Un deporte mal llamado juego

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Marc Vidal ha proscrito el alcohol en sus Billares Agbar, ubicados en un edificio industrial del Poblenou

Marc Vidal ha proscrito el alcohol en sus Billares Agbar, ubicados en un edificio industrial del Poblenou / Héctor Mediavilla

David García Mateu

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En sótanos, sextas plantas de edificios industriales o a cobijo de patrimonio histórico. Estas son las guaridas donde los billaristas de Barcelona son capaces de perder la noción del tiempo. Cuando juegan en la sala, su meta vital es únicamente dar tiza y acertar tiro tras tiro sin cesar. Si bien este deporte, mal llamado juego, escribió sus páginas de oro en la ciudad a lo largo de los noventa, tres décadas después sus acólitos se niegan a colgar los palos.

Aunque en Barcelona perviven entidades casi centenarias dedicadas a este deporte de reyes y cortesanos, como el Club Billar Sants alojado en el Casinet d’Hostafrancs, su aterrizaje definitivo llegó de la mano del séptimo arte. Paul Newman consiguió hechizar a dos generaciones del siglo XX. Una primera con El buscavidas (The Hustler, 1961) y, 25 años después, a sus descendientes con El color del dinero (The Color of Money, 1986). Desde entonces las mesas no hicieron más que multiplicarse.

'Boom' de difusión, aunque con estigma

Hubo todo un ‘boom’; hasta entonces el único billar dominante en Barcelona era el supuesto billar español, el cual en realidad era francés y que todo el mundo conoce por el de las carambolas”, recuerda el director de la Barcelona Pool Billiards Academy, Jaume Tàpies. Él mismo llegó a ser jugador profesional y fundó esta primera academia certificada por la Real Federación Española de Billar. Señala que el terreno sembrado por el cine no tardó en ser aprovechado por el sector de los recreativos: “Cuando descubrieron el billar americano, donde las bolas desaparecen, y se podía usar dinero para volver a hacerlas aparecer, lo extendieron por todas partes”, sintetiza.

Instructores y alumnos en la Barcelona Pool Billiards Academy

Instructores y alumnos en la Barcelona Pool Billiards Academy / Barcelona Pool Billiards Academy

“Aquella época fue buenísima para la difusión del billar y captar nuevos jugadores, pero por el contrario dejó de ser visto como un deporte, ahora ya olímpico, y pasó a verse como un mero juego de bar”, añade Tàpies. Una disyuntiva que algunos profesionales de antaño han decidido remediar. El ejemplo: La Pecera del Pool, un sports bar de la Nova Esquerra de l’Eixample cuyo responsable, Fran Cabanillas, decidió organizar en dos plantas: la genérica, destinada a quienes quieren jugar de forma ocasional, y un subterráneo secreto reservado para los socios.

El 'copeo', la gasolina del billar

“Tanto mi socio como yo somos jugadores de billar y hace cuatro años decidimos montar una sala”, rememora Cabanillas. Una apuesta que, asegura, ha cumplido las previsiones. La razón: “Teníamos claro que su viabilidad pasaba por montar una barra abierta al público, sin ella, era imposible subsistir; lo que pueden pagar los socios en cuotas es insuficiente para que esto funcione”, subraya.

Mientras que el público general puede alquilar por horas alguna de las siete mesas que tienen abiertas (tres de ellas de la casa Diamond, consideradas el Ferrari del ‘pool’), en el sótano cerca de una treintena de billaristas pueden ir a entrenar o competir las 24 horas del día durante los 365 días del año. “Les damos unas llaves y pueden pasarse ahí tantas horas como quieran”, enfatiza.

De hecho, Cabanillas tiene tan claro que el billar en Barcelona está aún tan lejos de morir, que ya prepara un segundo proyecto: 1.200 metros cuadrados divididos en tres plantas con 14 billares. Una nueva incorporación a un sector menguado en la ciudad. El último cierre, muy sentido, fue el de la histórica sala Ars de Sarrià-Sant Gervasi.

De fábrica a templo del 'pool' sin alcohol

Aunque la lógica de la experiencia barcelonesa señale que las bolas solo seguirán cayendo por las troneras si hay alcohol de por medio (véase la decena de locales que subsisten, como el Snooker o el HDP Billar), hay excepciones emergentes. Un profesional del tapiz que, tras hacer las Américas durante un cuarto de siglo, ha decidido romper la piña de los convencionalismos locales. En 2022 el barcelonés Marc Vidal se decidió a abrir Billares Agbar, un templo del ‘pool’ que acoge siete mesas de competición Diamond en la sexta planta de un edificio industrial del Poblenou.

Marc Vidal, en su local Billares Agbar del Poblenou

Marc Vidal, en su local Billares Agbar del Poblenou / Héctor Mediavilla

Yo no sirvo alcohol, aunque me perjudique financieramente; mi objetivo es promocionar y limpiar el nombre del billar americano; desmitificar la idea que para jugar hay que ir a un bar donde se te incita a beber y jugar con la música altísima”, resume Vidal. De hecho, él mismo señala que esta sala la podría haber montado en los Estados Unidos, donde el billar es prácticamente una religión, “pero mi idea es volverme algún día a Barcelona y creo que este es el mejor camino”, responde.

¿Un deporte de hombres?

A diferencia de otros deportes, donde la presencia femenina cada vez es más habitual, en las salas de billar de Barcelona todavía cuesta mucho encontrar mujeres concatenando bolas por las troneras. “A jugar de forma esporádica para echar unas copas sí que vienen parejas o grupos de amigos donde hay chicas, pero como socias del club solo hemos tenido una mujer”, destaca Cabanillas, de La Pecera del Pool .

Vista de la sala de billares de la coctelería Snooker

Vista de la sala de billares de la coctelería Snooker / Elisenda Pons

Una dinámica que también se repite en Billares Agbar: “El 95% de los jugadores que vienen son hombres”, admite Vidal. “La mayoría de gente que juega aquí en Barcelona tiene más de 30 años y, en mi caso, como estoy cerca del 22@, me viene bastante gente extranjera que trabaja por la zona”, detalla. Una dinámica que da oxígeno a un sector que no pasa por sus mejores días en la ciudad, pero que está lejos de apagar las luces.

El precio del m2, la bola negra

“En Barcelona el público que juega a billar mientras toma algo sigue intacto e incluso diría que ha ido a más; el problema está en las salas de billar puras como la de Marc”, sostiene Jaume Tàpies. En su opinión, la sala de este hustler barcelonés es “un milagro empresarial”, porque “su público objetivo es bastante escaso aquí”, acentúa. Ni siquiera el hecho de que el actual número uno del mundo sea el murciano Francisco Sánchez Ruiz ha generado una nueva hornada de adeptos.

La Barcelona Pool Billiards Academy transmite el deporte del billar a nuevos públicos

La Barcelona Pool Billiards Academy transmite el deporte del billar a nuevos públicos / Barcelona Pool Billiards Academy

Una oportunidad perdida a la que cabe sumar la dificultad de multiplicar el número de mesas de billar por habitante. “Al final se trata de un negocio que, en su mayoría, necesita de locales muy grandes, con licencia para poder vender alcohol, y diáfanos, porque las columnas te pueden complicar mucho la vida, y en este sentido ya sabemos cómo va el precio del metro cuadrado en Barcelona”, sentencia.

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