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La ronda ciclista francesa

Contador se cae, se rompe la pierna y deja huérfano el Tour

Nibali se queda solo y se exhibe ante Porte y Valverde, que se instala de momento en el podio

Sergi López-Egea

Llueve demasiado en este Tour y las gotas de lluvia parecen lágrimas, por los caídos en combate, por los que querían luchar, por los que estaban y ya no están. Alberto Contador quería ganar el Tour. Y a buen seguro, a pesar del bravo e incuestionable Vincenzo Nibali, lo habría logrado. Era su año. Lo era... hasta que no vio un agujero en plena calzada, en el descenso del Petit Ballon, uno de esos puertos que ya siempre serán malditos en la historia del Tour, infames, tal cual lo es el Col de Menté, porque allí se acabaron los sueños de Luis Ocaña, en 1971.

Contador quería ganar en La Planche des Belles Filles, montaña de los Vosgos. Se había visto fuerte, enorme, altivo, mágico, en la subida a Gérardmer del sábado pasado. Había visto resoplar a Nibali. Y eso era una señal. «Enchúfate delante de la tele y no te pierdas la etapa. Voy a por la victoria y a sacar tiempo». Se lo dijo, por la mañana, a su compañero, amigo, madrileño como él, residente en Suiza, como él, y retirado del Tour por caída, como él, Jesús Hernández. Y acabó con la tibia rota.

Cuando un ciclista se cae, lo primero que hace es recoger la bici y montarse de nuevo. Es la señal de que no se ha hecho daño. Pero cuando se queda parado, cuando espera al médico es que hay algo más. Es que el Tour se queda huérfano. Es que el día es gris, que ya está bien de llover y de hacer frío, que Contador es de secano, de Madrid, tierra de calor veraniego. Lo intentó durante 20 kilómetros. ¡20 kilómetros montado en la bici con la tibia rota! Y no pudo más. Se dirigió al coche, que lo seguía, ya descolgado del pelotón, con Bjarne Riis de copiloto. «No puedo más y aquí me quedo», como si fueran los versos de José Agustín Goytisolo.

El Tour 2014 tenía dos hijos predilectos, predestinados a un duelo que jamás se producirá. Chris Froome y Alberto Contador, al más puro estilo de Fausto Coppi y Gino Bartali, de Jacques Anquetil y Raymond Poulidor, de Eddy Merckx y Luis Ocaña. Y por primera vez en 101 ediciones los dos grandes favoritos cayeron y dijeron adiós.  Contador impactó contra el asfalto, al lado de Nibali, al que dio alas, liberado de la presión del madrileño.  Quisieron todos, con ese fair play, discutido por algunos, pero admirado por otros, esperar a Contador. Pero no venía. Solo se habían superado 80 kilómetros de la etapa y quedaba la mitad del recorrido y cinco puertos por delante.

Mientras dominó al dolor, Contador, auxiliado por su equipo, recortó tiempo. ¡Y con la tibia rota! Pero cuando despertó el dolor (también tenía un traumatismo en el codo derecho) vio que era un imposible seguir.

LIBERACIÓN DE NIBALI / Nibali, libre como un pájaro, ya en la subida a La Planche des Belles Files no se lo pensó dos veces. A por la victoria, a demostrar que por algo fue el mejor en los repechos británicos y en los resbaladizos adoquines. Alejandro Valverde trató de seguirle. Inteligente, como debe correr a partir de ahora, prefirió perder unos segundos, instalarse en el podio y esperar el sol. Siempre quedará Valverde.

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