TOMA PAN Y MOJA

La hostelería no tiene la culpa

Han castigado al sector que mejor ha hecho los deberes con una contundencia letal

La hostelería no tiene la culpa

FERRAN NADEU

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Òscar Broc

Suelo coger los Ferrocarriles Catalanes por la mañana desde la plaza de Catalunya y muchos días, después de recibir al gentío de Provença, he contado los segundos hasta llegar a mi parada atenazado por el pánico, rodeado de viajeros que charlan a escasos centímetros de mi pescuezo. Suelo comer en restaurantes varias veces a la semana, he ido a unos cuantos durante la pandemia, y en ninguno me he sentido tan inseguro y a merced del virus como en el transporte público.

Cerrar sin previo aviso los bares y restaurantes (con las neveras llenas de producto) es dolorosamente injusto. Si algo he aprendido durante esta crisis sanitaria es que los propietarios han hecho un esfuerzo agónico (y económico, no se nos olvide) para convertir sus establecimientos en zonas seguras y aplicar la normativa. Los supervivientes empezaban a salir del coma, pero un segundo cierre les aplastará definitivamente. No es una conjetura, basta con consultar a miembros del sector para saber que se acerca la guillotina y correrá la sangre.

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Auténticos salvavidas

Si el panorama actual ya es alarmante, resulta imposible no sentir escalofríos cuando proyectas en tu imaginación una Barcelona empapelada con carteles de ‘Local Disponible’ a principios de noviembre. Han castigado al sector que mejor ha hecho los deberes con una contundencia letal y, en cierto modo, también nos han castigado a nosotros, los clientes. Para mí, y supongo que para muchos, los restaurantes son auténticos salvavidas. Ahora nos tocará a nosotros salvarles a ellos. Volquémonos en el formato ‘delivery’ y ‘take away,’ no permitamos que nuestros restaurantes favoritos se marchiten. Dentro de 15 días, nos tocará salir a todos con el cuchillo (y el tenedor) entre los dientes.