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el reportaje

14 de julio, la Bastilla ciclista

La tradición marca que en el día de la Fiesta Nacional hay que llenar las carreteras del Tour con banderas tricolor, aunque el guion no preveía un triunfo sudafricano

Sergi López-Egea

Muchas banderas francesas, en la ruta del Tour de este domingo, con motivo del 14 de julio.

Muchas banderas francesas, en la ruta del Tour de este domingo, con motivo del 14 de julio. / REUTERS / Christian Hartmann

El padre de Julian Alaphilippe, en silla de ruedas, daba un beso a su hijo y le deseaba suerte antes de que emprendiera vestido de amarillo la batalla ciclista del 14 de julio. Hacía cinco años que un francés no se paseaba de líder del Tour en el día de la Fiesta Nacional, de la igualdad, la libertad y la fraternidad. 

No hay nada más importante para un corredor francés, al margen lógicamente que ganar el Tour, que poder exhibirse de amarillo por Francia en una jornada en la que la tradición marca inundar las carreteras de banderas tricolor. El público se pinta la cara con los colores rojo, blanco y azul y como siempre es festivo es uno de los días en los que más y más público se ve en las cunetas, aunque la etapa no fuera ni mucho menos la más espectacular de lo que se lleva de Tour.

El Tourmalet aún queda muy lejos

En la meta, a Alaphilippe ya le preguntaban si pensaba, por supuesto de amarillo, en la subida al Tourmalet, cuando todavía deben superar la etapa de hoy, de presumible esprint en Albi, tierra de Occitania, otro esprint en Toulouse, una contrarreloj en Pau y la primera de las tres etapas por los Pirineos. Y Alaphilippe no podía hacer otra cosa que suspirar porque a todos los ciclistas les gusta solo pensar en el día a día, pues de lo contrario se acumula demasiado trasiego en las piernas.

En el día de la toma de la Bastilla todo estaba preparado para que el Tour tuviera un guion diferente. No era casualidad que se llegara a Brioude, el pueblo de Bardet, quien de salida estaba designado por los franceses como el primero de la clase, por delante de Pinot, para ganar el Tour. Y sin estar todo lo pletórico que quisiera, Bardet arrancó en la última subida aunque lo único que hizo fue descolgar a Peter Sagan y toda la tropa de velocistas que aún resistía. En el día de la Bastilla no estaba prevista una victoria sudafricana.