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el personaje de la semana

El billonario mueve ficha en España

IDOYA NOAIN

La noticia esta semana desató el éxtasis entre políticos, empresarios y banqueros. Bill Gates, padre de Microsoft y emblema hoy de la filantropía contemporánea, tocaba con la varita mágica de su dinero a un país que tras años de crisis acaba de salir, al menos oficialmente, de la recesión.

Con 108,5 millones de euros, calderilla en una fortuna que la revista Forbes calcula por encima de los 50.400 millones, Gates ha comprado el 5,7% de las acciones de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Se ha convertido de este modo en el segundo accionista de la compañía donde el mayor número de títulos (53,9%) los tiene Esther Koplowitz. Y desde los directivos de FCC, encantados por el efecto imán, hasta la Administración se felicitan. «Bill Gates va a poner a España en el mapa mundial de la inversión», proclama el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz. «Pone de manifiesto que hay mayor confianza en la economía española y mayor credibilidad», presume el ministro de Industria, José Manuel Soria, que ve un premio doble al llegar ese voto de confianza de «un inversor importante en el mundo, uno de los grandes empresarios del siglo XXI».

La operación deja en la sombra pero no oculta que parte del atractivo de España está en los bajos precios a los que se han puesto las cosas, desde acciones hasta propiedades, una negra y densa nube que ha originado la lluvia de dinero de la que hace poco habló Emilio Botín. Y lo cierto es que, más que a Bill Gates, a quien habría que dar las gracias es a un hombre con nombre de mucho menos tirón pero extrema relevancia: Michael Larson.

Anónimo y brillante

Tremendamente anónimo ante los medios (solo circula una entrevista que dio a Fortune allá por 1999), Larson es quien desde 1994 gestiona la fortuna de Gates. A través de Cascade Investment (un nombre genérico que eligió para no llamar la atención y que ni siquiera incluía en sus tarjetas de visita), lleva las inversiones de Gates fuera de las acciones de Microsoft (que a día de hoy representan menos del 18% de sus bienes). Y Larson es también quien gestiona las inversiones del trust de la Fundación Bill y Melinda Gates (la rama que recibe el dinero del matrimonio y las contribuciones de su amigo Warren Buffett y transfiere los beneficios a la fundación para que esta realice sus labores filantrópicas). En realidad, la participación en FCC está hecha en parte por Cascade (3,98%) y en parte por el Trust (1,75%)

Larson siempre ha sido brillante. Acabó el instituto con solo 16 años y a los 21 ya tenía un máster empresarial. Y fue un fichaje claro para Gates, sobre todo después de que su madre, Mary, pusiera el grito en el cielo al revelarse en 1993 que su anterior gestor, Andrew Evans, había pasado por la cárcel por fraude bancario.

Tras aquel mal trago con su amigo (al que había visitado en prisión), Gates fichó a un cazatalentos. Buscaba a alguien «con una filosofía conservadora sobre la inversión», alguien en quien pudiera tener «fe absoluta». Y lo encontró en Larson. Quizá el éxito de la relación radique en algo que escribió Fortune«(Larson) es iconoclasta pero fundamentalmente conservador lo que, si se piensa, es una descripción bastante acertada de su único cliente».En aquella misma entrevista, Gates explicó que, aunque los dos hablaban «con regularidad sobre temas de inversión generales», la cartera estaba en manos de Larson. Y el gestor de la abultada cartera lo ratificó. «Cuando la gente descubre que Cascade ha hecho una inversión en algo, no es Bill Gates -explicó-. Le llamo si compro algo que necesite saber, pero Bill puede no tener ni idea de lo que tiene Cascade».

Intereses diversificados

Lo que tienen Cascade y el Trust y, por lo tanto Gates, son, entre otras cosas, casi 3.500 millones de euros en la compañía privatizada de la red ferroviaria canadiense, unos 2.200 millones en la firma de basuras y reciclaje RSG; unos 1.900 millones en acciones de la embotelladora de Coca-Cola en México; más de 1.600 millones en la firma de tractores Deere, y cuantiosas participaciones en empresas como  la europea de cable Liberty Global, el gigante de grandes superficies Wal-Mart o Televisa. Y ahora FCC, su primera inversión en la Europa continental, tras otra en la petrolera británica BP.

Sí hay veces en que Gates toma directamente  las decisiones, como sucede en inversiones en biotecnología, que siempre elige personalmente por su interés en la ciencia y su entusiasmo por la innovación. Y lo que está cada vez más claro es que el foco de su vida está ahora en su fundación.

Aunque sigue siendo el principal accionista de Microsoft y ocupa la presidencia de la compañía que fundó en 1975, dejó las operaciones diarias hace cinco años y, en ese tiempo, ha vendido casi la mitad de sus títulos. El dinero lo reinvierte Larson produciéndole cuantiosas ganancias que alimentan una fundación cuya meta es «asegurar que todo el mundo, sin importar donde viva, tenga oportunidad de una vida sana y productiva». Y basta con mirar de qué hablan los tuits que Gates ha colgado en el último mes para entender en qué esta su foco: pobreza y hambre, cambio climático, sida y polio, reinvención de los baños, almacenamiento de energía, vacunas. Ni una palabra del ladrillo.