Infracciones enquistadas

El último reducto de indisciplina viaria en Barcelona: ¿dónde aparcamos mal?

La mitad de los estacionamientos indebidos son en zonas de carga y descarga y el 75% de infractores son coches particulares

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Coches cada vez más grandes: la odisea de encontrar una plaza de aparcamiento en Barcelona

Meritxell M. Pauné

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Hubo una época en la que las aceras de la avenida Diagonal estaban llenas de coches día sí, día también. Hasta hace no tantos años, los vehículos parados “cinco minutitos” en doble fila eran el pan de cada día en Barcelona. Hoy estas escenas se han reducido a la mínima expresión, gracias al gran descenso logrado en la primera década de los 2000. No obstante, desde 2010 la indisciplina viaria se ha mantenido muy estable y algunas infracciones están un tanto enquistadas, como aparcar de forma indebida en chaflanes y zonas de carga y descarga.

El Ayuntamiento de Barcelona monitoriza desde 1997 los malos hábitos de estacionamiento con un minucioso informe de “indisciplina viaria”. La última edición, analizada por EL PERIÓDICO y contrastada con el consistorio, ofrece una interesante radiografía de estas transgresiones cotidianas. Los datos de julio a octubre de 2022 –los más recientes publicados– ya constatan que la ciudad ha vuelto al punto de partida prepandemia, con una media estable de unos 0,5 vehículos ilegalmente estacionados por cada 100 metros de vial. Es decir, un coche mal aparcado por cada dos manzanas del Eixample.

Y atención: la mitad de infracciones (0,25) son usos indebidos de las zonas de carga y descarga. La usurpación de espacios reservados para transportistas no consigue erradicarse, pese a una señalización clara, apps que indican alternativas para estacionar bien y el siempre convincente riesgo de sanción. Además, generan efecto dominó, cuando el profesional que se ve privado de aquella plaza recurre a alguna de las otras siete tipologías de infracción: dejar el coche en doble fila (0,05 con afectación al tráfico y 0,01 sin), en plena calzada (0,1), sobre la acera (0,04), en pasos cebra (0,02), en un carril bus o bici (0,1) o en otras reservas de calzada (0,07).

Quién, dónde y cuándo aparcamos peor

Porque sí, los grandes protagonistas de la indisciplina barcelonesa son los coches particulares: tres de cada cuatro. No lo son, por lo tanto, ni las furgonetas de reparto ni los camiones de mudanzas ni otros colectivos a los que se ha colgado el sambenito. Y el territorio rey de los “cinco minutitos” pirata es, con gran diferencia, el distrito del Eixample (0,88). Le siguen Gràcia (0,53), Sarrià-Sant Gervasi (0,53) y Ciutat Vella (0,51), que también superan la media. En cambio los más ejemplares son Horta-Guinardó (0,41) y Les Corts (0,43).

Y es que los razonamientos individuales, mirados juntos, siguen un cierto patrón. El chaflán realmente es un auténtico imán de picarescas, con una ratio de 1,47, es decir, el triple de indisciplina que la media global de Barcelona. Nada que ver con el 0,43 de coches mal aparcados en cordón, mucho más parejo al estándar de la ciudad. Y eso que cada esquina tiene señalización in situ, porque pueden albergar todo tipo de plazas de estacionamiento (de pago, rotatorias, para discapacitados…).

La incidencia en el centro de la ciudad –que el informe identifica con Ciutat Vella, el Eixample y el tramo noble de la Diagonal– es muy superior (0,73) a la de los barrios residenciales periféricos (0,45). El diferencial lo causan muchos factores, entre lo que sobresalen la abundancia de esquinas en la trama urbana Cerdà y el volumen de vehículos de paso.

Las cifras desmitifican también el impacto de la movilidad laboral, puesto que la tarde (0,75) casi triplica la ratio de incidencias detectadas durante la mañana (0,29). Y la noche no se queda corta, con un 0,59.

El erróneo convencimiento de “molestar poco”

“Cuando alguien aparca mal, normalmente lo hace desde el convencimiento de estar molestando poco o nada al tráfico”, reflexiona Adrià Gomila, director de Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona, en conversación con este diario. “Mientras que resulta evidente el perjuicio de parar un vehículo en medio de una calle de un solo carril, persiste este reducto de pensar que en una zona de carga y descarga o en un chaflán la molestia es asumible”, compara.

Todo lo contrario, puesto que estas infracciones tienen impacto claro en la ciudad. “En primer lugar, ocupar espacios esquineros reservados para facilitar los giros resta visibilidad a los pasos de cebra y genera riesgos reales de siniestralidad”, advierte. “Y por otro lado, cuando un transportista ve ocupada la zona de carga y descarga, se siente legitimado para dejar su vehículo en el espacio reservado a otros colectivos, como una plaza para personas con movilidad reducida o un carril bici”, remacha.

Las líneas de actuación del Ayuntamiento en esta materia por ahora se centran en reducir la tentación de infringir mediante mejoras de señalización, acuerdos con gremios profesionales para estacionar más de los 30 minutos permitidos, estimación de plazas libres cercanas mediante la app Smou… Y, en menor medida, multas por parte de Guardia Urbana y de los controladores del área verde y azul.

Sin impacto por la Superilla

Víctor Jódar, jefe de la unidad AREA de Barcelona Serveis Municipals (BSM), adelanta que 2023 ha seguido el mismo patrón que 2022 y los próximos informes volverán a situarse alrededor de las 0,5 infracciones por cada 100 metros de vial. “Es una foto fija y siempre hay ligeras variaciones según la muestra, pero la tendencia es la estabilidad y no prevemos grandes diferencias”, señala.

Ni siquiera por el estreno de los cuatro ejes verdes del Eixample, denominados Superilla: “No apreciamos un gran efecto”, responde Gomila. Explica que estas pacificaciones juegan a la vez a favor y en contra de la picaresca, por ejemplo con la desaparición de chaflanes “propicios a la indisciplina” pero las acercas y calzada difuminadas por la plataforma única. Cabe recordar, además, que en estas vías la carga y descarga tiene otro horario: en vez del marco genérico de 8h a 20h, solo está permitida de 9:30h a 16h.

Pese a las malas praxis superviventes, Gomila es optimista: “Querríamos que fuera cero, pero los últimos 12 años hemos introducido transformaciones en la ciudad y mejoras tecnológicas sin perder el buen nivel de indisciplinas”. “En cualquier caso, estos informes nos ayudan a identificar dónde hay que poner el foco para lograr nuevos descensos”, concluye.