Fútbol sin fronteras

La libreta de Abderrahman: un pedacito de Marruecos en el corazón de Catalunya

  • Abderrahman El Haitout, antigua estrella en Lalla Mimouna, su ciudad natal, dirige ahora dos equipos de fútbol aficionado en Osona.

  • De los 50 jugadores que tiene a sus órdenes, casi todos son de orígenes marroquís, aunque también hay algún maliense y algún senegalés

Abderrahman El Haitout, antes de un entrenamiento.

Abderrahman El Haitout, antes de un entrenamiento. / EP

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Arnau Segura

De pequeño, le apasionaban el kárate, "por las películas de Bruce Lee", y el fútbol, explica Abderrahman El Haitout (Lalla Mimouna, 1966). Cuando se quita la mascarilla, después de ocho horas en un matadero de Roda de Ter, brota una sonrisa de oreja a oreja.

Le brillan los ojos cuando recita nombres de los futbolistas que, de niño, en Marruecos, admiraba sentado ante la televisión. "Maradona. Y antes, Cruyff y Schuster. Y Boniek y Paolo Rossi, el pichichi del Mundial de 1982. Y Buyo, Chendo, Gallego y Gordillo, del Madrid. Y Breitner y Rummenigge, del Bayern de Múnich. Los veía en la tele y después intentaba imitar lo que hacían. Me gusta mucho el fútbol", prosigue.

La admiración del hijo

Descubrió el fútbol, "una vía de escape para huir de problemas", entre las calles y el campo de tierra de Lalla Mimouna, una ciudad "pequeña, olvidada y perdida" a medio camino entre Nador y Tánger. Y fue creciendo y rompiendo récords hasta convertirse en el orgullo de la ciudad, jugando siempre como mediapunta.

"En Marruecos, mucha gente me decía Maradona. Por el juego, el '10' y el pelo", dice Abderrahman, desandando el camino. Sentado a su lado, en un banco del campo de fútbol de Folgueroles, en Osona, su hijo mayor, Tarik (Vic, 1994), habla de su padre con admiración, con los ojos desorbitados. Habla de un futbolista que durante la segunda mitad de los 80, calzando unas Patrick, volaba por los campos haciendo goles y que llegó a jugar en la segunda división marroquí.

Grave lesión

Parecía inevitable que tarde o temprano aterrizara en la máxima categoría y, aún más, en la selección, pero una grave lesión en la rodilla derecha rompió de golpe y para siempre su progresión y le condenó a las gradas. "En un partido, saltando para cabecear la pelota, hice un mal gesto al caer por culpa de una piedra y me destrocé el ligamento cruzado, el interno y parte del externo. Y entonces no había los médicos de ahora", suspira Abderrahman, que llegó a Vic en el año 1992, mientras enseña fotografías suyas de antaño en campos llenos de gente y palmeras.

Abderrahman El Haitout, junto a su hijo Tarik.

/ EP

Los recuerdos de su fútbol han sobrevivido al paso del tiempo, resguardados en álbumes repletos de fotografías que padre e hijo visitan frecuentemente y, también, en la memoria de Lalla Mimouna. El pueblo ha crecido y cambiado, y ahora la mayoría de calles ya están asfaltadas e iluminadas, pero las plazas aún hablan de sus goles.

"Cuando volvemos, casi cada año, todo el mundo le saluda. Y a mi también. La gente me conoce, sin haber vivido nunca ahí. Me dicen: 'Tú eres el hijo de un hombre que hizo que este pueblo fuera reconocido en todo Marruecos y que nos ha hecho muy felices'. Y me cuentan historias de goles de falta, de córner, de fuera del área. Incluso desde el centro del campo. Siempre es lo mismo, pero me encanta. Dio al pueblo un motivo para sentirse orgulloso. Lo puso en el mapa", afirma Tarik.

La liga de Osona

Por herencia genética, empezó a jugar al fútbol antes de tener consciencia, en Vic. "No sabía ni ponerse la ropa de fútbol y ya estaba en el campo", sonríe Abderrahman. "Me ponía en el centro del campo y daba vueltas por ahí", añade Tarik, mientras su padre pide disculpas por ausentarse unos instantes. "Un minuto. Ahora vuelvo".

La plantilla del equipo de veteranos del FC Lalla Mimouna.

/ EP

Camina, cojeando ligeramente, hacia el centro del campo de Folgueroles para dirigir el entrenamiento del equipo de veteranos del FC Lalla Mimouna, nacido este año. También entrena el equipo que el 3 de octubre debutó en la liga de futbol aficionado de Osona con una victoria en Torelló.

Entre los dos equipos suman más de 50 jugadores. Casi todos son de orígenes marroquís, aunque también hay algún maliense y algún senegalés. "Soy el entrenador, el presidente y el responsable del dinero, de las llaves, de la ropa y de todo", asegura, radiante, llevando una bolsa cargada de balones.

Las raíces de la familia

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Hace dos fines de semana, justo después de ganar en el estreno liguero, Abderrahman publicó en Facebook un vídeo, en árabe, para compartir el triunfo con sus antiguos vecinos y amigos, mientras sus jugadores le escuchaban, aún con la camiseta de juego: con la inscripción 'Lalla Mimouna Barcelona' en el pecho.

"Es un orgullo defender las raíces de la familia", asiente el hijo, jugador de los dos equipos. "Enseñar el nombre de mi pueblo me hace muy feliz. Es un honor poder pasearlo y descubrirlo a la gente", enfatiza el padre. "Tengo Lalla Mimouna en el corazón, muy muy adentro", concluye Abderrahman, feliz de haber llevado un pedacito de Marruecos al corazón de Catalunya.

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