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Opinión | Apunte

Cristiano: yo, mí, me, conmigo

Cristiano Ronaldo, en un partido con Portugal.

Cristiano Ronaldo, en un partido con Portugal. / PATRICIA DE MELO MOREIRA / AFP

Alguien me dijo hace años que lo peor que le había pasado a Cristiano Ronaldo en su carrera era correrla en paralelo a la de Messi. Y es verdad. Convivir con el extraordinario talento del argentino le ha superado, aún siendo un jugador fantástico. Ni en el césped ni fuera de él, CR7 ha sabido gestionar el ego. Y llega el final de la carrera de ambos y, por lo que a su selección se refiere, el cierre será muy distinto. En Argentina preparan para el martes un partido-homenaje plagado de invitados, emociones y reconocimientos. Cristiano, en este mismo espacio/tiempo, ha protagonizado una ‘espantá’ de la concentración de Portugal que ha dado la vuelta al mundo y, de paso, al traste con su imagen.

Escenificar la pataleta, con razón o sin ella, ha sido un tremendo error. Cuando ya todo apuntaba que el final con el combinado luso había llegado a su fin, esta es la peor manera de concluirla. Poco favor le hace que su entorno, en concreto su hermana, lance mensajes poco edificantes, por decirlo fino. Vivir anclado en la loa te sitúa en un espacio superior, en una levitación constante que te aleja de la realidad. Si a ello sumas que has necesitado un reconocimiento continuo por temor a quedar opacado por Messi, ni que sea un instante, la cosa se agrava. Sus adeptos le suman goles, mentalidad y profesionalidad. Al argentino le añaden genialidad, creatividad y una capacidad casi sobrenatural de reinventarse para llegar a los 39 años rozando la perfección. Solo hay que revisar el último Mundial. El de uno y el del otro. Cristiano esperaba el balón para el remate. Leo llevaba la batuta de un equipo, de un ejército que se había entrenado para que el capitán ejecutara. Y a fe que lo hizo, confirmando que supo llegar al final como un campeón.

CR7 tiene que reescribir el ‘the end’. Aunque se lo lleven los demonios, considere un traidor a su seleccionador y la víctima de un complot. Que reduzca la intensidad de su ego y pueda despedirse del fútbol tan contento, feliz y reconocido como merece y como lo hará su eterna bestia negra.

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