26 oct 2020

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El pelotón del Giro, en la 15ª etapa.

FABIO FERRARI / AP

El Tourmalet

"Escápate y que suene tu nombre"

Las fugas condenadas al fracaso sirven a muchos ciclistas para reivindicarse y sentirse vivos en el mundo del ciclismo

Sergi López-Egea

Hace muchos años Barcelona solo tenía una terminal en el aeropuerto. De hecho, nadie decía como ahora "voy a la T-1 o a la T-2", en este último caso el aeropuerto de toda la vida. En aquellos tiempos, también a diferencia de ahora, llamaban a los pasajeros por los altavoces. Podías dirigirte al mostrador de información y pedir que avisaran a tal o cual persona. Un día, al regresar de un vuelo, me encontré a un famoso radiofonista de la época. "Ven y acompáñame", me dijo. Se dirigió a información y se llamó a sí mismo. Ante mi sorpresa, comentó: "Es importante que suene tu nombre y que la gente se acuerde de ti".

La anécdota sirve como ejemplo para explicar por qué muchos corredores se fugan en carreras, como el Giro, que ocupa la atención estos días, o la Vuelta, a partir del próximo martes. Algunos lo hacen, incluso más que para recompensar al patrocinador con unos kilómetros de publicidad gratuita por televisión, para que la gente se acuerde de ellos, para que suene su nombre y, sobre todo, para continuar sintiéndose ciclista.

"Hoy me he vuelto a sentir ciclista"

"Hoy me he vuelto a sentir ciclista", decía hace una década un corredor profesional español en su última temporada en activo. Se fugó unos kilómetros para sentir el aire en la cara, para verse al frente de la Vuelta, para escuchar el aplauso de los espectadores cuando, a diferencia de ahora, podían salir a la calle y pasear sin llevar la tan necesaria mascarilla en tiempos de pandemia.

Tony Rominger, por ejemplo, descartado de la general, se escapó como un 'esforzado de la ruta' en su último año de profesional y última Vuelta. Sabía perfectamente que en solitario no llegaría a ninguna parte. Pero se fue para volverse a sentir campeón, él que había ganado tres veces la ronda española y una el Giro y fue el gran rival de Miguel Induráin en el Tour de 1993. Ocurrió en el año 1997, en una Vuelta que acabó en la 38ª posición, después de hacer tercero en la edición de 1996, que estuvo marcada por la retirada de Induráin.

Algún ejemplo

Y aquí en Italia, por ejemplo, Giovanni Visconti (37 años) busca la escapada muchos días para recordar los triunfos de etapa en el Giro o las fugas, sin éxito, pero peleando hasta el último kilómetro por la victoria, en el Tour.

Hay equipos, los pequeños, que mandan a los corredores por delante, puesto que es la única oportunidad que tienen para rentabilizar la publicidad y la inversión de los patrocinadores. Saben que jamás sobrevivirán a la presión de un pelotón que no regala nada. Saben, sin embargo, que la tentativa les valdrá alguna entrevista, aunque tenga que hacerse en la distancia, sin tocarse, casi sin verse, otra vez por culpa de la pandemia.

"Qué suene tu nombre", sería la consigna para estos ciclistas, viejos guerrilleros, antaño protagonistas de las grandes carreras. "Qué suene tu nombre", sería el mensaje que los equipos modestos mandan a sus corredores, aquellos que ni cobran salarios bárbaros (incluso, algunos, lo que sería el salario mínimo profesional de sus países de origen o residencia), ni tienen ninguna posibilidad de destacar en la general de una carrera de tres semanas. Y eso que para ser profesional de la bici hay que atesorar una calidad excepcional en la etapa de formación. Muchos lo intentan y muy pocos lo consiguen.