07 jun 2020

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Una familia sigue un concierto virtual de El Petit de Cal Eril.

FERRAN NADEU

EL MUNDO TRAS EL CORONAVIRUS: LA CULTURA (1)

Conciertos en 'streaming', una liga distinta

Jordi Bianciotto

¿Conciertos desde el escenario con visión de 360 grados, ensayos desde tu casa con las estrellas favoritas del pop, recitales en pijama o desde la ducha? El ‘streaming’ pone a prueba la noción del directo como experiencia física insustituible, si bien logra sus objetivos, sobre todo, cuando apela a la imaginación y va más allá de la simple y llana reproducción del concierto ordinario.

Los grandes festivales llevan algunos años experimentando: se han podido ver conciertos ‘on line’ y en directo del Sónar, del Primavera Sound y del Cruïlla Barcelona. Pero el balance es desigual, y mientras la muestra electrónica emitió el año pasado 40 de sus 140 actuaciones a través de la plataforma CultureBox, el Primavera renunció al directo en el 2018 y se ha pasado al ‘delayed streaming’ (emisiones en diferido) a través de su propio canal, Radio Primavera Sound. Y en el Cruïlla, tras emitir bolos de Michael Monroe o Violadores del Verso les ha quedado la sensación de “estar dedicando muchos esfuerzos, incluyendo el pago de derechos, para que alguien viera el festival desde Buenos Aires”, y que más conviene “cuidar que todo funcione en casa”.

Sentirte la estrella

El Cruïlla Barcelona ensayó en el 2019 una modalidad de ‘streaming’ restringida al público del festival: disfrutar de un concierto, el de The Black Eyed Peas, mientras se celebraba, acudiendo a un ‘stand’ y experimentando el punto de vista del cantante con unas gafas de realidad virtual que permitían una visión de 360 grados. “Casi nadie ha tenido ocasión de subir a un gran escenario y eso te permite una visión inédita”, explica Jordi Herreruela, director del festival, para quien el concierto, en general, “no aguanta bien el salto a la pantalla, a no ser que cambies la perspectiva o el formato”.

La secular máxima televisiva de que la música en directo no da audiencia parece trasladarse a la Red, donde no está claro que la paciencia del usuario dé para hora y media o dos horas de recital ante la pantalla del PC o del móvil. “No puedes coger algo que sobre el escenario funciona y pasarlo a internet tal cual, porque ahí las reglas son otras”, considera Herreruela, que sí ve recorrido en los conciertos singulares, “que mezclen ingredientes de entrevista o documental”, o en los llamados ‘tiny desk’, breves actuaciones (15 o 20 minutos) en una librería o una tienda de discos, como las que han ofrecido estos días Coldplay Harry Styles. Otras ocurrencias más aventuradas están por venir: la tecnología 5G permitirá que desde tu casa puedas ensayar con tu banda favorita tocando la guitarra o la batería en sincronía.

Cantando bajo la ducha

En materia de recitales distintos, esta semana ha dado la campanada Joan Dausà con su concierto en la ducha a través de Instagram Live, que registró 30.000 visionados a tiempo real y 40.000 más en diferido. Cifras que multiplican los aforos de salas en las que suele actuar, como Barts o el Palau. El autor de ‘Jo mai mai’ no salió a improvisar. “Me lo tomé como un espectáculo, dándole un ritmo, con el ‘setlist’ estructurado, dirigiéndome a la gente como en un concierto y dejando para el final un par de canciones en pijama y la última bajo la ducha”, explica. Pero ahora se pregunta: “después de esto, ¿qué puedo hacer? Ya no sé si puedo inventarme algo mejor”. Su actuación fue gratuita y sospecha que “habrá que darle una vuelta más a todo esto”.

Este es el debate que envuelve los festivales en ‘streaming’ que han florecido con el confinamiento. Después de proceder a regalar la música grabada, ¿los artistas deben ahora ofrecer conciertos gratis? El Cuarentena Fest abrió en su web una pestaña para donaciones con la que se han recaudado 2.000 euros que irán a parar a los grupos (51 en total). “Los que estamos detrás del proyecto no veremos ni un duro”, aclara Meri Lane, de la ‘indie’ Luup Records, que cree que el formato “es chulo y poderoso, sobre todo, para las bandas que empiezan”.

Pero, para el Cuarentena Fest, que cerró este viernes su apresurada primera edición (60.000 visionados), el factor romántico ha sido troncal desde el día uno del confinamiento. “Pensando que la música es necesaria para la salud mental”, subraya Meri Lane. Aunque estos conciertos ‘underground’ sigan su curso, monetizados o no, y aunque la tecnología y la imaginación muevan montañas, nadie cree vislumbrar el ocaso de la actuación sentida ‘in situ’, en comunidad, con sus rituales, su halo de evento único y su vitalidad a chorro. Suspira Meri Lane: “no hay nada igual en este mundo”.