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mirador

De nuevo en manos del de siempre

Emilio Pérez de Rozas

Primera estación: enojamos a Cruyff, virtual presidente de honor hasta el punto que devuelve la medalla. Segunda estación: descubrimos, ante la carcajada generalizada de todo Madrid, de todo el Madrid, incluido Florentino Pérez, que el Barça no tiene un duro. Tercera parada: vendemos, para poder pagar las nóminas, a Chigrinskiy, pese a que Pep Guardiola confiaba en él. Cuarta cruz: renovamos clandestinamente al míster, sin conferencia de prensa ni nada. Y por solo una temporada. Quinto vía crucis: pedimos un préstamo de 155 millones de euros para ir tirando. Sexto episodio doloroso: le confesamos a la parroquia (poco importa lo que dijimos en campaña) que no nos vamos a volver locos por Cesc. Ni queremos ni podemos ni el Arsenal lo suelta. Eso sí, no aprovechamos la ocasión (hubiese sido todo un detallazo de los nuevos) para decir que Txiki y Laporta acertaron de pleno en fichar a Villa antes de que el Mundial, el título, su actuación y goles disparasen su precio. Última estación: contratamos a Adriano porsiaca, como dicen mis hijos.

Nadie dijo que esto iba a ser un camino de rosas. Nadie. Pero siento decir, con harto dolor de mi corazón e intentando trasladar el pensamiento de muchísimos culés que, desde que entraron en el club, las huestes de Sandro Rosell no han generado, de momento, ilusión alguna. Cierto, puede que la situación sea (esperemos que las auditorías les den la razón y, mejor ¿o peor¿ aún, esperemos que las enseñen) tan sospechosamente comprometida como pregonan los nuevos ocupantes. De forma y manera que al culé, al auténtico culé, al culé que solo le interesa el fútbol, el virtuosismo de Messi, Xavi, Iniesta & cía, solo le queda, de nuevo, lo mismo de siempre: agarrarse a Guardiola, colgarse de Guardiola, creer en Guardiola, adorar a Guardiola, idolatrar a Guardiola, confiar en Guardiola y, sobre todo, oírle decir, como dirá, no se preocupen, que está más animado que nunca, que seguimos teniendo el mejor equipo del mundo y que vamos a trabajar (eso sí, encerrados en la ciudad deportiva, aislados de todos) por el bien del club. Guardiola, cómo no, es el único que no falla. Nunca. Tenga o no tenga contrato. Con Laporta o con Rosell.

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