10 abr 2020

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    CRÓNICAS DE UNA OCUPACIÓN

    Universidad para la vida

    Josep Pernau

    A los voluntarios que no nos los toquen. Y menos a las voluntarias. El que le ponga la mano encima a una de ellas o trate de manera desconsiderada a un voluntario sabrá lo que es bueno.

    Esto se acaba y para que los ánimos no decaigan se les ha querido desagraviar. Abad les ha otorgado una simbólica medalla de oro, Pujol y Maragall han ensalzado su labor y Samaranch se ha ido de voluntario y ha estado ellos. Es lógico que un general confraternice con la tropa, cuando la moral podría decaer. Pero nunca se habla visto que un general apareciera sin las medallas y sin los entorchados, vestido de soldado, Samaranch sabe vestirse en cada momento de lo que más conviene. Y convenía ahora que apareciera como el hermano mayor de todos los voluntarios de `la ville de Barsalona¿ y de todas las subsedes olímpicas.

    Universidad para la vida

    Muchos son universitarios. Algunos, incluso, están en el COU. La vida les ha enseñado más en estas semanas que los mejores centros docentes y que el profesorado más selecto. Incluso han aprendido mucho los que ya son adultos, que los hay también entre el voluntariado olímpico. En la Villa Olímpica presta servicios un matrionio, cuyas dos hijas visten tamién el chandal azul y blanco.

    Pero son los veinteañeros y las veinteañeras los que más habrán aprendido en esa universidad de formación para la vida que ha sido la experiencia de estos días. No la olvidarán fácilmente. Saben ahora que hay mucho cantamañanas y caradura disfrazado de persona respetable, y que la sinvergonzonería viste a veces un blazier impecable con un escudo bordado a la altura del corazón. Lo saben los voluntarios que en las puertas de la Villa Olímpica sufrieron un intento de agresión por haber cumplido con su deber. Se limitaron a exigir la acreditación a los que decían ser miembros de un comité olímpico nacional. En su país seguramente sigue vigente el no-sabe-usted-con-quién-está-hablando, de tan tristes recuerdos en España.

    Hay el moreno paleta y hay el moreno president, que es el de Pujol. Pero hay también moreno voluntario. Han soportado las rigores del sol canicular, del que apenas se han podido proteger los que están bajo las `jaimas¿ de los recintos olímpicos. Muchas veces las joradas han sido interminables. En ocasiones el trabajo ha sido excesivo y a veces no han tenido nada que hacer. No se sabe qué es peor. Creyeron estar cerca de los famosos y muchos se han debida contentar viéndolos por televisión. El día de la ceremonia inaugural, en las puertas de las vilas olímpicas, cuando los atletas, los árbitros y los periodistas se habían ida al Estadio, ellos seguían en sus puestos, controlando las entradas.

    Se puede ser una alta dignidad del olimpismo, pero se puede tener una señora que trate de restablecer la esclavitud. Lo saben bien los conductores, que han tenido que llevar a más de una de tiendas y que les ha intentado convertir en sherpas del Himalaya, en porteadores de safari africano a en chicos de las recados.

    Encima, los taxistas les miraban mal, por conducir uno de esos coches blancos que dicen que les han arruinado. Las taxistas no saben que, en el fondo, el conductor-voluntario se ha hecho solidario can ellos, y que bien a gusto les habría traspasado el pasaje.

    "Yo no soy un `garçon"

    Son chicas y chicas que saben idiomas. Algunos han tenido suerte y han encontrado `clientes¿ que les han tratado familiarmente por su nombre, como miembros que son también del parentesco olímpico. "Lo que ya no acepto es que me llamen garçon, como hizo un francés. Garçon por aquí, garçon por allá..."

    Han soportado broncas e intemperancias. En la tribuna hay barra libre para los invitados. No debía ser persona de gran señoría el que pretendió que un voluntario le fuera a buscar una cerveza. Para esta función no se les canvocó.

    Pero a estas situaciones desagradables, que son comunes en los chicos y en las chicas, hay que sumar las que son específicas de ellas. Es el acoso que sufren por parte de dirigentes del deporte, que parecen gente muy selecta y que podrían ser su padre, pero también de atletas e incluso de periodistas. No es que haya acurrido nada. Por lo menos no se tiene noticia. No ha sucedido nada que haya pasada del grado de insinuación y de tentativa más o menos descarada de ligue. Las chicas han debido soportar estas situaciones incómodas con buena cara, porque se las ha imbuido la idea de que forman parte del rastro amable de Barcelona-92.

    Abad otorga la medalla de oro a los voluntarios y Samaranch se hace uno de ellos. Resistid. Esto se acaba.

    Los que trabajan sin cobrar

    En un principio fueron 102.000. Sir cobrar un duro estaban dispuestos a trabajar para los Juegos. La cifra era considerablemente superior a la de Los Angeles. Pero han pasado seis años. Algunas chicas que se inscribieron son ahora madres de familia, muchos acabaron la carrera y ahora intentan abrirse paso en la vida, y algunos ni siquiera siguen viviendo en Barcelona. A la hora de la verdad se ha contado con 35.000, de los cuales 3.000 se han reclutado en las Fuerzas Armadas. Siempre es preferible estar en los Juegos que pasar las horas en un cuartel.

    Hay vips voluntarias. Sixte Cambra, candidato que fue a la presidencia del Barça, oficia como director del estadio. Según el perfil tipo, el voluntario tiene de 18 a 25 años, habla inglés, estudia, practica algún deporte de manera regular, aunque no está federado, y vive en Barcelona. 750 son del resto de España y tal es el voluntarismo de los voluntarios y de sus familias que muchos de los forasteros se han alojado en casa de un compañero local.

    Para mantener el calor olímpico inicial, durante estos años se ha publicado una revista y se han hecho programas radiofónicos en Radio Nacional. Son buenos estudiantes; entre un millar de becados para mejorar su nivel de idiomas, más de un 65% obtuvieron una evaluación entre 7 y 10.