Opinión | El pataleo

Periodista
Los futbolistas y las cámaras en el vestuario

Unai Simón. / EP
Es el primer paso. El muy necesario primer paso para que el fútbol vuelva a acercarse a la gente. Las imágenes de los jugadores en el vestuario antes de los partidos, sus charlas en el túnel, los micrófonos en los minutos de hidratación, las entrevistas…Son escenas y testimonios que enriquecen el espectáculo, que lo complementan. En definitiva, y eso es lo más importante, que gustan al espectador, el mismo que paga por ver el fútbol y mantiene el negocio.
Unai Simón insistió el otro día en la incomodidad que le supone que una cámara entre el vestuario durante 30 segundos antes de un partido. Suerte que no es piloto de F-1. Se graban y emiten casi en tiempo real las radios del coche con sus cabreos y alegrías. Eso humaniza a los pilotos y enriquece el producto. Algunos futbolistas nunca lo entenderán. Bueno, lo entenderán cuando acabe su carrera y peleen por un puesto de comentarista en la tele. Si fuese por Unai Simón, y otros que piensan como él, nunca habríamos visto, por ejemplo, la icónica imagen de Michael Jordan en el suelo del vestuario llorando tras conseguir un anillo de la NBA. Qué cosas.
Del periodismo a la propaganda
En los últimos años hemos asistido a un paulatino alejamiento entre el fútbol y el aficionado. Desde la pandemia, prácticamente, han desaparecido las zonas mixtas, el espacio en el que los protagonistas y los periodistas se encuentran (o se encontraban) para poder transmitir a los aficionados las sensaciones del partido. Ahora los clubes son quienes distribuyen las entrevistas que ellos hacen a sus jugadores. Del periodismo se ha pasado a la propaganda. Vendo lo que me interesa y no lo que pasa. Las preguntas incómodas ya no existen. Los jugadores apenas hablan con los periodistas, se comunican a través de sus redes sociales o, eso sí, cuando hay un panel detrás con publicidad de la marca que les patrocina. El negocio es el negocio. Los directores de comunicación son los encargados de blindar los vestuarios e impedir que hablen con los medios. Sólo cuando ellos quieran y con quienes quieran. Y en las ruedas de prensa dan la palabra a los medios que no molesten, que no incomoden.
Hasta Gil Marín ha emulado el estilo de su padre, Jesús Gil, con las auto-entrevistas. Basta ya. Que veamos todo lo que pasa alrededor del partido, que se emita el sonido del Var, que los protagonistas hablen, que los clubes monten fiestas antes de los partidos y en los descansos. Que nos divirtamos, caramba. En este mundo en el que los jugadores viven al margen de la gente celebremos que la Liga busque fórmulas para llegar a todos y especialmente a los jóvenes.
Ojalá vayamos a más. Y si no siempre nos quedará El Chiringuito.
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