Alerta comercial

Las tiendas cannábicas se extienden en Ciutat Vella bajo un 'boom' de licencias de floristería

Antiguo colmado reconvertido en tienda cannábica más otra de regalos, en Urquinaona con Via Laietana.

Antiguo colmado reconvertido en tienda cannábica más otra de regalos, en Urquinaona con Via Laietana. / ELISENDA PONS

Patricia Castán

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La apertura de una gran cantidad de establecimientos de productos cannábicos teóricamente sin psicoactivos (derivados del CBD) lleva meses generando malestar en Ciutat Vella y en concreto en el Gòtic. La resurrección comercial de este barrio tras la pandemia se ha acompañado de 'boom' de negocios claramente enfocados al turismo, entre los cuales --suvenirs aparte-- las tiendas cannábicas preocupan a las asociaciones de comerciantes, por la imagen y tipo de público que atraen. No se puede cortar su expansión porque el epígrafe que utilizan para nuevas licencias es el de floristerías, al vender derivados de plantas, una actividad para la que no hay limitaciones. El distrito ha dado 118 licencias en los últimos seis años y medio. No quiere decir que todas se correspondan a tiendas cannábicas, pero sí posiblemente una buena cantidad, teniendo en cuenta que otros distritos se sitúan muy por debajo en su nueva cuota de floristerías. Solo en lo que va de año se han otorgado 21.

La nueva oferta se nutre en ocasiones de colmados reconvertidos a esta nueva (y más lucrativa) oferta, y se engorda aún más con el 'merchandising' y hasta golosinas vinculadas al cáñamo que se venden en tiendas de regalos o súper. Algo que, según el ayuntamiento, no queda cubierto por sus respectivas licencias. El 'boom' ha hecho que Barna Centre reclamase hace unos días un mayor control de los negocios cannábicos y el freno a su proliferación, que creen que no aporta ningún valor a la oferta comercial, sino más bien todo lo contrario.

Sin epígrafe específico

La entidad ha llevado la queja al ayuntamiento, Generalitat y Estado por las irregularidades que ha detectado en la venta. Lamenta que "al no existir una licencia específica", se abren paso "como actividad de floristería o complementos de regalo". Al parecer, el consistorio no puede denegar las aperturas, pese a que Barcelona suma ya entre 200 y 250 establecimientos de este tipo, según estiman fuentes del sector. Está por ver si el municipio tiene capacidad de crear una normativa específica o generar un epígrafe de actividad más ajustado a la realidad y que permita ponerle coto.

Otra tienda de productos cannábicos en pleno centro de Barcelona.

Otra tienda de productos cannábicos en pleno centro de Barcelona. / Elisenda Pons

Es imposible saber cuántas de las licencias de floristería concedidas en la ciudad desde 2017 son realmente tiendas de flores y plantas y cuántas se dedican a los derivados del cánnabis. Lo que sí está claro es que la disparada cifra de Ciutat Vella obedece a ese fenómeno, ya que representa una cuarta parte de las 431 licencias concedidas en toda la ciudad desde entonces.

De hecho, el Gremi de Floristeria considera que la oferta tradicional de la ciudad está estabilizada hace años entre bajas y altas, y que en su último censo de 2018 el Eixample, por ejemplo, sumaba 104 floristerías. Según los datos municipales este distrito ha sumado 92 licencias en seis años y medio (no se cuentan las bajas), lo que puede obedecer a que muchos bazares chinos tramitan una segunda licencia de floristería para poder ocupar la vía pública. Esa situación puede darse en otros puntos de la ciudad, aunque hay distritos como Les Corts, Nou Barris u Horta-Guinardó donde la nueva oferta acumulada no alcanza ni una veintena.

De modo que el incremento de licencias de Ciutat Vella (118), con estrechas aceras que no dan pie a la exposición de plantas en la calle en bazares, queda claramente vinculado a un apogeo de los negocios cannábicos, ante la fuerte demanda de esos productos por parte del turismo juvenil. El censo de los floristas le otorgaba solo 30 entonces.

Al margen de contribuir al monocultivo comercial turístico del centro de la ciudad, como ya informó este diario, y de ser llamativamente presentes en calles como Ferran, Portaferrissa o calles del entorno, los comerciantes del centro ponen la alerta en aspectos sanitarios. En ellas se estarían comercializando "productos que sí tienen derivados cannábicos sintéticos anunciados a los envases como THC (Delta 8 y Delta 9, también conocido cómo HHC) en dosis muy elevadas, hasta 150mg, que sí tienen grandes efectos psicoativos y se venden en formas variadas desde pitillos ya hechos, bebidas y alimentos (gominolas, piruletas, brownies y similares)·, denuncian.

Problema de salud

Barna Centre ha mostrado su rechazo también a que los rentables productos (más caros que en las webs especializadas, ya que encuentran un público dispuesto al consumo durante sus vacaciones) se integren ya en tiendas de suvenir y alimentación, pese a su proximidad en los expositories con dulces infantiles. "Supone un problema de salud indiviual y colectivo", añaden, reclamando a las administraciones que intervengan.

La normativa estatal (Reglamento Europeo 2015/2283 sobre nuevos alimentos) considera ilícito comercializar productos alimentarios para consumo "con derivados de la biomasa de cualquier cannabiode (CBD, THC, CBG o HHC), con poder psicoactivo o no". Por su novedad, no han tenido suficiente recorrido aún para garantizar su seguridad alimentaria, subraya un portavoz de Barna Centre, donde han analizado este segmento con ayuda de expertos.

Normativa sobre los productos

En la actualidad "solo se permite la comercialización de productos con derivados del cáñamo para uso externo cosmético y/o tópico, coleccionismo o “vapeo” siempre que no superen el 0,2% en presencia de THC", insistía Barna Centre en su comunicado. Y enfatizaban que no se puede vender ningún alimento ni bebida con cannabinoides, especialmente algunos que pueden generar dependencias, con la vista puesta en su auge en Barcelona y el consumo inmediato en forma de bebidas diversas o golosinas.

La asociación ha reclamado la inspección urgente de estos productos, la retirada de "cualquier producto de alimentación que lleve cualquier derivado cannábico de THC, CBD, CBG, o HHC) y el control sobre la venta a menores. Como medida que frene el fenómeno, reivindica que se cree una licencia específica para esta oferta que facilite su control y "buena praxis" en la distribución.