tipos bajos y negativos, particularmente las menos solventes.

Meses o años

La situación tiene visos de continuar. La gestora Ethenea estima que la primera subida de tipos se producirá en el primer semestre del 2020. Juan Antonio Cabrera, director de análisis y asesoramiento de mercados financieros del servicio de estudios de Bankia, es más pesimista: cree que lo "más probable" es que el BCE empiece por cobrar menos a los bancos por guardarles el dinero (del 0,4% al 0,25%) y apunta que la curva de tipos indica que ello no se producirá "hasta diciembre del 2020". Algunos analistas incluso estiman que el dinero no se encarecerá hasta que cambie el ciclo económico, algo que puede tardar aún años en producirse. Y en cualquier caso, el entorno de tipos bajos "ha venido para quedarse", como advirtió recientemente José María Roldán, presidente de la patronal bancaria AEB.

Los tipos bajos perjudican los ingresos de los bancos porque reducen el interés que cobran por los créditos antiguos, y al mismo tiempo las entidades no se han atrevido a cobrar a sus clientes particulares y pymes por los depósitos, pese a tener que pagar por ellos al banco central, por temor a perderlos. El nuevo retraso del BCE todavía no se ha dejado sentir en el euribor, pero lo hará. "Su incidencia se dejará notar en su evolución durante los próximos meses, pues es poco probable que reinicie la tendencia alcista que venía registrando desde mayo del año pasado hasta el próximo verano y cuando lo haga se producirá con una intensidad muy suave", apunta Cabrera.

Recetas para solucionarlo

Ante este problema de rentabilidad, el Banco de España comenzó ya en junio del 2015 a instar a los bancos a plantearse fusiones, cobrar más comisiones y recortar sus gastos vía cierres de oficinas y recortes de plantilla. Desde entonces viene insistiendo en el mismo mantra. Y ello pese a que, desde los máximos del 2008, la red de oficinas ya se ha reducido en más de un 40% y el número de trabajadores en más de un 30%. El actual gobernador, Pablo Hernández de Cos, volvió a recetar al sector el pasado diciembre "acomodar los gastos al nuevo tamaño de los balances, buscar fuentes alternativas de ingresos y mejorar la eficiencia", teniendo en cuenta que "no se prevé un crecimiento extraordinario de los saldos agregados de crédito a corto o medio plazo" que compense los tipos bajos.

En relación con las fusiones, aseguró que las entidades "saben los retos que tienen porque vienen imposiciones regulatorias en las que no caben puestos intermedios". El mensaje va especialmente dirigido a los bancos medianos. De momento solo se ha anunciado la de Liberbank con Unicaja, pero en el mercado se prevén nuevas operaciones. "Desde luego vemos espacio para más consolidación, particularmente entre las entidades medianas. Podría ser una oportunidad para que los bancos refuercen y diversifiquen sus franquicias, ganen tamaño, y diluyan el impacto de sus bases de costes fijos, al tiempo que facilitaría sus inversiones en informática y digiltalización y les daría acceso a los mercados de capitales más fácilmente", ha apuntado Standard & Poor's en un informe esta semana.

Opiniones expertas

Joaquín Maudos, director adjunto del Ivie y catedrático de la Universidad de Valencia, confirma que el retraso de la subida de tipos ha sido un "jarro de agua fría" para la rentabilidad de los bancos. Y coincide con el Banco de España: "La banca tiene ya muy pocas vías para recuperar la rentabilidad y son seguir recortando costes y diversificar ingresos, aumentando el peso de los ingresos distintos al cobro de intereses, como son las comisiones. Hay que tener en cuenta que las comisiones representan el 25% del margen bruto de la banca española, porcentaje inferior al de la banca europea. Y en el caso de los costes, el principal componente está en la oficina, por lo que hay que seguir aligerando la todavía elevada densidad que hay en España. Las fusiones ayudan, porque permiten cerrar oficinas duplicadas y prescindir de servicios centrales. Y hay margen de maniobra en los bancos medianos, como hemos comprobado con la propuesta de fusión entre Liberbank y Unicaja. Pero el margen es reducido, dada la elevada concentración del sector bancario tras la reestructuración de los últimos años".

Santiago Carbó, director de estudios financieros de Funcas, matiza que "está por ver" el efecto a medio plazo de las medidas del BCE, ya que si bien no ayudan a los ingresos bancarios, "puede tener efectos positivos sobre la economía y por tanto eso puede favorecer a la estabilidad financiera". Además, precisa que las entidades deben tomar medidas por motivos que van más allá de la política monetaria: "Reducir gastos tiene más que ver con el impacto de la digitalización y necesidad de reducir capacidad innecesaria que con la evolución de los tipos de interés. Siempre hablamos de que la banca mediana está más presionada pero la digitalización y exceso de capacidad es un problema de muchas entidades sin importar el tamaño. A un banco mediano con un buen modelo de negocio puede irle mejor que a un banco grande sin un claro modelo de negocio. Las palabras clave son digitalización, modelo de negocio, adaptación al cliente. Por supuesto esta coyuntura de tipos hace más complejo lo que se llama un apalancamiento rentable de los bancos pero creo que hay fuerzas de largo plazo más importantes que los tipos de interés".