La situación azulgrana

Alcántara, el primer 'crack'

El libro 'Paulino' (Ed. Saldonar) detalla la trayectoria vital y deportiva del hasta ahora máximo goleador del Barça Las gestas del filipino motivaron la construcción de Les Corts

Goleador legendario 8 Paulino Alcántara remata acrobáticamente de cabeza en un partido ante el Espanyol.

Goleador legendario 8 Paulino Alcántara remata acrobáticamente de cabeza en un partido ante el Espanyol. / ARCHIVO

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ÁNGEL ITURRIAGA / DAVID VALERO (*)

Se llamaba Paulino Alcántara. Era un interior izquierdo filipino de tez morena y apariencia enclenque que entre 1912 y 1927 jugó en el Barcelona. Un chico de aspecto tímido que siempre llevaba un pañuelo blanco colgando del pantalón. Le apodaban el Romperredes por reventar una malla en un partido internacional disputado en Burdeos. Tras casi 90 años como máximo goleador de la historia barcelonista, ha tenido que llegar un extraterrestre, Leo Messi, para arrebatarle un récord que parecía inalcanzable. El argentino suma 371 goles en 457 encuentros, dos más que Alcántara en 357 partidos con la zamarra azulgrana.

LOS ORÍGENES

Creador virtual de la cantera barcelonista

Apasionado por el fútbol desde que vio un partido entre el Barça y un equipo de marineros ingleses, pasaba infinidad de horas jugando con sus amigos, entre los que estaban los hermanos Armet, míticos jugadores de los años 20, especialmente Kinké, que está considerado el fundador de la escuela futbolística andaluza en su etapa en el Sevilla. Juntos jugaban en el estadio de Galvany, en la plaza que estaba junto al convento de las capuchinas, destruido en la Semana Trágica.

Posteriormente, jugaron partidos inacabables en la plaza del Doctor Letamendi que tenían su prórroga en la cercana acera de la Universitat, que estaba alumbrada por focos municipales. Paulino tenía mala salud y los médicos le prohibieron el fútbol. Pero él jugaba igualmente, a hurtadillas, primero apuntándose al Universitary hasta que a los 13 años logró las dos pesetas necesarias para ser socio del Barça. Una vez dentro, habló con el presidente Joan Gamper para crear el primer equipo infantil  del club. De alguna forma, se puede decir que fue el fundador de la cantera azulgrana, aunque lo único que él realmente buscaba era jugar. Dos años después, Gamper le hizo debutar con el primer equipo.

LA CONSOLIDACIÓN

Puntal de la primera edad de oro

Se considera que la primera edad de oro del Barça se produce en los años 20, un periodo acotado entre 1919, con el debut de varios jugadores que harán historia, y 1929, con la consecución del primer título de Liga. A partir de ese momento, se iniciaría un cierto declive que transformaría la década de los 30 en una travesía por el desierto. Ese equipo de los años 20 era una combinación perfecta de veteranos con jóvenes estrellas que marcarían época en el club y también en el fútbol español. El galvanizador de esas dos generaciones fue, sin duda, Alcántara. Todos ellos convirtieron el fútbol en deporte de masas, lo que dejó pequeño el campo de la calle de Indústria y obligó a Gamper a construir el de Les Corts.

FINAL DE UNA ERA

El regreso tras la sanción a Gamper

Las obligaciones de Alcántara más allá de los terrenos de juego provocaron que protagonizase diversos amagos de retirada. Primero, los estudios de Medicina y, más tarde, el ejercicio profesional como urólogo eran actividades muy difíciles de compatibilizar con el fútbol y su papel de capitán del equipo. No obstante, la amenaza de abandonar el fútbol más seria se debió a un explosivo incidente con Gamper por sus diferencias respecto a lo que debía ser la gestión de la entidad. En 1924, con el ambiente enrarecido por una escandalosa derrota en el Campeonato de España frente al Real Unión de Irún, se produjo una discusión entre ambos que desembocó en una serie de cartas cruzadas llenas de acusaciones mutuas. El filipino, ofendido, prometería no volver vestir la camiseta azulgrana mientras mandase Gamper.

Pero la realidad a menudo tiene giros sorprendentes y el 14 de junio de 1925 ocurrió uno de ellos: en un amistoso frente al Júpiter, la afición culé silbó de forma unánime el himno español, lo que conllevó durísimas sanciones por parte de las autoridades y la desaparición de Gamper de la escena barcelonista. Ante la súbita ausencia del presidente, Alcántara no encontró razones para seguir apartado de la disciplina del club y optó por volver a calzarse las botas, con lo que todos los barcelonistas tuvieron una propina inesperada de dos temporadas extras de Alcántara, el eterno goleador.

EDUCACIÓN ESTRICTA

Marcado por su padre, militar de carrera

Desde su más tierna infancia, Paulino recibió una educación estricta por parte de su padre, Eduardo, militar español destinado en Filipinas. Casado con Victoriana Riestra, filipina, tuvieron siete hijos. En 1899, la familia se mudó a Barcelona. Formado en los jesuitas de la calle de Casp, su padre le inculcó la importancia de la obligación respecto a la devoción. Formado desde una disciplina marcial, solo se le permitía jugar a fútbol a cambio de no descuidar los estudios. Tal y como deseaba su familia, completó la carrera de Medicina en Filipinas, mientras en Barcelona se tiraban de los pelos ante la pérdida de la gran estrella del equipo entre 1916 y 1918.

Tras su vuelta a Barcelona, fue junto a Samitier la figura del equipo en los años 20. Sin embargo, siempre antepuso su carrera profesional a la deportiva, hasta el punto de que terminó por dejar el fútbol en 1927, a los 31 años, justo cuando el profesionalismo había eclosionado y estaba a punto de crearse el campeonato de Liga. Establecido como un reconocido urólogo con consulta en la calle de Unió, le cogió la guerra vivil de vacaciones en Vilassar de Mar.

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Por entonces, contaba 40 años, estaba casado y tenía dos hijos. Emigró en un primer momento con su familia a Francia. Aunque pudo quedarse en el país vecino, tres meses después del comienzo de la guerra se presentó voluntario en la Junta Carlista de Pamplona. Con el cargo de alférez médico, trabajó en un Hospital de Zaragoza. Luego, formó parte de los Flechas Negras mussolinianos y ejerció como doctor en diferentes frentes, ya como teniente médico.

Después de la guerra, fue miembro de varias juntas directivas del Barça, club al que estuvo vinculado hasta su muerte y fue el alma máter de la agrupación de veteranos del club, creada para ayudar a antiguos jugadores con problemas económicos.