LA EVOLUCIÓN DE UN SECTOR ESTRATÉGICO

Pobre ciencia

El desánimo cunde tras haber caído la inversión estatal el 37% en cuatro años

Los científicos lamentan que con la crisis no se haya mejorado la gestión

Unos investigadores protestan contra los recortes en Valencia, en diciembre del 2012.

Unos investigadores protestan contra los recortes en Valencia, en diciembre del 2012. / ARCHIVO / MIGUEL LORENZO

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ANTONIO MADRIDEJOS / Barcelona

La partida destinada a investigación y desarrollo (I+D) en los Presupuestos del Estado ha disminuido el 37% desde el 2009 hasta situarse en los niveles de hace una década, pero, más allá de las cifras y de su interpretación, de si se incluyen gastos militares o no, de si se cuentan las inversiones sin ejecutar o de si se debió apostar por uno u otro proyecto, entre otras muchas cuestiones, los investigadores lamentan con dolor el desdén del Gobierno, la desorganización y la imprevisión. El colectivo Carta por la Ciencia, el abanderado de las protestas, ha logrado un apoyo poco habitual en España al congregar a científicos de toda condición, universidades, sindicatos y todos los partidos salvo el PP. «El dinero es importante, por supuesto, pero se podrían haber hecho muchas acciones que habrían mejorado la gestión», resume Joan Guinovart, director del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB).

El efecto de los recortes en la productividad, en la capacidad de generar descubrimientos y patentes, solo se ha notado de forma discreta porque los científicos han hecho piruetas ahorradoras, porque muchos proyectos son internacionales o porque el cómputo de los artículos científicos o papers siempre lleva un retraso, pero «es inevitable que los efectos se noten en breve porque cada vez hay más grupos que no tienen dinero para trabajar», insiste Carlos Andradas, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce). Como recuerda Andradas, España ha dejado de ser la novena potencia en I+D tras ser superada por la India. El sistema ya se resiente -dice José Manuel Roldán, rector de la Universidad de Córdoba y representante de la CRUE (conferencia de rectores)-, pero si la situación sigue unos cuantos años más el deterioro será irreversible durante décadas. Retrocederemos a niveles que ya habíamos superado hace tiempo con muchísimo esfuerzo».

Imagen deteriorada

El problema añadido es que está cundiendo el desánimo y afectando gravemente a la imagen de España en el exterior, con ejemplos paradigmáticos como los despidos en el Centro Príncipe Felipe de Valencia, las dificultades para mantener las aportaciones a organismos como el CERN y la Agencia Espacial Europea y los problemas que encuentran para estabilizarse los ganadores de un contrato Ramón y Cajal, un programa puesto en marcha para rescatar a cerebros del extranjero. «Cuando vas fuera, enseguida te preguntan: '¿Pero qué estáis haciendo?' -pone como ejemplo Pere Puigdomènech, investigador del CSIC en el Centre d'Agrigenòmica-.

A mí me preocupa especialmente que, en estos momentos de penuria, no se haya planteado una reforma en profundidad del sistema para hacerlo más eficaz y menos funcionarial». La situación es «nefasta», añade, porque las penurias se ceban en los más jóvenes. «Estamos perdiendo una gran generación justo en la edad de mayor productividad».

Según la Carta por la Ciencia, uno de los desastres es no haber impulsado todavía la Agencia Nacional de Investigación, prevista en la última ley de ciencia, que sería un organismo autónomo encargado de velar por la transparencia y la equidad en todas las convocatorias públicas. «Eso permitiría trabajar con mejor planificación, algo esencial», dice Puigdomènech.  En la misma línea se pronuncia Guinovart: «Necesitamos calendarios claros, saber cuánto y cuándo nos van a dar los fondos. Un gran número de científicos aún no saben qué van a poder hacer este año». También considera el director del IRB que los centros deberían ser más flexibles. «No puede ser que tengas que dedicar tantos informes a justificar un taxi. El exceso de burocracia retrasa muchos proyectos», dice. Asimismo, insiste, es urgente una buena ley del mecenazgo «que ayude a complementar la falta de dinero público».

«Es dificil tener datos objetivos de cómo nos ven desde fuera -prosigue Andradas-, aunque sí nos han llegado casos de grupos y empresas extranjeras que manifiestan cierto resquemor sobre posibles incumplimientos por parte de los participantes españoles. Pero a mí me preocupa aún más un efecto intangible: los que están fuera ya ni se plantean volver porque es evidente la percepción de que aquí las cosas van mal».

Otras prioridades

 «Está claro que la I+D no ha sido una prioridad porque pocos sectores han alcanzado estos recortes», resume Salce Elvira, de Comisiones Obreras. Posiblemente se ha tocado fondo en el tijeretazo, prosigue, pero lo que hace el presupuesto del 2004 es «consagrar la parálisis del sistema». «No hay incrementos sustanciales -precisa- porque buena parte del aumento es para pagar las deudas del CSIC».

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Ahora se trata de recuperar lo perdido antes de que sea irreversible. Como dice la última Carta por la Ciencia, las presupuestos deberían crecer durante los próximos tres años a un ritmo anual de 600 millones de euros si en el 2016 se aspira a recuperar el nivel del 2009. Eso supondría destinar a I+D el 1,8% del PIB y acercarnos no a los mejores países de la UE, pero si al menos a la media de la UE. «Creemos que es posible incluso en tiempos de crisis porque esto es una prioridad y hay gastos superfluos», dice Elvira. «El parón inversor no supone quedarnos como estábamos, supone seguir retrocediendo -resume María González Veracruz, responsable de I+D en el PSOE-. Así que cuanto más tardemos en corregir la situación más se habrá debilitado el sistema».

«Nosotros vamos a mantener la presión para que todos estos esfuerzos no se queden en papel mojado», concluye Andradas. La Carta por la Ciencia se convertirá próximamente en una proposición de ley.