El apoyo masivo

Champions femenina: orgullo en la plaza Catalunya

  • No eran las 20.000 personas que permitía el aforo, pero la afición se congregó en masa en el centro de Barcelona para animar a sus jugadoras como si estuvieran en el estadio de Turín.  

Centenares de hinchas siguen la final de la Champions femenina en la plaza Catalunya.

Centenares de hinchas siguen la final de la Champions femenina en la plaza Catalunya. / Zowy Voeten

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Inés Sánchez

El partido no había comenzado todavía, pero las miles de personas congregadas en Plaza Catalunya lo vivían como si en Turín estuviesen. No eran los 20.000 que permitía el aforo, pero hicieron que lo pareciese. El icónico «un día de partit» sonaba con tanta fuerza como lo hizo en los dos récords de asistencia del Camp Nou. Y es que el partido lo merecía. Aquellas jugadoras lo merecían. Estaban a pocos de minutos de disputar la tercera final en cuatro años.

Con la primera imagen del Juventus Stadium en la pantalla gigante, los aficionados estallaron. En Italia o en Barcelona, las jugadoras las necesitaban. Y a ellos no les hacía falta escuchar el idílico himno de la Champions. Les bastaba con el del equipo de su vida. Del tot el camp es un clam hasta el Barça, Barça, Barça con las manos alzadas. Se dejaron la voz igual que las futbolistas se dejarían la piel en el campo. En esta y en las dos otras finales. 

Tambores resonando

Ni siquiera un avasallador Lyon ni un gol a los cinco minutos que cambió los planes de Jonatan Giráldez, dejarían cabizbajos a unos seguidores que sabían a lo que se enfrentaban. Amadine Henry empequeñeció a las ya ex campeonas de Europa, pero no a los presentes en la Plaza Catalunya. «I si tots animem, guanyarem», cantaron a pleno pulmón solo dos segundos después de que el conjunto francés alejase al Barça de su segundo título europeo.

Llegaron el segundo y el tercer gol, pero los culés no bajaron los brazos. Ni en Barcelona ni en Turín. Y aunque sus rostros parecían rememorar el partido de Budapest, sus voces no hicieron caso a los instintos que marcaba la razón. Los tambores seguían resonando junto a los miles de aficionados que acudieron. Al incesable 'Barça, Barça, Barça' no lo interrumpió ni la superioridad del Olympique. 

Creer hasta el final

Acudió la capitana Alexia al rescate y todo culé vitoreó a una jugadora histórica. Y celebró aquel tanto como si hubieran ganado la Champions. Volvía a reinar la esperanza. El Barça era, de nuevo, reconocible. Y las manos de los aficionados volvían a apuntar al cielo. El himno volvía a resonar. Incluso para los residentes del hotel, que se asomaban al balcón para ver a los miles de seguidores culés.

En el segundo tiempo todo fue a más. Los presentes se echaron las manos a la cabeza con todo intento de regate de Graham Hansen. Oportunidades no faltaron para superar a una brillante Endler. Como tampoco faltaron motivos a los azulgranas para creer. Vibraron con cada parada de la guardameta Sandra Paños. Los aplausos no se ausentaron ni siquiera unos segundos. Ni tampoco los reproches a una colegiada que perdonó la roja a la temible Ada Hegerberg.

Lo intentaron Aitana, Crnogorcevic y Alexia. Y aunque no fue suficiente, la afición seguía alentando al equipo a remontar un partido que se puso en contra casi antes de comenzar. Ya habían demostrado que podían reinar Europa. Y aunque el Olympique seguía estando un escalón por encima, la esperanza no la perdieron. 

Temporada casi perfecta

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Las banderas azulgranas seguían ondeando en la plaza. Y aquel hombre que lucía el dorsal ‘4’ de María León aplaudía cada rechazo de una futbolista que mostró tener la suficiente anticipación para frenar a la mejor delantera del mundo. Los 7 minutos de añadido solo desesperaron más a una afición que quería ver a su equipo jugar. Pero los continuos intentos del Olympique de parar el juego no fracasaron. En su décima final, sabían exactamente lo que tenían que hacer para levantar la Champions. 

El Barça había tirado de orgullo, igual que en Budapest. Casi nadie salió del partido a pesar del 3-1 desfavorable. Y cuando la árbitra pitó el final, los culés siguieron comportándose como si estuvieran en Turín. Aplaudieron insistentemente a las jugadoras desde la distancia. Una temporada casi perfecta no la anularía esa derrota. Y aunque la distancia sí continúa existiendo cuando se habla del Lyon, las jugadoras ya han demostrado que lucharán hasta desvanecerla.