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Love of Lesbian, al desnudo por sus madres

Los 'lesbianos' se someten a las preguntas de sus progenitoras en el calor del hogar. Hay risas. Y reprimendas

La banda indie-pop publica 'El poeta Halley', un poético disco que cierra Serrat recitando: "A brillar, que son dos días"

Núria Martorell

El grupo interpreta Bajo el volcán en acústico exclusivo / RICARD FADRIQUE

Que las madres de los miembros de Love of Lesbian hagan las preguntas permite conocer interioridades y anécdotas que superan cualquier expectativa. A modo de aperitivo: la madre del bajista le enseñó las tetas al cantante en un concierto en la sala Apolo. Le pudo la emoción 'groupie'. Claro que fue la misma que vio cómo los calzoncillos de su hijo se estampaban justo en su cara cuando este decidió despelotarse y los lanzó al público en el Sant Jordi Club. "Los tengo yo. Te los devolveré limpios", le mensajeó luego. Estas y otras revelaciones tienen lugar en la intimidad del hogar, días previos a que los músicos inicien los ensayos y emprendan una gira que despegará los días 21, 22 y 23 de abril en La Riviera de Madrid, y 28, 29 y 30 en  RazzmatazzBarcelona. El grupo publica, por fin (el próximo viernes), su nuevo álbum, 'El poeta Halley', después de un año sabático y cuatro de silencio discográfico. Como en el '¡Hola!', nos abren las puertas de su casa Montserrat, Remei, Antònia, Lucía y... Jaume. Una de las madres prefiere abstenerse y el padre ejerce de relevo ejemplar.

LOL (también se les conoce por sus siglas) vuelve con un compacto en el que la palabra "ambición" se repite en varias de sus letras. En la que abre el disco, 'Planeador',  Santi Balmes clama directamente: "Que alguien los pare, empieza a cansar tanta ambición". "Estamos en una época en la que deberían tomarse grandes decisiones y una oligarquía económica lo intenta impedir a toda costa. La manipulación es tan exitosa, que han conseguido que buena parte de la sociedad ni siquiera pueda permitirse el lujo de pensar en el prójimo que vive puerta con puerta. ¡Imagínese preocuparse por la globalidad! Hay que luchar contra la ambición de los que nunca tendrán bastante".

Él vive puerta con puerta con su madre, en Sant Vicenç dels Horts. Balmes regresó a esta población tras un tiempo instalado en Barcelona. La capital no sale bien parada en uno de sus nuevos temas, 'Contraespionaje'. "Parece un parque temático. Y lo que más me molesta es ese concepto que se ha vendido desde hace muchísimo tiempo en el que se sobreentiende que tiene que estar a la vanguardia. ¡Qué repelús! Prefiero una Barcelona humana a la cool, más pendiente de la forma que del fondo".

Santi atraviesa el patio y se planta en casa de su madre. Montserrat Santfeliu (71 años) tiene las preguntas y ¡hasta la presentación! preparadas. Y coge la chuleta, impresa por ordenador, que reposa en la mesa junto a la caja de galletas.

EN CASA DE LA MADRE DE SANTI

Hola Santi, ponte cómodo. Vivimos pared con pared pero nos comunicamos más por wasap: siempre estás fuera, estresado, con tu cerebro procesando sin parar, así que me voy a aprovechar. ¿Qué tal el año sabático? Muy bien. Pasar de un año tan movido a este tan plácido ha hecho que me quedara encantado en casa. Apenas he salido.

"De niño ya eras muy simpático y risueño. No nos podías salir más redondo..."

Montserrat le dice a Santi Balmes

Bueno, has ido a Islandia. ¿Te gustó? Mucho. Es de los pocos lugares en los que puedes ver la naturaleza como era antes de que interviniera el ser humano.

¿Qué recuerdos tienes de cuando eras niño? Eras ya muy simpático y risueño. No podías salir más redondo... Esto... que no me comprarais el traje de Spiderman es secundario, ¿verdad?

¡Es que no lo encontramos! Sabes que en Reyes hay cosas que se agotan. Pero un año te trajimos un piano de cola... De juguete, ¿eh? Que se van a pensar que esta es la casa de la Preysler...

La música es tan importante... Ayuda a superar momentos difíciles, a no sentirte solo. Soy de otra generación y cuando voy a tus conciertos, ¡flipo! En el primero te pusiste a llorar.

Habría solo unas 15 personas. Y pensé: "Madre mía, ¿por qué se lo quieren tomar tan en serio?". Entonces tenías otro grupo, no cantabas. Pero cuando me pusiste el casete en el que ya eras vocalista, ¡no había color! Te dije: "Santi, me encantas". Gracias a ti, que de pequeña no te dejaron aprender música, en casa siempre había instrumentos. Ya se sabe: intentas superar frustraciones a través de los hijos. 

El deporte, en cambio, no te gustaba. Te recuerdo jugando al fútbol. Nosotros en primera fila, emocionados. Y tú, en mitad del campo, sin moverte, con los brazos en jarras. Yo te gritaba: "¡Corre!, ¡cooorre!". Y nada. Claro, pensaba que era el árbitro. Siempre he preferido ver cómo corren los demás. 

Al principio cantábais en ingles. Yo, contenta de que fuera como un ‘hobby’, hasta que os contrataron como teloneros de The Cure. ¿Fue el despegue o los motores aún estaban fríos? Sí, como en los aviones. No estábamos maduros. Fue un espejismo. Al cabo de cuatro días, estábamos otra vez tocando ante 15 personas en Talavera de la Reina.

Parece que ya nadie hable de romanticismo. ¿Te consideras una persona romántica? Sí, pero lo expreso escribiendo. En la vida real me cuesta. Supongo que es porque me he acostumbrado a usar este canal en vez de la vía personal. Tengo un poco de timidez afectiva. Y, gracias a Dios, me he volcado en la escritura. Siempre hay algún tipo de patología en esta profesión.

¡Pero si eres muy cariñoso! Siempre das abrazos. Y con tus hijas, ¡no veas! Me refiero a expresarme verbalmente.

A veces valen más los gestos que las palabras. Hablando de cosas profundas, ¿crees en el más allá? No tanto como tú.

Porque yo soy creyente. Y me sabe muy mal que tú no lo seas. No puedo creer en una Iglesia católica que te hace sentir culpable del pecado original, de haber matado a Cristo, de... Que te hace sentir mal contigo mismo. Que amenaza con el infierno: la condena eterna. No puedo quedarme con una religión así.

¿Y con cuál te quedarías? Con el budismo.

Pues ¡quédatela! No, porque rechazo todo lo que implique un dogma. 

¿Cómo te ves de aquí a 10 años? Uf.

Temes al paso del tiempo, al deterioro físico, a que te falle la garganta... Tengo miedo a ser patético.

¿Y por qué has de serlo? Hay grandes grupos de artistas mayores que no lo son. Dependerá de si sabemos madurar bien. Ahí está la clave. Y es responsabilidad nuestra, exclusivamente. Tendremos que saber adaptar el repertorio. ¡Y ser honestos en cada momento de la vida!

¿Y dejar de hacer gamberradas? Recuerdo un día en el Palau de la Música. Yo estaba en cuarta fila. Se me caía la baba. Cogí la cámara para grabaros, tenía los ojos nublados de la emoción y, de repente, la gente venga a gritar. ¡Julian y tú os estábais bajando los pantalones! Hicimos un calvo, sí [risas].

"El día que cumplí 13 años, un familiar me dijo: ‘Venga, que ya eres mayor, hazlo tú’. Me subí a la silla y dije: ‘¡Brindo por perder la virginidad!’ En estas situaciones infantiles es cuando percibes el placer de la provocación"

Santi nos hace de guía hasta la casa de Joanra, el bajista y, callejeando, revela una anécdota sin desperdicio: su primer brindis. "El día que cumplí 13 años, un familiar me dijo: ‘Venga, que ya eres mayor, hazlo tú’. Me subí a la silla y dije: ‘¡Brindo por perder la virginidad!’ En estas situaciones infantiles es cuando percibes el placer de la provocación".

EN CASA DE LA MADRE DE JOANRA

La casa familiar de Joan Ramon Planell, y donde sigue viviendo su extrovertida y explosiva madre, Remei Costa (68), parece hecha a la medida de una película de terror (grabaron una y al director de fotografía le entró tal yuyu que se fue). Aquí, en Can Costa, edificio considerado Patrimonio Artístico, se oficiaban misas clandestinas durante la guerra civil. Y aquí, en los bajos, Love of Lesbian improvisó el primer local de ensayo. También permanece intacto.

¿Qué se siente al ser famoso? No me siento famoso. Quizás algo conocido en el ambiente musical underground. Yo soy solo el bajista, el que está detrás. A Santi sí que le reconocen: en Ikea, en Nueva York... Además, tenemos la suerte de que el éxito nos ha pillado mayores, con los pies en el suelo. Si nos hubiera pasado con 20 años, seríamos insoportables. 

Cuando acabaste EGB, la ‘yaya’ te regaló una Vespino. Fuiste a la discoteca y al cabo de una hora vino a verme Jordi [el guitarrista] gritando. ¡Qué susto! Pensé que habías tenido un accidente. Vino a contarme que te la habían robado. Cuando subiste a casa, lo celebramos: “¡No sufras, te compraremos una guitarra, que será mejor!”. Pero resulté ser un inútil y me pasé al bajo, que tiene menos cuerdas [risas].

Cuando estás sobre el escenario y ves a tanta gente ¡y tan flipada!, ¿qué sientes? Porque yo, abajo, estoy pletórica... Y desatada. ¿Recuerdas el día del Apolo? A Santi, de repente, se le olvidó la letra. En el camerino le pregunté qué le había pasado. Y me soltó: “No te lo creerás: tu madre, que me ha enseñado las tetas” [risas].

Remei le dice a Joanra Planell:

"Cuando tiraste los calzoncillos y fueron a parar a mi cara, ¡me sentí tan eufórica!

Ay, calla, calla. ¿Y cuándo te desnudaste y al tirar los calzoncillos al público fueron a  parar a mi cara? Me sentí tan eufórica... Menuda puntería. Lo bueno fue cómo me enteré: con tu mensaje, diciéndome que me los devolverías limpios [carcajadas].

¿Te gusta vivir en Madrid? ¿Viajar tanto? ¿Cómo lo compaginas con la vida familiar: mujer, hijo? Viajar es ya una forma de vivir. Soy un culo inquieto. Y cuando estoy en casa, puedo estar las 24 horas con mi familia. En Madrid estoy bien. Aunque suene a tópico, la gente es más abierta.

¿Por qué no hacéis un disco en catalán? Bueno, hemos hecho alguna canción puntual y las hemos cantado también fuera de Catalunya. Somos unos cuarentones que estudiaron en castellano el 80% de las asignaturas. No veo dónde está el problema. Nos sale de forma natural. Y no deja de ser una apuesta: nos abre al mercado latinoamericano. 

"Todos los problemas de ser catalán o español parten de las altas esferas, de los radicales. En Madrid, del proceso catalán ni se habla. Y en los telediarios de aquí, las 24 horas del día. ¡Cómo si no pasara nada más!"

La Remei vive con tanta pasión los conciertos de Love of Lesbian que los fans de la banda han creado un grupo de Facebook llamado: 'La madre de Joanra'.

EN CASA DE LA MADRE DE URI 

Uri Bonet es publicista. Y cuando deja descansar las baquetas, hace redobles como community manager del grupo. Para el encuentro con su madre, Antònia Melero (73 años), lo tiene todo controlado: con su ordenador ha preparado las cuestiones a tratar, "después de preguntarle a ella qué cosas le gustaría saber", aclara. En ocasiones es él mismo quien formula las preguntas. El resultado es más una charla.

"De niño –empieza a hablar él–, ya quería una batería, y vosotros me decías que no, que haría demasiado ruido. Trabajé en verano en un horno, haciendo pizzas, y me la compré yo, con 16 años. Cuando empezamos a tocar, sonábamos como el culo”.

"Tengo una cuenta de Instagram solo de cocina, con platos que hago yo. Y te lo debo a ti, ¡eres tan buena cocinera!"

¿Qué hubieras hecho si no te hubieras dedicado a tocar? Cocinar. Tengo una cuenta de Instagram solo de cocina, con platos que hago yo. Y te lo debo a ti, ¡eres tan buena cocinera! 

¿Cuándo decidisteis dedicaros en serio a la música? Hace relativamente poco: desde el 2010. Fue cuando todos dejamos los trabajos, conscientes de que el tren solo pasa una vez. Pero cuando te dije: "A partir de ahora me dedicaré a tocar la batería", me soltaste: "Sí, pero ¿de qué trabajarás?, ¿con qué te ganarás la vida?". Lo tengo tan grabado...  Pero hay otro recuerdo mejor: el día que me regalaste una caja de cartón ¡con una estrella dentro! Para ti, yo ya era una estrella. Debía de haber también un sobre con dinero, seguro, pero para mí lo importante es esa estrellita. 

Cuando dejaste el trabajo, ¡tenías tres hijos! Sí, estaba en plena vorágine profesional y familiar. Pero insisto: era un ahora o nunca.

He ido a pocos conciertos: al del Palau de la Música, al de la sala Apolo... Uf, en este no aguanté y me fui. ¡Qué aturdimiento! Tuve el ruido metido en la cabeza una semana. ¿Cómo lo hacéis para pasar de conciertos de rock, disfrazados y con coreografías, a recitales tan íntimos como 'Miralls i miratges'? El objetivo de la banda no es solo hacer canciones, o discos. Es darles vida en el escenario, pensar qué  podemos hacer con un trabajo que ya de por sí merece un tratamiento diferente. Por eso podemos ofrecer un concierto loco, disfrazados, y hacer el burro y, al cabo de una semana, proponer algo pequeñito, íntimo, introspectivo. Y eso es lo bonito: hacer espectáculos tan diferenciados que, además, permiten a los fans ver a la banda en situaciones distintas.

Antònia le dice a Uri Bonet:

"Cuando tocas siempre te vemos riendo, disfrutando"

Cuando tocas, siempre te vemos riendo, disfrutando. Sí, soy una persona muy emocional. He llorado en varias ocasiones. Y gesticulo mucho cuando toco. ¡Me lo paso tan bien! Le pongo mucha pasión.

La vida es como las cortinas: a veces te vienes arriba, a veces está bajada y solo hay oscuridad. Hay que saber enrollarla. Antes a Uri le conocían como el hijo de las cortinas [durante años sus padres tenían una tienda de decoración].

Ahora nosotros somos los padres de Uri, de Love of Lesbian. 

EN CASA DE LOS PADRES DE JORDI

La casa de los padres de Jordi está en Torrelles de Llobregat. Aquí empezó Love of Lesbian antes de Love of Lesbian. En la conversación con Jaume Roig (70 años), el guitarrista revela el "auténtico origen del nombre del grupo, puesto que hay infinidad de versiones". Ahí va: "Grabamos justo en esta casa una maqueta y teníamos que buscar un nombre que llamara tanto la atención que las discográficas eligieran la nuestra entre las 60 que recibían cada mes. Y así, en broma, surgió Love of Lesbian: disparatado, para bajarse los pantalones... Pensábamos que, a la hora de la verdad, ya lo cambiaríamos. El caso es que la revista 'Ruta 66' convocó un concurso y cuando anunció el nombre de la banda dijo el de la maqueta, claro. Y mira que es feo, cuesta decirlo y ¡es gramaticalmente incorrecto! En todo caso tendría que ser Lesbian of Love". Jaume se ríe escuchando a su hijo. 

Todo lo que os ha pasado, cuesta tanto de creer... Yo, que os he visto ensayar en casa, cuando me enseñas en el móvil que hay tantísima gente en vuestros conciertos, ¡cómo impresiona! No es un montaje, ¿verdad? Coño, nooo. ¡Somos como las grandes grupos! Pero tú di la verdad. Tú puedes. Explica lo malos que somos tocando [risas]. Mamá misma vino al Palau de la Música y a las cuatro canciones ya se fue.

Es que hacéis mucho ruido. Sí. Y a ti te molesta hasta el volumen de las películas en el cine. 
 
¿Crees que te he dado bastante libertad? Porque nunca te hemos hecho chantaje con los estudios. La prueba está en los muchos oficios que has tenido: pusiste aires acondicionados, fuiste agente comercial, delineante... Soy un profesional inventándome profesiones y currículos.  Y llegaba a poner como referencia a mis amigos, incluía incluso sus teléfonos y les avisaba por si les llamaban. ¡Y vaya si funcionaba! 

Jaume le dice a Jordi Roig:

"Cuando me dijiste que dejabas el bar, pensé, 'la estás cagando"

Y tuviste un bar. ¿Te costó dejarlo para dedicarte de pleno al grupo? Cuando me lo dijiste, pensé: “Ostras, tío, la estás cagando”. Pero ahora sí que lo veo claro. O será que me he acostumbrado... Era agotador. Cuando íbamos de gira, me iba antes que el resto al hotel porque me esperaba el madrugón para abrir el bar. Los clientes no perdonan. Y mi cabeza explotaba: ¡pero si hace solo cinco horas estaba tocando! Tenía que dar una patada. O a la banda o al bar. Todos los del grupo teníamos claro que debíamos disfrutar del momento, sin interferencias. La decisión fue fácil. Pero he de reconocer que estuve un año con ansiedad. Todo te lleva a creer que en la vida necesitas estabilidad y más cuando, como en mi caso, tienes hijos. Y a veces me pasa que cuando el lunes por la mañana me levanto y veo que hasta el viernes no hay bolo, pienso: “¿Qué hago hasta entonces?

"Si el triunfo te viene con 20 años, no digo que te puedas volver loco. Lo asimilas de otra manera, fijo. Pero a nosotros nos ha pillado ya maduritos"

¿Entonces no estaba tan equivocado? No. Al final aprendes a tranquilizarte. A no preocuparte por lo que puede pasarte. A disfrutar. A celebrar todo lo que nos ha pasado.

Y con lo famosos que sois, ¿no se os ha subido el ego a la cabeza? Si el triunfo te viene con 20 años, no digo que te puedas volver loco. Lo asimilas de otra manera, fijo. Pero a nosotros nos ha pillado ya maduritos [risas].

EN CASA DE LA MADRE DE JULI

Lucía Isaza (62 años) tiene apuntadas las preguntas que quiere plantearle a su hijo, Julián Saldarriaga, en un papelito. Se las sabe de memoria, así que lo dobla y se olvida del escrito. Juli [como le llaman con cariño] es el quinto jinete lesbiano, el último que se incorporó a la 'troupe'. Fue en el 2005, con el disco 'Maniobras del escapismo', el álbum bisagra de la banda: el primero en castellano y el que les abrió las puertas a los festivales.

¿Pensaste en algún momento que llegarías tan lejos? ¡Qué va! Cuando conocí al grupo, me hacía gracia cómo tocaban y cómo enfocaban el tema de la música. Me parecían los más divertidos. Aunque, en realidad, sí que tuve fe en que podía funcionar. ¡Las canciones respiran un espíritu tan bonito! Y conocer a Santi, ver cómo construía las piezas, apreciar sus letras... ¡fue algo muy especial!

De niño odiabas disfrazarte. Era un martirio. Solo hay que ver las fotos de carnaval. ¡Qué cara de enfado! Hasta llorabas. ¡Y lo que te has llegado a poner con Love of Lesbian...! ¿A qué viene ese cambio? Es contractual [risas]. De todos, soy al que menos le gusta disfrazarse. Te lo pueden corroborar. La música es un acto liberador. Están el escenario, las luces... todo invita a ser otra persona. Hay cierta transformación, metamorfosis. Te olvidas de los prejuicios. Los lesbianos me han ayudado mucho al respecto. Joanra me hace mucha gracia: no tiene pudor en enseñar la barriga, el culo. ¡Y qué saludable resulta!

"Trabajar con niños era una lección diaria, con sus respuestas tan automáticas, sin filtros. Me hacían reír y aprender. Y me equilibraba"

A los 14 años la melena te llegaba a la cintura y te pasabas el día escuchando a Metallica, Guns N’ Roses... Tus primeras influencias. Siempre me han flipado. Era una respuesta adolescente a lo que oía en casa: tangos, boleros, cumbias, ballenatos [sus padres son de Colombia]. Música vieja que ahora me parece súper interesante. Luego tuve mi etapa grunge, hasta que conocí a Love of Lesbian y su estilo más pop. Pero la tralla la llevo por dentro, ¿eh?

¿Echas de menos ser profesor? ¡Disfrutabas tanto con los niños! Es verdad, ¡lo pasaba tan bien! Trabajar con niños era una lección diaria, con sus respuestas tan automáticas, sin filtros. Me hacían reír y aprender. Y me equilibraba: vivía la noche, tocando en ambientes cerrados, sucios... Llegaba el lunes y a las nueve de la mañana, todo era limpio, inocente.

Y justo cuando salieron las oposiciones y podías optar a la plaza fija... Nos pedías consejo: ser profesor o el grupo. Y fui la primera en apoyarte. A tu padre le costó un pelín más. Él consideraba más estable el trabajo en el colegio. Y los compañeros de la escuela me cuidaban tanto... Tenía las llaves de la escuela, empalmaba del bolo y me iba directo ahí, a dormir en las camitas de los niños. O a la hora de comer, los otros profes me decían: “Échate un rato en las colchonetas del gimnasio y descansa”. Pero al final, veía que no llegaba a todo. Y tuve ansiedad.

Lucía le dice a Juli Saldarriaga:

"Es bonito ver que vives de lo que te gusta. ¡Me siento tan orgullosa!"

Es bonito ver que vives de lo que te gusta. Tú que eres tan serio y responsable. ¡Me siento muy orgullosa!

La respuesta de Juli es un beso. Espontáneo. Sincero (como es él). El padre los observa desde una distancia muy cercana. Emocionado.