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    LA INAUGURACIÓN / LA MAYOR FIESTA JAMÁS VISTA

    Una flecha iluminó Barcelona

    El encendido del pebetero, el espectáculo de La Fura dels Baus, una música original y la actuación de los divos de la ópera fueron los ejes de una fiesta inolvidable

    XAVIER HOSTE / Barcelona

    La llama olímpica amarilla y cálida, símbolo de la fuerza del ideal deportivo, ya arde, impresionante, en el gran pebetero de la montaña de Montjüic. Barcelona se convirtió anoche en la privilegiada sede de los Juegos de la 25ª Olimpiada, con una ceremonia inaugural sensible , colorista y llena de imaginación. La imagen del arquero Antonio Rebollo y a llama prendiéndose furiosa tras su certero lanzamiento quedará grabada como el momento culminante de una fiesta original y conmovedora, que arrancó lágrimas y provocó innumerables elogios.

    “Es la ceremonia más maravillosa que jamás he visto”, confesó el presidente del COl, Juan Antonio Samaranch, al término de una fiesta de tres horas y ocho minutos que tuvo algunos intensos momentos de emoción y escasos errores en el diseño del programa previsto por la organización.

    Unas 66.000 personas en el Estadio de Montjüic y, 3.500 millones de espectadores a través de la televisión presenciaron la fiesta universa más relevante de este siglo, con la participación de 172 delegaciones de comités olímpicos y la reincorporación de países largo tiempo separados de esa gran familia impulsada por el espíritu del barón de Coubertin, como Suráfrica o Cuba.

    Una noche plácida, con una temperatura media de 25 grados, hizo más agradable el creativo acto inaugura que Barcelona ofreció al mundo para recoger el testigo olímpico de Seúl, 56 años después de que hubiera expresado su vocación por organizar unos Juegos. El alcalde de la ciudad, Pasqual Maragall, no olvidó referirse a ese aliento del pasado ,y de forma emocionada recordó en su discurso el alma olímpica que ha proyectado siempre Barcelona para luchar por la organización de unos Juegos.

    El día mágico se hizo realidad, y Maragall, como Jordi Pujol, presidente de la Generalitat, o Juan Antonio Samaranch, presidente del COl e impulsor decidido del proyecto, o el propio Narcís Serra, su verdadero ideólogo, no lograron esconder su emoción y asombro en los momentos más emotivos de una ceremonia que intentó reflejar su espíritu mediterráneo.

    Cuatro años después de la cita olímpica de Seúl, Barcelona recogió el testigo y depositó el acto más emblemático , el último relevo, en un jugador de baloncesto olímpico y carismático como Juan Antonio San Epifanio. Fue uno de los momentos más estremecedores del acto -Creía que estaba flotan do”, reconocería luego Epi-, junto al desfile de los más de 600 deportistas españoles bajo los sones de la Grao marcha del mundo, del
    maestro Carlos Miranda, momentos en los que nadie, ni siquiera las personalidades del palco, como le sucedió a la infanta Elena de Borbón, pudo contener su emoción.

    Igual que parte del público no logró enardecerse con el impresionante espectáculode La Fura dels Baus, o la cuidadísima creación de bienvenida ofrecida por la ciudad, el espectacular despliegue de creatividad sedujo a la familia olímpica, que la consideró toda una superación respecto a las anteriores. La aportación de Barcelona en su bienvenida al mundo fue un esfuerzo muy valorado incluso por el rey Juan Carlos: “Me he sentido muy emocionado. Ha sido una fiesta muy elegante una de las mejores, y para mí, la mejor”.

    Desde eh saludo olímpico, asombroso por el colorido y coreografia, hasta el espectacular acto de encendido del gran pebetero de Montjuic, con la flecha del fuego sagrado, la ceremonia mantuvo un alto tono de emoción. Apenas se escucharon silbidos en los discursos en castellano del rey Juan Carlos y del presidente del movimiento olímpico, Juan Antanio Samaranch, y solo falló, al principio, la sincronización de la música, auténtico eje central del guión, con el sonido pregrabado. Barcelona, al final, lo logró. Consiguió abrir los JJOO más universales con una dimensión distinta. La música de Angelo Badala menti o Ryuichi Sakamoto fueron el vehículo para marcar la emoción.

    La parte final, durante el Medley de ópera, no se ajustó al programa ideado por los creadores de la ceremonia .El público empezó a lanzar inesperadamente los tubos fluorescentes al recinto del Estadio, donde se encontraban los atletas y los castellers.

    Desde ayer, la llama olímpica ya refleja el nuevo espíritu de Barcelona, la capital de Catalunya que, simbolizada en el espíritu de los castellers, ha volcado su fuerza para llegar lejos en un momento histórico e irrepetíble, como lo ha sido el de convertirse en centro del mundo. Como esos niños que escalan las torres humanas, plenos de solidaridad, hermandad y fuerza Barcelona estará durante 15 días cima del mundo.

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