02 abr 2020

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CRISIS SIN SOLUCIÓN

El Reus, al borde de la desaparición

Joan Vidal

La ’melé’ de futbolistas del Reus antes de enfrentarse y ganar 0-1 al líder, el Alcorcón.

La ’melé’ de futbolistas del Reus antes de enfrentarse y ganar 0-1 al líder, el Alcorcón.

“No puedo asegurar que el Reus termine la temporada”. Las declaraciones de Javier Tebas, presidente de LaLiga, han encendido las alarmas definitivamente. Ya no es cuestión de horas, días o semanas.

La viabilidad del Reus Deportiu está en estos momentos en manos de los jugadores. La injusticia es tal que la desaparición de un club histórico pasa por la decisión de una plantilla que no ha hecho más que sufrir durante toda la campaña. No hay margen de maniobra, las cartas están encima de la mesa una vez concluida la reunión de esta tarde en Madrid entre la patronal, la AFE y los jugadores.

Las opciones están claras y la plantilla debe definir la dirección que toma. Por un lado puede aceptar cobrar los tres meses de atrasos en sus nóminas a través del aval que el club tiene depositado en Laliga. Una posibilidad que salvaría a la entidad reusense y que limpiaría la imagen de la competición, pero que en ningún caso beneficiaria a los protagonistas del espectáculo ya que alargaría más su agonía un tiempo inexacto.

Posibilidades con puertas abiertas

Por otro lado, pueden denunciar al Reus Deportiu y así marcharse en enero como agentes libres. El convenio colectivo entre LaLiga y el CF Reus permite que, si la plantilla informa de los tres meses de impagos, hasta 12 jugadores pueden quedar disponibles para firmar por cualquier otro club.

Actualmente la plantilla del Baix Camp cuenta con 16 fichas, con lo que si 12 aceptaran marcharse, el club se quedaría con cuatro integrantes y no se podrían disputar partidos. Vitor Silva, Yoda y Tito Ortiz no tienen ficha desde el inicio del campeonato, con lo que finalmente no computan como parte de los 12 que se pueden marchar.

Ellos tienen la puerta de salida más clara que nadie. Desaparición o descenso administrativo. La puntilla para un serial lamentable del que Joan Oliver, máximo accionista del club, es el único y gran culpable. Su silencio hace más daño que servicio. Cinco millones de deuda y la incapacidad de encontrar un comprador capaz de asumir una nefasta gestión. Una vergüenza.

Descenso administrativo

Cobrar tres meses de un aval precipitaría inmediatamente al club a un descenso administrativo al final de la temporada, pero por lo menos la imagen exterior de la competición no se vería dañada. Tebas espera esta resolución pero los jugadores tienen la última palabra. La situación es insostenible y el grupo, de vuelta a casa, sigue reunido para encontrar una solución que será traumática de todas formas.

Los futbolistas ya han demostrado sobre el césped su profesionalidad, nadie puede recriminar absolutamente nada a unos jugadores y técnicos que han limpiado lo que otros han ensuciado. La competición vive unos instantes bochornosos, es inexplicable que se llegue a este punto, pero el cronómetro avanza para dictaminar el final. Nada volverá a ser como antes en la calle Recasens y Mercader.

La afición, desolada, sabe, desde hace días, que las opciones de permanecer en la categoría de plata del fútbol español son más que escasas. La ilusión del otro día, tras el 'Alcorconazo', será probablemente la última alegría de una entidad que llegará a un final deplorable en las próximas horas. Una victoria a domicilio, ante el líder, que será recordada por la protesta al iniciarse el partido.

Un minuto de inactividad que dolió y afectó, a partes iguales, a una competición que no ha sabido manejar de mejor forma un problema que puede afectar a más clubs de la categoría. Lo que empieza mal siempre puede acabar peor. Todo comenzó a dos días de inaugurar el campeonato. La imposibilidad de realizar fichas a los jugadores, por el límite salarial, fue el primer síntoma que algo se torcía. Tras la Junta General de Accionistas, el 30 de octubre, las señales se convirtieron en certezas.

El club, a la deriva, no ha sabido encauzar un rumbo erróneo.