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Atentos al Periscope

EMILIO PÉREZ DE ROZAS

Cuentan que mi amigo Albert Montagut, que sí sabe quién es Derek Jeter (sí, ya sé que somos muy pocos los que sabemos, en España, quién es el mítico short stop de los Yankees de Nueva York, ya retirado), intentó ponerle puertas al campo, poniendo un poco de sentido común, el menos común de los sentidos, a un entretenimiento que muchas estrellas, lideradas por Gerard Piqué, han terminado convirtiendo en un juego y en un auténtico quebradero de cabeza para el Barça.

Montagut estudió la manera de acotar el uso, por parte de las figuras culés, de las redes sociales y, muy especialmente, de Twitter. Pero el tema se ha convertido ya no solo en una manera de controlar su propia información, sino en un negocio. Es evidente que cuando alguien tiene 12 millones de seguidores, se llama Piqué, viste la camiseta del Barça y tiene como compañera a Shakira lo que pueda ocurrirle al Barça a partir de su juguete o puedan interpretar los medios, que solo tienen miles de lectores y oyentes, no le preocupa. Ahora que hasta Antonio Caño, director de El País, se ha apuntado, siguiendo la directrices de Juan Luis Cebrián, al entierro del papel, Piqué acaba de dar, a través del ya famoso Periscope, el pistoletazo de salida a la jubilación masiva de periodistas.

Cuentan que Montagut descubrió que en su amada NBA, béisbol y fútbol americano, donde los periodistas entran en el vestuario para hablar con los chicos al término del partido, la regla que impera (además del sentido común, por supuesto) es que mientras tú estás bajo la disciplina del club (entrenamientos, partidos, vestuario, concentraciones, viajes….) no puedes hacer uso de las redes. Luego, en casa, en tu vida privada, puedes hacer lo que te apetezca. Y sino que se lo digan al bueno de Jorge Lorenzo al que le cayeron chuzos de punta cuando mostró aquí su mansión, gesto que, en EEUU, le hubiese supuesto aún más admiración. O como ese cubano rico, rico, llamado Yoenis Céspedes, sí también jugador de béisbol, de los Mets de NY, que va cada día a entrenarse (y lo promueve en Twitter) con un coche distinto: Lamborghini Aventador (lunes), Ford F-250 (martes), Polaris Slingshot (miércoles), Jeep Avorza (jueves), Alfa Romeo (viernes)…

Pero esto ya es un negocio. Y un negocio de listos. Y Piqué lleva las de ganar. De momento. No deja de ser sospechoso, mira tú, que la primera vez que el central utilizó el Periscope (29 de febrero, tras el partido ante el Sevilla) fuese cuatro días después de cenar con su amigo Mark Zuckerberg, creador de Facebook, en el Cotton House de Barcelona. Fue Zuckerberg, que en febrero del 2010 sentenció que «la era de la privacidad ha acabado», quien le descubrió a Piqué el truco del vídeo en directo.

Ah, por cierto, el mítico Derek Jeter, el Michael Jordan del béisbol, se despidió de las Grandes Ligas durante todo el 2014 siendo ovacionado cada noche por los miles y miles de espectadores que llenaron todos los estadios de EEUU en los que Jeter jugó sus últimos 162 partidos. Jeter, evidentemente, no se había enemistado con afición alguna y se despidió como lo que fue, el ídolo de todos.

Ya sabemos que Piqué ni quiere ni busca ni necesita una jubilación así. Tiene suficiente con sus 12 millones de seguidores. Y su Periscope.

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