Entrevista

Pamela Palenciano, actriz y activista: "El antifeminismo no viene solo de la ultraderecha"

La activista y actriz Pamela Palenciano.

La activista y actriz Pamela Palenciano.

  • La actriz y activista Pamela Palenciano lleva años representando ante adolescentes ‘No solo duelen los golpes’, un monólogo que, partiendo de su propia experiencia, plantea una cruda reflexión sobre la violencia de género

  • En 2021, sufrió una campaña de amenazas en redes y fue objeto de una querella de la Asociación de Hombres Maltratados acusándola de fomentar el odio

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Eva Cantón
Eva Cantón

Periodista

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Pamela Palenciano (Andújar, 1982) elige la palabra ‘artivista’, mezcla de activismo y arte, para definirse. Ha trabajado con menores, en El Salvador, y con condenados por violencia machista, en las cárceles de Catalunya. Le gusta hacer un teatro que incomode y transforme y cree que, a pesar de las denuncias y el acoso mediático, su proyecto está más vivo que nunca. Su hijo de 7 años, que se cuela en la entrevista al final de la vídeollamada, expresa un deseo para 2022: “Que se acabe el Covid y que Vox deje en paz a mamá”.

Vivió una experiencia traumática de joven. ¿Cuándo fue consciente de que su novio la violó?

Me violó la primera vez a los 13 años, pero yo tenía 21 cuando me di cuenta porque Maricarmen, mi psicóloga, me pidió escribir una carta-relato contando “mi primera vez” y el titular fue ‘mi novio me violó con todo el amor del mundo’. Ella fue clave para entender que lo que me había pasado no era por ser muy joven, por ser de un pueblo de Jaén o por venir de una familia de clase obrera sino por ser mujer. De hecho, la parte del monólogo que más me quiebra la voz es cuando hablo de la violación. No porque recuerde la mía, porque a nivel terapéutico tiene su sitio, sino porque me llegan mensajes a diario de chicas violadas por sus parejas y de forma múltiple.

¿Por qué decidió contar su experiencia subida en un escenario y llevar su pieza de teatro a los institutos?

Porque un día sufrí un ataque de rabia brutal. ¿Por qué no me habían contado esto antes en el instituto? Maricarmen me propuso que lo hiciera yo a través de una exposición fotográfica y, en la Universidad de Málaga, una profesora de instituto me pidió que fuera a ver a sus alumnos. Me daba vergüenza, pero me presenté ante 30 adolescentes. A los 12 minutos rompí a llorar y no pude continuar. Poco a poco el proyecto se transformó en un taller. Luego, en El Salvador, descubrí con el teatro que podía contar mi historia sin tanto dolor. En 2012, el taller se convierte en un monólogo y en 2019 el pedagogo Dàrio Vantancoli me dirige hacia la versión actual.

Las chicas reconocen la violencia que están enfrentando. A ellos el monólogo les incomoda pero a más de uno le cala y entiende que la masculinidad que está construyendo es dañina

Su proyecto cumplirá pronto 20 años ¿En todo este tiempo la reacción del público ha ido variando?

¡Muchísimo! Hay cosas en común en Cádiz, Navarra, El Salvador o Nicaragua, como que las chicas suelen identificarse a la primera y reconocen la violencia que están enfrentando. A ellos el monólogo les incomoda pero a más de uno le cala y entiende que la masculinidad que está construyendo es dañina. He sido testigo de una evolución hacia arriba y ahora veo cómo está bajando.

¿Por qué está bajando?

La gente cree que Vox es el único responsable porque siembra la duda de que el feminismo es un chiringuito que no tiene que existir y que estamos discriminando a los hombres, pero el antifeminismo no solo viene por la ultraderecha porque no son tantos. Muchos que se creen progresistas, antiespecistas y antitaurinos son antifeministas. ¿Eso como se come? No lo entiendo. En Catalunya, que tiene programas de prevención de la violencia de género desde hace tiempo, también está calando ese discurso. En Rubí, hace un mes, una chica se levantó y me gritó: ‘Me estás adoctrinando’.

Me sorprende que solo se vea un ataque al modelo masculino cuando el femenino también lo hago trizas. Pongo a todas las tías de tontas y ninguna se ha enfadado. Eso es un termómetro

¿Quiénes se sienten más molestos viéndola adoptar los roles del maltratador y la maltratada?

La convención teatral que establezco es la incomodidad porque desmonto el discurso de un sistema en el que parece natural que las diferencias biológicas entre hombre y mujer se conviertan en desigualdades. Los más incómodos son los chicos. Ataco la masculinidad hegemónica y en la adolescencia ellos se esfuerzan en vestir, caminar, hablar y comportarse como el modelo que yo digo que mata, viola, humilla y les hace daño porque les impide ser vulnerables. No digo cómo tienen que ser, sino que piensen cómo no deberían de ser. Me sorprende que solo se vea un ataque al modelo masculino cuando el femenino también lo hago trizas. Pongo a todas las tías de tontas y ninguna se ha enfadado. Eso es un termómetro.

A raíz de una actuación en Linares en 2019, donde tres chicos terminaron abandonando el auditorio, usted recibe una querella de la Asociación de Hombres Maltratados y el pasado 15 de septiembre tuvo que declarar en el juzgado. ¿Cómo se sintió? 

Tuve que defender 18 años de trabajo. De ese monólogo nunca ha habido quejas. Los profesores me felicitaron por la habilidad pedagógica de invitarlos a salir del auditorio y me felicitó la concejalía de la mujer de Linares. ¿Por qué ese vídeo se ha hecho viral en Tik Tok? Porque el pasado 25 de mayo la diputada de Vox Alicia Rubio lo sacó de contexto para decirle a Ayuso que en Madrid hay “basura ideológica”. Ese fragmento fue una diana política entre Vox y el PP.

¿Es la primera vez que le denuncian por algo semejante?

Sí. Tuve dos denuncias anteriores por apología de la violencia y maltrato a menores y las dos se archivaron. Esta es la primera vez que declaro en un juzgado y ahora mismo estoy a la espera. Si me tienen que juzgar que me juzguen cuanto antes porque no solo se ve afectada mi imagen personal y de activista; al tener un proceso judicial abierto, en los consejos escolares hay dudas.

También la han amenazado, incluso de muerte, en las redes sociales. ¿Tiene miedo?

Las amenazas se concentraron entre el 25 de mayo y el 15 de septiembre de 2021, que fue cuando recogí la querella en el juzgado. Después han dejado de amenazarme de muerte. No hay que ser muy listo para ver de dónde venían. Ahora estoy más tranquila, pero he estado aterrorizada. He vivido ocho años en un país como El Salvador y nunca he tenido el pavor que he tenido aquí. No porque me fueran a matar sino porque el discurso de odio ha crecido tanto que cualquier día cualquiera te pega un puñetazo en la calle, sale corriendo y no pasa nada. Pero esta campaña no les va a salir bien. No me van a callar.

El discurso de odio ha crecido tanto que cualquier día alguien te pega un puñetazo en la calle, sale corriendo y no pasa nada

¿Se ha planteado dejar de representar ‘No solo duelen los golpes’? Ahora no, pero durante el tiempo que tuve miedo, sí. Pensé ir de nuevo a El Salvador, dejar el monólogo de golpe o trabajar en otras cosas, pero pasaron los meses y me dije que lo dejaría cuando yo lo decidiera. Ahora bien, ¿será un ingrediente para tomar una decisión? Sí, porque el nivel de daño generado en mí y en mi familia te lleva a pensar que no merece la pena trabajar así. No quiero ser ni mártir ni heroína de ninguna causa.

Hay quien le reprocha un exceso de adoctrinamiento ideológico que no debería darse en centros educativos públicos. ¿Qué les dice?

Que no estoy adoctrinando a nadie, estoy desmontando la doctrina que existe. Los profesores cuando dan clase de matemáticas o historia tienen ideología. La objetividad no existe. En un aula hago que incluso me cuestionen a mí y al feminismo, si quieren. Intento que abran su mente y piensen, que se cuestionen ellos y ellas, a sus familias, a los 'youtubers' y 'tik-tokers' que siguen, que tengan un pensamiento crítico de verdad.

Desde la Ley de violencia de género del 2004 hemos conseguido empoderar a las chicas y ahora faltan referentes de hombres que lloren, que cuiden, que no sean machos alfa

¿Hemos descuidado la educación en valores de los chicos? Creo que sí. Desde la Ley de violencia de género del 2004  hemos conseguido empoderar a las chicas y ahora faltan referentes de hombres que lloren, que cuiden, que no sean machos alfa. Hay que desempoderarlos con estrategia. Cuando en las aulas hablo de las violaciones grupales a ellos les digo que tengo un hijo de 7 años al que pienso educar de manera amorosa pero firme para que no viole nunca a nadie.

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¿Cuál es su visión del feminismo? ¿Cuál es para usted la prioridad?

El feminismo en España está fragmentado desde dentro, no porque haya venido un Caballo de Troya a reventarlo. Cuando llegué al feminismo me impactó que no había dogmas sino una pluralidad de voces que confluían en objetivos comunes. Lo que no puedes hacer el 25 de noviembre, día internacional contra la violencia machista, es hablar de la abolición del género. A mí no me apetece hablar de la Ley Trans, lo siento mucho. El objetivo prioritario es que nos siguen matando, las cifras siguen subiendo y no hay un escándalo social como respuesta.