Las cuentas de la ciudad para 2024

El reto de gobernar en minoría: de los ocho presupuestos de Colau al primero que afronta Collboni

Collboni propone subir la tasa de terrazas y el recargo turístico a apartamentos y cruceros de corta estancia

Colau, de no aprobar un presupuesto en su primer mandato a lograrlo con los cuatro del segundo

Barcelona aprueba presupuestos cinco años después

Collboni aborda los presupuestos con Colau, que insiste en cerrar ya un pacto de gobierno

Colau y Collboni, tras refrendar el pacto de gobierno en Barcelona, en junio de 2019.

Colau y Collboni, tras refrendar el pacto de gobierno en Barcelona, en junio de 2019. / Danny Caminal

Toni Sust

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Jaume Collboni llevará 123 días como alcalde el próximo miércoles, 18 de octubre, cuando se enfrente al mayor obstáculo que ha tenido delante desde que recibió la vara de mando municipal.

Ese día, la Comisión de Economía abordará el trámite inicial del proceso de aprobación de los proyectos de presupuestos y ordenanzas fiscales de Barcelona para 2024, y a estas alturas, Collboni no tiene garantizado el apoyo de grupo alguno más allá del suyo: los 10 concejales socialistas que, con él al frente, forman el gobierno de la ciudad.

El primer mandato de Colau

Es el gobierno con menos ediles de la historia, con uno menos que el primero de Ada Colau, que en 2015 tenía 11, a los que durante año y medio sumó los cuatro del PSC. Colau también tuvo 10 ediles de 2019 a 2023, pero siempre gobernó con los socialistas, sumando 18.

Para entender que el camino que le espera a Collboni no es sencillo, baste recordar que en aquel primer mandato, Colau no logró aprobar ni una sola vez las cuentas municipales por la vía ordinaria, es decir, mediante una votación convencional del plenario, con la mayoría suficiente.

El proyecto

El teniente de alcalde de Economía, Hacienda, Promoción Económica y Turismo, Jordi Valls, expuso el pasado martes las líneas principales del presupuesto, que asciende a 3.735 millones de euros, y de las ordenanzas, que prevén algunos cambios relevantes: acabar con la bonificación del 75% de la tasa de terrazas y establecer un sistema progresivo que prevé cobrar más a los locales con más terrazas, e incrementar la fiscalidad a apartamentos turísticos y cruceros con estancias de menos de doce horas en la ciudad.

Para que los presupuestos sobrevivan al miércoles, requieren del apoyo de una parte de la oposición. Sea en forma de voto favorable o de abstención. Lo segundo parece más viable, pero por ahora no ha habido un gesto que indique Junts per Barcelona, Barcelona en Comú (que insiste en reclamar que se pacte a la vez presupuestos y la formación de un gobierno de coalición), ERC o el PP vayan a hacerlo. Y mucho menos Vox: el partido de extrema derecha está fuera de todo espacio de diálogo con el gobierno por expreso y publicitado deseo del alcalde.

La prórroga

Si al final la respuesta de la oposición fuera un ‘no’ global y ni presupuestos ni ordenanzas iniciasen su tramitación, los primeros podrían acabar aprobándose más allá de enero, sucede a menudo. Pero las ordenanzas, que entran en vigor el 1 de enero, ya no se podrían modificar. Eso, de entrada, supondría para los restauradores asumir la tasa de terrazas fijada para 2020, que nunca han llegado a pagar sin la bonificación del 75%. Es como para que el gremio anime a los partidos a colaborar.

Si no hay acuerdo ni ahora ni en unos meses, Collboni podría prorrogar los presupuestos de 2023: Jordi Valls advirtió esta semana de que eso provocaría una reducción de 700 millones de euros respecto de los 3.735 anunciados. Según el exalcalde de Manresa, esa cantidad se perdería en inversiones y gasto. Collboni podría intentar asimismo la vía de la cuestión de confianza, que su antecesora empleó dos veces.

Los presupuestos de Trias

Mirando atrás, volviendo a ese primer mandato de Colau, se aprecia que ir solo y en minoría defendiendo unos presupuestos puede ser triste pero es posible. La nueva alcaldesa se vio obligada en su primer año a prorrogar los de 2015, los últimos aprobados con Xavier Trias como alcalde. Eran los tiempos de los primeros pasos de Barcelona en Comú por el plenario, cuando el partido trataba, en vano, de bajar los salarios a todos los concejales, por ejemplo.

Posteriormente, en marzo de 2016, la entonces alcaldesa sí logro sacar adelante una modificación presupuestaria que añadió cerca de 300 millones a los presupuestos y que fue posible gracias a un acuerdo con ERC y el PSC. Pero poco después los socialistas entraron en el gobierno como socio menor y eso, lejos de darle más tranquilidad a los Comuns en las votaciones, provocó un alejamiento con los republicanos y más derrotas en el plenario.

Cuestión de confianza

Por eso Colau tuvo que recurrir a una cuestión de confianza para aprobar los presupuestos de 2017: el gobierno presenta un proyecto de cuentas a sabiendas de que perderá la votación y lo asocia a esa cuestión de confianza. La oposición tiene un mes para elegir un nuevo alcalde que presente un nuevo proyecto presupuestario. Si pasados los 30 días no hay nuevo regidor, el proyecto del alcalde en vigor prospera automáticamente.

Para los de 2018, Colau tuvo que volver a recurrir a este sistema, pese a que creyó acariciar la alianza necesaria para que por primera vez bajo su batuta las cuentas municipales pudieran ver la luz verde en un pleno ordinario. Contaba con la abstención del PDECat, que entonces así se denominaban los posconvergentes, la de ERC y la del PSC.

Sin embargo los socialistas acabaron votando en contra, y abocaron a Barcelona en Comú a otra cuestión de confianza. Hay que tener en cuenta que Colau les había echado del gobierno en noviembre, dos meses antes, por el apoyo del PSC al 155. Entre los exsocios no había mucho amor.

El segundo mandato

Colau acabó el mandato con una prórroga, y cuando empezó el segundo, Manuel Valls mediante, todos los problemas se acabaron: a los ocho votos que le daba su socio estable, el PSC, se añadió el apoyo externo de ERC, que tras ver como le arrebataban la alcaldía a Maragall pese a ser el ganador, por 5.000 votos, de las elecciones, aparcó el resentimiento y optó por el pacto.

Los cuatro presupuestos del mandato contaron con la mayoría absoluta, algo que Collboni vivió como primer teniente de alcalde. Los republicanos votaron a favor de los de 2020, que también avaló Junts per Barcelona, y los de 2021, que también apoyó Barcelona pel Canvi, el grupo de Valls. ERC facilitó además con su abstención la aprobación de las cuentas de 2022 (Barcelona pel Canvi, ya sin Valls volvió a votar ‘sí’) y las de 2023. El caso de las cuentas de 2022 fue doloroso para Maragall, que anunció que votaría en contra y se vio obligado a rectificar por ERC para lubricar un acuerdo simétrico en el Parlament.

Los sinsabores de la política y los presupuestos son variados y frecuentes, y el alcalde de Barcelona espera capearlos la semana que viene. Le quedan unos días para lograr que alguno de los grupos de la oposición contribuya a ese empeño.