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El Tourmalet

Nunca más en otoño, por favor

El Giro, en mayo, el Tour, en julio y la Vuelta, en agosto, este debe ser el lema para un futuro con un mundo con la pandemia controlada

El pelotón de la Vuelta, en un día gris, camino de la Covatilla.

El pelotón de la Vuelta, en un día gris, camino de la Covatilla. / AFP / ÓSCAR DEL POZO

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Nunca más los Campos Elíseos con las hojas muertas caídas sobre las aceras vacías de público. París merece recibir a los ciclistas y estos oír una especie de murmullo con gritos indescriptibles pero que les supone un feliz recibimiento como respuesta a un largo camino de tres semanas. Nunca más un Tour cargado de tristeza con las cunetas muchas veces vacías de gente y con los corredores alejados del calor popular. La pandemia obligó a trastocarlo todo y al menos se pudo correr algo que la primavera pasada parecía como un imposible.

El covid 19 obligó a suspender la ronda francesa programada como toda la vida, como siempre había pasado desde 1903, si se exceptúan las dos guerras mundiales del siglo pasado, para el mes de julio. La pandemia condujo a distanciarse de todo el mundo y los corredores los primeros metidos en una burbuja que al menos servió para que se llegara a París, como más tarde pasó, aunque con algún susto extra por el camino, con el Giro, y este domingo con la Vuelta, de nuevo, con el Paseo de la Castellana cargado de vallas decorativas y sin ningún brazo apoyándose en ellas.

De Niza a Madrid

La pandemia lo trastocó todo en un viaje ciclista que comenzó la última semana de agosto en Niza, la ciudad de las mascarillas obligatorias pero que dejaban siempre la nariz al descubierto y donde muchos comerciantes de panaderías y pequeños supermercados atendían sin protección. Y, por eso, a veces, hay que preguntarse por qué ahora ocurren cosas que a lo mejor se podían haber evitado.

Nunca más el Giro tendría que coincidir seis días con la Vuelta porque cada una de las carreras merece su independencia. Mayo es el mes de la ronda italiana, la que se pelea intensamente desde la primera etapa y cuya única preocupación nunca había sido la pandemia sino estar pendiente del tiempo y de las nieves para ver si se puede transitar por montañas convertidas en mitos y que se llaman Stelvio Gavia.

Los sustos del Giro

Pero el Giro quiso levantar un poco más las estrictas normas sanitarias que implantó el Tour y que todavía se hicieron más severas en la Vuelta. Hubo algún hotel quizá con demasiada gente, con turistas en una Italia que se sentía libre y con islas como Sicilia donde el otoño seguía convertido en verano. Allí hubo sustos, un equipo al que se le mostró la puerta de salida y otro que se fue sin muchas razones. ¿Habría dejado la Vuelta el Jumbo con un solo positivo en su equipo y con Primoz Roglic en la primera plaza de la general?

La ronda italiana se comenzó a disputar en una Italia que celebraba ser el país de Europa menos castigado en la segunda ola de la pandemia. Pero la última semana la carrera terminó una hora y media antes de que todos los bares y restaurantes del país bajasen las persianas y con unas cifras de contagio que asustaban.

El frío de la Vuelta

Nunca más la Vuelta en los meses de otoño y noviembre. Es innegable que las imágenes televisivas que mostraban todos los colores de unos bosques encantadores fueron magníficas. Pero pocos ciclistas recordaban haber pasado tanto y tanto frío en competición. La Vuelta atravesó territorios perimetralmente cerrados, entró en ciudades confinadas y se vio obligada a desplazarse a polígonos industriales para tomar la salida y llegar a las afueras de los lugares programados, en vez de hacerlo a la zona turística y al centro urbano de la localidad escogida. Por si fuera poco, la que se suponía como la etapa más mediática de la carrera, con un paso por el Aubisque y una llegada al Tourmalet, se tuvo que cancelar ya que las autoridades francesas cerraron la frontera a la competición ciclista. Es verdad que la etapa sustituta fue intensa y emociante pero nunca será lo mismo llegar al Tourmalet o a Formigal, como no es lo mismo jugar en el Bernabéu o en el Alfredo di Stéfano.

Sin 'Superdomingo'

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No hubo otra. No hubo más remedio que cambiarlo todo y programar un calendario exprés que hasta incluida un domingo, el 26 de octubre, que fue bautizado como el 'Superdomingo ciclista' ya que incluía la contrarreloj final del Giro, la subida de la Vuelta al Tourmalet y la París-Roubaix que nunca se celebró. El 'Superdomingo', al final, quedó como un domingo feliz para Tao Geoghegan Hart en Milán y para Ion Izagirre en los Pirineos.

Coronavirus mediante el año que viene las tres grandes carreras se disputarán en las fechas habituales y dependerá de la evolución de la pandemia y sobre todo de la llegada de una vacuna que las medidas de seguridad que se tomen, más o menos estrictas, sin bajar los brazos, seguramente sin tocarnos, sin besarnos y sin abrazarnos, pero que el dichoso virus no obligue nunca más a que el otoño, aunque no quedaba otra, se convierta en la estación deportiva para unas bicicletas que, toda la vida, han sido programadas para el verano