La Liga de Campeones

'Ibra' se pierde la primera clase de Champions

El delantero sueco alegó una lesión en el aductor para no viajar con un Milan que califica al Barça de Guardiola como «el mejor del mundo»

Busquets, de espaldas, Cesc y Puyol, en el ensayo de ayer.

Busquets, de espaldas, Cesc y Puyol, en el ensayo de ayer. / JORDI COTRINA

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JOAN DOMÈNECH
BARCELONA

Del Manchester al Milan y de Wembley al Camp Nou. El azar quiso que el Barça reanude esta noche su camino en la Champions por todo lo alto, frente al último equipo que marcó una era en el fútbol moderno antes de la espectacular irrupción de Pep Guardiola. En otros tiempos no muy lejanos, el culé aguardaría la visita del cuadro italiano con inquietud, si no con miedo. Pero ahora, ante el imperial conjunto azulgrana (campeón, semifinalista y campeón, sucesivamente, de los tres últimos años) ese es el sentimiento que anida en el Milan. «El Barcelona es el mejor equipo del mundo», repitieron ayer Adriano Galliani, director general, y Massimiliano Allegri, entrenador, del cuadro rojinegro.

Al miedo, insinuaban periodistas italianos y suecos, se achacaba la sonada ausencia de Zlatan Ibrahimovic para el partido del reencuentro. El delantero se ausentará de la clase de filosofía de Guardiola y el Bar-

ça esgrimiendo un justificante: unas molestias en el aductor derecho que notó ayer. Acreditadas, eso sí, por unas pruebas médicas realizadas en Milanello. El ardor guerrero que se sospechaba de Ibra lo pondrá Mark van Bommel, sin ningún miedo al regreso, como tampoco lo tiene Zambrotta, viejas reminiscencias ambas del Barça de Frank Rijkaard.

DOS ERAS COMPARABLES / Aquel equipo fue el germen del Barça de Guardiola, cuyo dominio futbolístico le emparenta al Milan de Arrigo Sacchi. Una formación demoledora aún recordada de carrerilla, compuesta por ocho italianos y tres holandeses (Van Basten, Rijkaard y Gullit), que coparon los tres primeros puestos del Balón de Oro. Como Messi, Xavi e Iniesta. Fabio Capello continuó luego la obra de Sacchi, pero nunca disfrutó de los elogios que cultivó su predecesor.

Han transcurrido 20 años. De aquel Milan no queda ni rastro, más allá de un formidable palmarés (y Berlusconi y Galliani, sus máximos dirigentes) y, en cambio, este Barça remite a aquel que empezaba a caminar de la mano de Cruyff. Guardiola, entonces alumno, mantuvo la filosofía y perfeccionó las clases, hasta el punto de que sus hombres se saben el temario de memoria.

El Milan no conservó el libro de Sacchi y, fiel al espíritu italiano de conformarse con el resultado, cambiará de sistema para llevarse un empate. «Defendernos sería un suicidio», dijo Allegri, tras reconocer que reforzará el centro del campo. Su equipo comparecerá con un colchón anímico. A pesar del regusto amargo del empate en el estreno liguero. El Milan y el Barça son los favoritos que deben repartirse las dos plazas que conducen a los octavos.

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NADA PRESIONADO / Ese es el único objetivo que se ha trazado Guardiola. «Si alguien no es favorito somos nosotros, porque desde hace 20 años, desde el Milan de Sacchi, nadie revalida el título», argumentó el técnico azulgrana. Ahí surge uno de los retos del Barça. «Defender la copa de Wembley no supone ningún peso, porque no nos obliga a nada, pero siempre es mejor defender un título que no hacerlo», añadió Guardiola, que catalogó de «fundamental» iniciar la competición con una victoria. Sobre todo, en casa. Tras el entrenamiento se llevó a un hotel a los 19 jugadores disponibles. Solo durmieron en su cama Piqué y Alexis, los lesionados del equipo.

También durmió en la suya Ibrahimovic, que se reserva el reencuentro con sus excompañeros para el partido de vuelta. «Los jugadores van y vienen, y con mejores o peores resultados, la camiseta del Milan sigue siendo grande», explicó Guardiola con admiración. A él y a los suyos, además de admiración, ahora ya les tienen miedo.