El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu silencio

Escritoras, actrices e 'influencers' me decían en privado que el borrador de la ley era una locura, pero en público no se posicionaban porque creían que perderían trabajos, seguidores y patrocinadores.

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Varias mujeres participan en una manifestación contra las leyes Trans y LGTBI

Varias mujeres participan en una manifestación contra las leyes Trans y LGTBI / David Obach / Europa Press

En 1972 el psicólogo Janis Irving entrevistó a las ocho personas que habían tomado la (nefasta) decisión de autorizar la invasión estadounidense de la Bahía de Cochinos, en 1961.

¿Qué es lo que falló?

Básicamente, como el plan venía refrendado por el jefe de la Junta de Estado Mayor, Lyman Lemnitzer, y por el propio presidente, ningún consejero se atrevió a alzar la voz alta y clara para contradecirles. Como ninguno lo hacía, cada uno creyó (erróneamente) que los demás opinaban que el plan era bueno, cuando lo que ocurría es que el resto miembros del grupo tampoco se atrevían expresar su verdadera opinión. Y cayeron en la 'ignorancia pluralizada', la tendencia a no expresar una actitud o emoción porque creemos que la mayoría no la comparten.

Reservas ante la 'ley trans'

Hace más de un año empecé a expresar reservas en público sobre mal llamada la 'ley trans'. Digo “mal llamada” porque 'ley trans' ya tenemos una, la del 2007. De forma inmediata empecé a recibir un aluvión de respuestas negativas. Mis cuentas se llenaban de insultos. Recibí amenazas de muerte, me llamaban al telefonillo, me seguían e insultaban por la calle, me acusaron de plagio e incluso organizaron un 'crowdfunding' contra mí, y, finalmente, me robaron la cuenta de Twitter que seguían 93.000 personas. No fui la única que sufrió estas represalias. A la diseñadora Laura Estrego le cancelaron su página en internet, la abogada paula Fraga recibió amenazas de muerte, al instituto en el que trabajaba de la profesora Esther Pedroche llegaron un aluvión de mensajes pidiendo su expulsión…

Yo hablaba con 'influencers', escritoras, actrices… Y todas dijeron lo mismo. En privado, opinaban que el borrador de ley era una locura. En público no se posicionaban sobre el tema, pues creían que perderían trabajos, ofertas, seguidores, patrocinadores publicitarios. He de decir en honor de mi querida colega la escritora Laura Freixas que ella sí se atrevió a dar la cara.

Sorpresa en el Congreso

La sorpresa llegó cuando la ley se llevó a votación al Congreso. Todo el mundo creía que sería como la ley de eutanasia. Un paseo. Creían que nadie votaría en contra excepto Vox. Que la apoyaría hasta el PP, si, al fin y al cabo, decían, ya había leyes autonómicas muy parecidas… (no es cierto, no se parecen tanto). 

La cuestión es que llegó el día de la votación y… Sorpresa. Cual Bahía de Cochinos en el Congreso, resultó que el plan había sido un desastre total. En realidad, la gran mayoría de la población cree que es una aberración que un hombre que haya violado o agredido a una mujer pueda ingresar en una cárcel de mujeres, y una salvajada digna de Mengele que un padre o una madre pueda perder la custodia de su hija o hijo solo por negarse a que este se someta a un tratamiento experimental e irreversible.

Pero nadie se atrevía a decirlo en público.

Yo he sido víctima de la cultura de la cancelación según la cual una minoría que hace mucho ruido puede aterrorizar a una mayoría que no se atreve a hacerlo.

Para las que no se atrevieron a hablar solo tengo una palabra: cobardía.

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Para las valientes que alzaron conmigo la voz y que me apoyaron en los peores momentos aquí va mi agradecimiento y el recordatorio de que el mundo cambia con nuestro ejemplo. 

Y de que el silencio nunca es neutral: siempre es cómplice

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