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INVESTIGACIÓN SOBRE EL LADO OSCURO DEL FÚTBOL

Javier Raluy investiga por primera vez de forma científica la violencia contra los árbitros amateurs

ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

Para la tesina de fin de carrera, podía haber elegido el narcotráfico, la trata de blancas o la violencia juvenil, asuntos más típicos de una ciencia como la criminología. Pero el criminólogo canario Javier Raluy optó por algo muy distinto, por una violencia que había vivido en carne viva. Para sorpresa de todos, Raluy decidió investigar la violencia contra los árbitros de fútbol amateur.

Este miembro de la Asociación de Criminólogos de Canarias, que durante años había sido árbitro en divisiones inferiores, se lanzó a estudiar una violencia que "aunque nadie denuncie nada, hace que en España cada fin de semana se roce la tragedia".

Mejor que no salga en acta

Durante el Congreso Mundial de Criminología celebrado en Barcelona, Raluy presentó su investigación, la primera de este tipo que se hace en España. Durante meses, Raluy analizó todas las agresiones sufridas por colegiados del Colegio de Árbitros de Las Palmas en todas las categorías. Raluy radiografió 1.583 actas arbitrales y sometió a un cuestionario a 47 colegiados.

El recuento es escalofriante: 38 agresiones físicas, 215 verbales, 64 agresiones frustradas y 192 actos de menosprecio. Y eso solo en cuanto a hechos que constan en las actas. "Hay muchos incidentes que no se hacen constar. Existe la idea de que el árbitro que es agredido es porque lo ha hecho mal. En el fondo, se cree que es culpa suya. Por eso muchos no ponen por escrito lo que les pasa".

A este criminólogo le indigna que "los árbitros sufren agresiones que, si ocurrieran en cualquier otro lugar, generarían seguro una denuncia ante la policía".

Amenazas con arma blanca

Raluy ha constatado que, en un 49% de casos, el árbitro es agredido por un jugador local y solo en un 15% por los futbolistas del equipo visitante. "Eso es porque los locales tienen una sensación de confianza que da jugar rodeado de tu gente", comenta y hace la lista de agresiones más comunes: empujones, puñetazos, cabezazos y pedradas.

Los insultos y amenazas suelen ser cosa del público local. "Van desde escupitajos e insultos hasta amenazas con arma blanca", alerta. El 70% de esos actos de violencia se produce durante el encuentro y el resto a la finalización, siendo un momento delicado cuando el árbitro va al vestuario. "A mí llegaron a arrojarme una piedra de grandes dimensiones". Además, los árbitros de Primera y Segunda Regional y Preferente sienten mayor inseguridad que los de Tercera y fútbol base.

Raluy alerta ahora de un fenómeno nuevo. "Cada vez hay más inmigrantes que, para conseguir un dinero extra, arbitran partidos. Ellos sufren todo tipo de insultos racistas", explica.

Ser víctima de tantas agresiones pasa factura. "Muchos árbitros lloran tras los partidos y algunos acaban desarrollando cuadros de ansiedad que acaban afectando a su vida privada", cuenta Raluy, que lamenta que las instituciones deportivas "no tengan nada previsto para los colegiados agredidos". "No sabes qué hacer, ni a quién acudir", denuncia.