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la ronda española

Valverde también sabe sufrir en la Vuelta

Marc Soler salva al jersey arcoíris en un mal día en el que Roglic no estuvo tan fino como en etapas precedentes

Sergi López-Egea

Pogacar, Superman y Roglic llegan a La Cubilla por delante de Valverde.

Pogacar, Superman y Roglic llegan a La Cubilla por delante de Valverde. / EFE / JAVIER LIZON

La niebla se cerró en la cima de La Cubilla justo cuando los primeros de la general atravesaron la línea de llegada. Era como si se apagasen los focos del escenario de la Vuelta, como si no se quisiera alargar un día en que parte de la compañía tuvo una mala actuación. No siempre se puede estar brillante. Hasta los mejores actores, los que se llevan los grandes premios internacionales, tienen un papel malo. Y Alejandro Valverde no iba a ser la excepción, en una jornada que despidió Asturias y en la que Primoz Roglic también supo sufrir, sin mostrar la gallardía exhibida en etapas anteriores.

Fue la jornada en la que quienes brillaron en El Acebo mostraron alguna debilidad y los que tuvieron que conformarse con ver el domingo en la distancia el ataque de Valverde mostraron en La Cubilla la satisfacción de la venganza. Superman tuvo otra vez la capa perfectamente adosada al cuerpo y Tadej Pogacar, 20 años -nunca hay que cansarse de escribir y recordar su edad-, de nuevo subió a una cima de la Vuelta demostrando que le esperan muchos pero muchos días de gloria en un deporte en el que rueda impulsado para convertirse en una estrella de enorme magnitud. Amenaza la segunda plaza en la general de Valverde, se reafirma en el podio de la Vuelta y no se sabe cómo y de qué manera reaccionará en las dos etapas de intensidad máxima que restan; el jueves en la Sierra de Guadarrama y el sábado en la de Gredos.

 

Sobre el papel la despedida asturiana en La Cubilla no era la mejor etapa que tenía Valverde en esta Vuelta. Los puertos largos, de casi 20 kilómetros como los que presentaba esta cima inédita en la historia de la carrera, siempre han sido los que peor se le han dado, tanto aquí como en el Tour. Él prefiere subidas más cortas y explosivas, como las que se había encontrado hasta la aparición de La Cubilla. La Sierra de Guadarrama es diferente, ninguna de las cuestas que allí le aguardan superan los 13 kilómetros y el penúltimo día en Gredos es cuestión de resistir o de atacar, según se encuentre el guion de la prueba a un solo día para Madrid.

La ofensiva de Superman

Parecía que con una fuga establecida que solo hacía que sumar minutos, que rodaba por Asturias con la libertad del pelotón por bandera, el grupo de los favoritos que siempre se movía bajo la batuta del Jumbo de Roglic ya pensaba en la jornada de descanso burgalesa. Pero, de repente, Omar Fraile, convertido en gregario de Superman, desenterró el hacha de guerra. Los que más sufrían, se descolgaban, entre ellos un Nairo Quintana que va de más a menos, y en unos pocos metros se quedaban solos los primeros de la general.

Jakob Fuglsang triiunfa en La Cubilla / ander gallinea (AFP)

Fue entonces cuando a 4 kilómetros para la cima Superman pasó a la acción con el brillante Pogacar a rueda. ¿Y dónde estaban Roglic y Valverde? "No ha sido ni mi día peor ni el más brillante pero hasta Roglic ha mostrado debilidad", justificó el campeón del mundo. Solo cedió 23 segundos en la cumbre por obra y gracia de Soler.

¿Tuvo Roglic instantes de debilidad en la despedida asturiana? "Yo estaba pendiente de Valverde cuando atacó López, así que cuando vi que perdía algo de terreno fui a cerrar el hueco con López (Superman) y Pogacar?", defendió. La función en La Cubilla acabó con triunfo en solitario de Jakob Fuglsang. Este martes descansa la compañía. 

Todas las clasificaciones en la página oficial de la Vuelta.

Un líder que no parece feliz

La Vuelta tiene este año a una marca de cerveza aragonesa como patrocinador. En vez de descorchar botellas de cava o champán, como era la tradición, los ciclistas que suben al podio brindan con la rubia bebida, aunque a los corredores siempre les toca la que no lleva alcohol. Pero de allí a presentarse a la conferencia de prensa, obligada para el líder de la general en todas las grandes carreras y cada día (el jersey amarillo del Tour acude diariamente a su cita con los medios informativos) con una cerveza, aunque fuera sin alcohol, en la mano, hay una distancia.

Roglic es el líder de las grandes vueltas de los últimos años que se muestra más distante y antipático, el que impone siempre un tope de preguntas y hasta algún día solicita que la obligada traducción a sus cortisimas respuestas (practicamente un pequeño monólogo en inglés) se haga cuando él ya se ha ido. Llevar el jersey de líder, sea rojo, amarillo o rosa, significa pagar un peaje cada día. Hay que acudir al podio, recibir las prendas conmemorativas, pasar luego por la zona mixta que siempre se salta Primoz Roglic, luego acudir al control antidopaje y finalmente a los autobuses, a modo de sala de prensa, que se aparcan siempre en la parte trasera del podio.

"Yo soy feliz en la Vuelta pero me cuesta hablar con vosotros", se defendió con una cerveza en la mano. Habla con desgana y lejos de las explicaciones que siempre daba Chris Froome, en la Vuelta y en el Tour. Y sin imponer límite de preguntas.

Roglic es el principal candidato para ganar. Está corriendo de forma magnífica. Pero no se está ganando al público. Y no porque sea extranjero. Froome, por ejemplo y por supuesto mucho más estrella, ni podía salir del autobús en las salidas de etapa. Aquí, casi no hay ni niños que lo esperan para fotografiarse con él. Prefieren reunirse junto al autocar del Movistar o el del Astana por si aparece Superman. "No temo la tercera semana de la Vuelta. En la del Tour del año pasado me fue muy bien", fue la frase más larga pronunciada ayer por Roglic tras la etapa.