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UNA historia de SANT MARTÍ... Can Jaumandreu

De cuna textil a 'fábrica' de profesionales

La antigua industria del Vapor de la Llana guía a los aspirantes a un puesto de trabajo

PILAR GARCÍA
BARCELONA

El Poblenou tomó prestado, a finales del siglo XIX, el nombre de la primera ciudad industrializada del mundo. La imponente chimenea de 35 metros de altura que preside la manzana de Can Jaumandreu es uno de los vestigios que conserva de aquella denominación: el Manchester catalán. Como la de Can Saladrigas o Can Ricart, delata el pasado fabril del barrio. Mariano Tortosa evita desprenderse de la imagen de aquella humeante chimenea del Vapor de la Llana, y evoca una escena -hoy, con la crisis, impensable-- que se repetía año tras año a las puertas de la fábrica: «Los trabajadores salían en Navidad con un pavo debajo del brazo». «Los días laborables esto era un río de gente», añade Nicasi Camps, cofundador del Arxiu Històric del Poblenou (AHPN).

A principios de los 70, Tortosa instaló su taller de planchista en una de las naves -- «ya no existe» -- que los propietarios alquilaron a pequeñas empresas cuando la industria cesó su producción textil. El ayuntamiento adquirió los terrenos en el 2000 y ahora él trabaja en otro local de la manzana. Solo tiene buenas palabras para aquellas dos décadas en las que compartió edificio con otros profesionales. «Éramos como una familia», apunta nostálgico. Y se queda con una instantánea: «La de la higuera que crecía en el patio».

La conocida como Vapor de la Llana, de la que se ha recuperado una nave además de la chimenea, es hoy Can Jaumandreu --asumiendo el nombre de otra antigua fábrica de la zona--. Antoni Escubós Roure, de una familia de industriales de Mataró, se instaló en 1853 en el Prat de les Febres. El territorio, húmedo y pantanoso y utilizado para el pastoreo del ganado, era ideal para la actividad textil. Ya en el siglo XVIII, los prados y lagunas del actual Poblenou habían sido aprovechados por las fábricas de los tejidos de algodón conocidos como indianas. Antes de estamparlas, las telas eran humedecidas y tendidas al sol. «Tenían que secarse durante días y aquí había terreno a buen precio», dice Camps.

El historiador Martí Checa destaca la aportación de Escubós, en el artículo El Vapor de la Llana: trajectòria històrica… (núm. 8 de la revista Icària del AHPN): «La nueva industria apostó por producir una novedad inédita en Catalunya, tejidos de lana, mezclados con algodón y seda». Con Claudi Arañó Arañó en el negocio, Antoni Escubós i Cia pasó a denominarse, en 1868, Escubós i Aranyó. La plantilla era entonces de 621 trabajadores (434 mujeres y 54 niños).

Ocupada por otros fabricantes con el paso de los años, el Vapor de la Llana albergó, desde los 70, pequeños talleres, hasta que Barcelona Activa la convirtió en escuela-taller para su rehabilitación. Desde el 2003, Can Jaumandreu, cuyas instalaciones son un híbrido de modernidad y tradición, es un equipamiento de orientación y formación ocupacional. «Del 1 de enero al 30 de noviembre los distintos programas han atendido a 60.500 participantes», anota Alfredo Scrignia, responsable de un centro que es postal de una época dura y añorada.

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