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la ronda española

Roglic sale de Los Machucos mucho más líder

Pogacar vuelve a triunfar en la Vuelta, en perfecta coalición con el jersey rojo en Los Machucos

Sergi López-Egea

Pogacar, de blanco, y Roglic, en plena ofensiva en Los Machucos.

Pogacar, de blanco, y Roglic, en plena ofensiva en Los Machucos. / EFE / JAVIER LIZON

Al pie de Los Machucos había una caravana aparcada. De color metálico llamaban la atención las letras negras en las que podía leerse Primoz Roglic. En su interior, con la puerta abierta, hablaba por el móvil la mujer del jersey rojo de la Vuelta. Ella sigue a su marido, con el bebé a cuestas. Le acompaña su madre y a la vez suegra del líder de la ronda española. Ni van a hoteles, ni se complican la vida reservando habitaciones por internet. La familia, con un pase VIP de la carrera, ya en la meta, busca el refugio del podio. Allí se pueden cambiar los pañales, recibir el cariño de Miguel Ángel Revilla, aclamado por sus paisanos, y festejar que Roglic es el más fuerte, incontestable al frente de la general.

La mujer anima a su marido mirando por la pantalla gigante su estilo dictatorial de conducir la Vuelta. Ella seguramente sabe que a Roglic le da igual que el Astana desgaste a todos, incluido a su Superman particular, en ruta hacia Los Machucos. Y también que el jersey rojo no se preocupe de la anarquía del Movistar. Tampoco es cuestión de alarmarse cuando se queda solo, sin gregarios a los que buscar, cuando la carrera entra al rojo vivo. Y es así porque Roglic, en Los Machucos, o el jueves en Bilbao, no está solo porque tiene a su lado a un diamante en bruto de 20 años llamado Tadej Pogacar, el que en breve lo superará, a él y a muchos más, pero al menos la época de la Vuelta es para que formen un gobierno de coalición, sin necesidad de reunirse horas y horas, sin discutir de cargos porque ellos lo tiene claro, en Los Machucos llegarán juntos, para el joven será la etapa y para el más veterano salir más reforzado en la general. Para Pogacar una posición en el podio y el jersey blanco como mejor joven (menor de 25 años) de la carrera. Para Roglic sencillamente ver a Valverde situado a más de dos minutos en la general.

 

Roglic también le da lo mismo que ataque Nairo Quintana. De hecho son fuegos de artificio. Las rampas de Los Machucos son tan duras que 10 o 15 segundos de ventaja solo representa un cambio de ritmo. A Quintana lo ve tan cerca que no se preocupa por capturarlo. De hecho, como fruta madura, el ciclista colombiano del Movistar va cayendo desde su posición aventajada, valiente no hay que negarlo, pero al ataque no sirve.

Valverde es otra cosa. Valverde se engancha a la rueda de los dos eslovenos cuando Pogacar pone el turbo. Hablan entre ellos, se dan palpadas al cruzar la meta de Bilbao. Pero ya pueden decir misa porque charlando en esloveno nadie los entiende. Es una encerrona para Valverde, quien por supuesto no los comprende. 

Pareja en fuga

Ya están fugados Roglic Pogacar. Van capturando a los pocos escapados que les quedan delante. Quintana se ha recuperado. Llega a la altura de Valverde. Es la señal para el ataque del murciano. No hay quien lo entienda. Al menos la aparición del ciclista colombiano provoca una reacción de rabia al campeón del mundo. Ni por asombro Nairo se pondrá a tirar del segundo de la general. Soler, que ha cumplido, anda un poco descolgado y no puede acelerar porque corre el peligro que Superman reaccione pues van en el mismo pequeño grupo.

La mujer de Roglic se siente la más feliz porque ella, como el resto de mortales, incluidos Revilla y Óscar Freire, que están en la cima de Los Machucos, saben de antemano que Pogacar cruzará primero la línea de meta seguido por Roglic quien no le ofrecerá ningun tipo de resistencia. Valverde llega a 27 segundos. Eslovenia al poder. 

Todas las clasicaciones en la página oficial de la Vuelta.

El clan de los eslovenos

El mayor, Roglic, 29 años, era un saltador de esquí que se dio un trompazo y decidió cambiar de deporte. El pequeño, Pogacar, 20 años, era un chaval esloveno que quería imitar al hermano mayor, al que le compraron una bici. Y, claro, como sucede en muchas familias, él tampoco pudo quedarse sin la suya. Ahora son el clan de los eslovenos, primero y tercero en la general. Costará mucho quitar a Roglic el jersey rojo y hasta parece complicado que Pogacar abandone la idea de batallar por el podio.

En el día en el que los colombianos desaparecieron en combate, Pogacar ganó su segunda etapa, tras la conseguida el domingo bajo el diluvio de Andorra. El embajador de Eslovenia en Madrid ya puede empezar a solicitar una credencial para asistir a la entrega final de trofeos de la Vuelta. Uno puede fallar. Los dos, parece complicado.

Pogacar es un chico que en breve cambiará su Eslovenia natal por otro país. La presión fiscal allí es muy elevada. Su amigo Roglic ya hace tiempo que habita en Mónaco. Y ya se sabe la mayoría de corredores reparten su residencia entre dos principados, el mediterráneo y el de Andorra. "A Roglic lo conocí hace dos años y siempre ha sido muy respetuoso conmigo. Aquí en la Vuelta hemos sido aliados. Su objetivo, ganar la carrera, y el mío, quedar entre los cinco o los tres mejores, son muy diferentes", cuenta Pogacar tras lograr la victoria.

Roglic, ciertamente, no parece un corredor de muchas palabras. Sus conferencias de prensa no son tan dicharacheras como la que dio Madrazo tras su victoria. Es de los que limitan las preguntas pero no se corta al hablar de Pogacar. "Es un talento y va a ser el futuro de este deporte. Pero somos rivales". Habrá que creérlo si él lo dice.