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La economía del miedo

La psicología influye en la economía y la incertidumbre política puede hacer caer el PIB

Olga Grau

Clientes en cajeros de CaixaBank en la sede Barcelona.

Clientes en cajeros de CaixaBank en la sede Barcelona. / FERRAN NADEU

Resulta oportuno para entender los potenciales efectos de la coyuntura política sobre la economía catalana y española, que el prestigioso Nobel de Economía haya recaído en Richard H. Thaler, un académico que ha estudiado cómo la psicología influye en la economía.

Para entender sus logros, la academia sueca ha puesto como ejemplo qué ocurre en un día lluvioso. La teoría clásica sostiene que la demanda de paraguas aumenta, los vendedores aprovechan para subir precios y sus beneficios crecen. Pero la psicología moderna que defiende Thaler añade una variable que puede alterar el mercado. Que los consumidores decidan boicotear a la empresa que vende paraguas por aprovecharse de la situación de necesidad, de manera que al final el negocio se reduzca, en vez de crecer.

El modo como la psicología y la confianza de los consumidores afecta a las decisiones económicas se ha puesto de manifiesto en el proceso independentista. A pesar de que todas instituciones han dado por hecho que una declaración unilateral de independencia (DUI) no resultaría en una secesión inmediata porque nadie la reconocería y se suspendería antes la autonomía, las empresas catalanas del Ibex 35  (excepto Grifols) han decidido mover su sede fiscal en un intento de tranquilizar a clientes y accionistas de percepciones más que de hechos. Ayer se añadieron más empresas, entre las que destacó Catalana Occidente y el Grupo Planeta, en este último caso tras el discurso de Puigdemont en el Parlament.

Respecto a los indicadores, si bien el Fondo Monetario Internacional (FMI) mantiene sus previsiones económicas para España este año en el 3,1%, los consumidores están empezando a cambiar hábitos de consumo. Los economistas subrayan que ese conjunto de pequeñas decisiones es lo que acaba formando la demanda agregada. Y si esta cae, el PIB se desacelera.

Los indicadores adelantados de estos días son las sensaciones o las percepciones de los agentes económicos que están sobre el terreno. Desde la patronal del comercio Retailcat no se atreven a señalar que se haya producido una caída de las ventas, pero sí afirman que hay un clima menos propicio para el consumo por el nerviosismo y la incertidumbre política.

El Gremio de Hoteles de Barcelona percibe una desaceleración de las reservas de visitantes a la capital catalana, mientras que desde la asociación de pisos turísticos de Barcelona Apartur perciben  “sensaciones preocupantes”. El sector de la cultura también ha advertido en las últimas semanas un menor consumo de obras de teatro y de cine y de museos en Catalunya, lo que se podría atribuir al estado de ánimo de los catalanes.

Por su parte, las entidades financieras han registrado también en los últimos días transacciones de clientes que han pedido mover su dinero a cuentas en oficinas fuera de Catalunya. Y los empresarios que forman parte de Foment han denunciado esta semana que, de seguir el conflicto, la economía se resentirá. Las agencias de calificación y los bancos de inversión también han incluido en sus informes advertencias sobre la inestabilidad de la economía española si persiste la crisis política. Los bufetes de abogados explican, informalmente, que se han paralizado decisiones de inversión de empresas y de fondos no solo en Catalunya si no en el conjunto de España.

De todo ello se deriva la conclusión de que la economía es una ciencia en la que influyen las decisiones de los individuos. Muchas veces estas son irracionales. Pero sus consecuencias son absolutamente reales.

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