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Está muy claro: Cesc Fàbregas prefiere la Charity Shield

Emilio Pérez de Rozas

Venga, ya está. Historia archivada, tema resuelto, especulación acabada, portadas finiquitadas, culebrón agotado. Nervios a su sitio. Unos ya han dejado de sufrir (dicen que a Florentino Pérez le preocupaba horrores que el Barça fichase a Cesc Fàbregas), otros (la gent blaugrana) de soñar y la directiva del Barça, aquella que a pocos días de las elecciones aseguró que sería muy fácil contratar al catalán, de hacer el ridículo.

Y Cesc, feliz y contento, en su maravillosa y lluviosa Londres, en su elegante y rico Arsenal, junto al no menos caballeroso (no ¿verdad?, ese adjetivo no le pega mucho) Arsène Wenger, con esa camiseta que le va que ni pintada, cobrando sus buenos millones de euros (merecidos, no lo dudo), aparcando su catalán y buscando un inglés aún más erudito, liderando ese equipazo que, en los últimos años, bueno, desde que él llegó en el 2003, ha ganado la friolera de dos títulos: una Copa y, eso sí, una Charity Shield. Así que Cesc volverá a pelear este año por una plaza en la Champions del 2011-12.

Todo lo que el Barça podía hacer por él ya lo ha hecho y ni siquiera así ha conseguido que se rebelase, de verdad, para abandonar el Arsenal. Porque me temo que Cesc es el único futbolista, la única gran estrella que, queriendo (o eso dijo), deseándolo (o eso comentó), no ha podido abandonar el club en el que está. Me temo, lo siento, que Cesc no ha querido, de verdad, dejar el Arsenal, enfrentarse a su club (como hizo en su tiempo Etoo para vestirse de azulgrana), mirar con los ojos ensangrentados a Wenger diciéndole: «Móntatelo como quieras, pero me voy». Ni lo ha hecho, ni lo hará.

Y como el Barça, insisto, ya ha hecho por el chaval de Arenys todo lo que tenía que hacer (lo parió, le enseñó a jugar, le inoculó el virus cruyffista y hasta le ha hecho campeón de Europa y del mundo), alguien ha decidido que hasta aquí podíamos llegar. Y como tanto a Pep Guardiola como a Andoni Zubizarreta les encanta la cantera azulgrana y, encima, son muy atrevidos, han decidido que el tren de Cesc ya ha pasado. Veremos si pasa otra vez. Porque, como dice un amigo mío, que, por suerte, no tiene nada que ver con este negocio: «Dios dijo hermanos, no primos». Y es ahora cuando me acuerdo de una frase que Sandro Rosell dijo, el pasado 7 de julio, al diario Sport: «¿Cesc? O ahora o nunca». Pues va a ser nunca. Se diría que el muchacho prefiere acumular Charity o Community Shield que Champions.

Y es que, como contó Zubizarreta, el problema de Cesc no es que tenga contrato con el Arsenal hasta el 2014 (alguien que suspira por el Barça no renueva hasta el 2014). El problema es que abandonó el Bar-

ça y otros ocuparon su sitio. «La solución de Cesc es que no se hubiese ido», dijo el nuevo director deportivo. A otra cosa, mariposa.

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