Ir a contenido

CONFLICTO EN UN CLUB HISTÓRICO

«Sin Subirana no se nada»

El Club Natació L'Hospitalet se queda sin nadadores al irse todos con el técnico despedido

JOAN CARLES ARMENGOL
L'HOSPITALET

Es un histórico de la natación catalana. Por sus piscinas han pasado campeones y campeonas de la talla de Mireia Belmonte, Erika Villaécija, Mireia García, Teo Edo, Kiko Hervás y Maria Àngels Bardina (la anterior presidenta). Si ahora cualquiera de ellos se diera un paseo hasta las excelentes piscinas (una de 50 metros climatizada y otra de 25 metros cubierta) del Club Natació L'Hospitalet, se daría cuenta fácilmente de que no queda ni un nadador del equipo del club en ellas.

El despido del técnico Carles Subirana ha sido, según los padres y madres de los nadadores, el detonante, la última gota que colmó el vaso de los despropósitos de una junta directiva debilitada a la que acusan de destinar todos los recursos que les llega del ayuntamiento de la ciudad (unos 110.000 euros en el ejercicio 2011) al waterpolo, en detrimento de la natación, la otra sección estrella del club.

Subirana, exseleccionador del equipo español y que fue llamado por el club en noviembre del 2010 para reactivar la natación, recibió un burofax en diciembre del 2011 -cuando estaba en los Campeonatos de España en Madrid con algunos nadadores- comunicándole su despido fulminante, aunque sin especificar los motivos. El regreso del entrenador al aeropuerto del Prat fue una manifestación de adhesiones de las madres y los padres de los nadadores. «Sin Subirana, aquí no se nada», rezaba una de las pancartas el pasado 18 de diciembre. Un total de 74 nadadores de entre 9 y 21 años han abandonado desde aquel mismo día las instalaciones del club para seguir entrenando con Subirana en la piscina del colegio Sant Josep Obrer, también en L'Hospitalet. En el club apenas siguen una decena de niños de la escuela (7-8 años) y un nadador que se quiso quedar porque también juega a waterpolo.

Sin campeonatos

«Prescindimos del entrenador por motivos de disciplina», es la explicación del club a través de su gerente, David Hurtado. «Los nadadores se han ido porque piden a Subirana y no quieren volver porque no reconocen al nuevo entrenador. Es una pena. Se nos acusa de cargarnos la natación, pero no es cierto. La subvención va a parar al club, no al waterpolo, y nuestra filosofía es apoyar a todo deportista que compita hasta las últimas consecuencias bajo el régimen del club», asegura Hurtado.

Sin embargo, los hechos parecen desmentir esa filosofía de que presume el club. Por primera vez en 40 años, los nadadores se han quedado sin poder competir en campeonatos oficiales porque el club ha retirado su inscripción o bien no los ha inscrito, directamente. Incluso 14 nadadores que se presentaron el pasado 21 de enero en el club para participar en un campeonato alevín que organizaba el propio L'Hospitalet vieron denegada la posibilidad de hacerlo por orden de la nueva presidenta, Dolores Calero. Dos agentes de la Guàrdia Urbana, llamados por no se sabe quién, se personaron en las instalaciones para evitar «posibles altercados».

La propia alcaldesa de la ciudad, la socialista Núria Marín, ha tenido que tomar cartas en el asunto y se ha ofrecido a mediar en la rebelión de los nadadores del club. Presidió una reunión, el pasado viernes, de las que salieron dos propuestas que ambas partes deben estudiar: el club ofrece la carta de libertad a los nadadores hasta final de temporada para que puedan competir por otro club (aunque los padres no quieren asumir todo el coste); los padres quieren volver a utilizar las instalaciones de su club, sufragando ellos los gastos del entrenador (cosa que ya hacen ahora, con una cuota que aceptaron subirse de 11 a 35 euros por niño). Ambas partes han quedado pendientes de una nueva reunión.

En manos de abogados

Mientras los padres han puesto el asunto en manos de una abogada (acusan al club de irregularidades, mala gestión, ocultación de documentos y la «destitución cobarde» del entrenador), Subirana también se mueve entre letrados para demostrar la improcedencia de su despido. Las acusaciones de no ir uniformado, ocupar más calles de las permitidas en la piscina, reclamar un cronómetro, faltar al trabajo sin justificantes o faltar al respeto a personal del área de Deportes del ayuntamiento son desmontadas, una por una, por los propios progenitores de los deportistas. «Se ha ganado el cariño por su trato humano», dice una madre.

0 Comentarios
cargando