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Barraca y tangana

La vista cansada, por Enrique Ballester

Al parecer, el Everton ofrece una nueva experiencia VIP. Una de esas por las que siempre hay gente dispuesta a pagar y yo no haría ni cobrando.

Una acción del último partido del Everton contra el Wolverhampton, el pasado miércoles.

Una acción del último partido del Everton contra el Wolverhampton, el pasado miércoles. / PAUL ELLIS / AFP

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Enrique Ballester

Enrique Ballester

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Soy oficialmente viejo. Era algo que todos podíamos intuir desde hace tiempo, pero ahora se añade la certificación científica. Fui a la óptica y el optometrista me dijo que tengo la vista cansada. Al escucharlo pensé ‘si solo fuera la vista’. Tengo la vista cansada en un cuerpo cansado con alma cansada. Eso es lo que pasa.

Con vista cansada y oído cansado escuché que necesito lentes progresivas, por si lo de ser oficialmente viejo no había quedado del todo claro. Mientras me explicaban las características de cada lente iba notando cómo los años se posaban sobre mi cabeza, y pesaban. Obviamente, dije sí a todo. Obviamente, no sé ni lo que compré. Obviamente, salí de allí todavía más cansado.

Por suerte, a la hora de elegir las gafas utilicé un truco de mi amigo Javier, que recomienda emplear la palabra ‘gafa’ para parecer que entiendes de gafas. Comenté ‘esta gafa no sé qué’ y noté un cierto respeto por parte de la otra persona. Sentí una inyección de energía contenida en mi interior. Algo de vida. Un mérito reseñable para un hombre viejo multi, pluri y policansado.

El debate sobre el Balón de Oro

El diagnóstico de vista cansada quizá explique lo que me venía pasando. Si miras las cosas con vista cansada, cómo vas a sentir entusiasmo. No cabe el fervor en una mirada cansada. Esto explicaría que tantas cosas que os encantan o indignan me den igual o abunden en mi cansancio. El fanatismo que a muchos excita, a mí me cansa. El debate sobre el Balón de Oro, que a tantos emociona, a mí me cansa. Argumentar con imbéciles, eso que algunos enarbolan como una noble causa, a mí me cansa y me recansa.

Quizá la vista cansada, además, haya impedido mi acceso a la riqueza. Quizá sea el motivo que explique que no haya llevado a cabo ninguna de las (brillantes) ideas de negocio que he compartido en estas columnas durante años. Las dejo para los demás, no las necesito, las regalo. Soy así de generoso: el otro día me avisaron de que el Everton, el club inglés, había lanzado una de esas ideas de negocio inacabadas.

Una nueva experiencia VIP

Al parecer, el Everton ofrece una nueva experiencia VIP a sus aficionados. Una de esas famosas experiencias por las que siempre hay gente dispuesta a pagar y yo no haría ni cobrando (ahora sé que es mi culpa, por mi problema con el cansancio).

Resulta que por 25.000 libras puedes formar parte del Everton durante una jornada: entrenas con el equipo, te concentras con el equipo, comes con el equipo, acudes a la charla del entrenador, te dan una equipación personalizada... Al pack solo le falta un finde en Ibiza, recibir insultos de la grada, salir al campo con la camiseta de una asociación de empresarios y otra de mis ideas regaladas: pagar por recibir un pelotazo de tu futbolista favorito, a modo de sacrificio, en toda la cara.

Como sea, lo del Everton seguro que triunfa, aunque no sé si han evaluado los riesgos. Si yo fuera seguidor del otro equipo de la ciudad, el Liverpool, y no estuviera tan cansado, tejería un plan perfecto: comprar la experiencia VIP, infiltrarme en el rival e intoxicar a los jugadores en la cena, como un agente secreto. Demostrar que además de oficialmente viejo, soy también oficialmente idiota.

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