Goleada en Vigo (1-4)

Exhibición del Real Madrid en la puesta de largo de Tchouameni

El Real Madrid goleó al Celta con tantos de Benzema, Modric, Vinicius y Valverde el día que empezó la nueva era blanca sin Casemiro

Los jugadores del Real Madrid celebran uno de los goles. 

Los jugadores del Real Madrid celebran uno de los goles.  / @realmadrid

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Fermín de la Calle
Fermín de la Calle

Periodista

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El Real Madrid goleó en el día más complicado. En el inicio de la nueva era. La del relevo generacional obligado por la marcha inesperada de Casemiro al Manchester United, lo que ha dejado al mediocampo huérfano de su custodio. Ancelotti apostó por blindar la medular incorporando un cuarto centrocampista y dejando un ataque asimétrico con Vinicius y Benzema. Valverde sumará pulmones al músculo de Tchouameni, que tomará la alternativa antes de los esperados para ejercer el escudo de Kroos y Modric. 

En Vigo, con Camavinga por el ausente Kroos, el Celta fue de salida a la yugular. Salió a apretar en la salida a Tchouameni y Camavinga, mucho mejor el segundo con balón, que tendrán una mili complicada sin Casemiro cerca. Los franceses sufrieron ante la presión celeste hasta que Alaba descartó el tráfico. Además, los blancos se encontraron con un penalti tan involuntario como claro de Tapia al desviar un disparo en un córner. Benzema no perdonó y el Madrid se aflojó la corbata con la ventaja en el marcador.

De penalti en penalti

Pero el fútbol es caprichoso y nueve minutos después se repetía la jugada en el área contraria. Un centro rematado por Paciencia tropezaba en la mano de Militao. Iago Aspas colocó las tablas y constitución que sería un partido de digestión pesada para los blancos. Pudo romper la igualada Cervi con un disparo cruzado, pero lo hizo Modric tras clavar en la escuadra un derechazo que coronaba un eslalon del croata en la zona de tres cuartos. El Madrid tiraba de galones mientras sus meritorios iban acomodándose en la sala de máquinas. 

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Si la primera parte fue un ejercicio de personalidad, la segunda fue una exhibición de autoridad. A los diez minutos Vinicius certificaba la victoria de los blancos con el tercer gol y pasada la hora del partido Valverde, un jugador llamadlo a ser capital en este equipo, marcaba el cuarto. Carlertto resolvió un problema estructural, como la salida de Casemiro, con su habitual naturalidad. Tchouameni se fue acomodando con el paso de los minutos y se lució como corrector en la medular. Camavinga tira de inteligencia y de dinamismo para ayudar en la salida del balón. Este Real Madrid tiene más músculo y menos arrugar. El mensaje que recibió el entrenador fue claro: los jóvenes están preparados para tomar el testigo. Porque Vigo no es una plaza sencilla. Los celestes siempre juegan con el cuchillo en la boca, 

Dos borrones, el penalti fallado por Hazard y la irrelevancia de un Asensio al que Florentino ha dado orden de enseñar la puerta de salida. El balear acaba de contratar el próximo verano y el club quiere que deje dinero en las arcadas. Pase lo que pase los madridistas pueden estar tranquilos: Tchouameni ya eje de Casemiro. norte