En Barcelona

El termómetro gigante del Portal de l'Àngel vuelve a lucir tras tres años tapado

  • El icono de la tienda Cottet en el Gòtic se vio afectado por la rehabilitación del edificio, que ahora albergará oficinas y comercios

Imagen del histórico termómetro, de nuevo visible en el Portal de l’Àngel.

Imagen del histórico termómetro, de nuevo visible en el Portal de l’Àngel. / Jordi Cotrina

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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El enorme termómetro de la que fuese la óptica Cottet, que con sus 22 metros de largo es el más grande de España y uno de los mayores de Europa, vuelve a marcar la temperatura desde el número 40 del Portal de l'Àngel de Barcelona, tras tres tres años en los que ha permanecido tapado por obras de rehabilitación del edificio. Queda por ver si su espectro de medición, de 40 a -5º, se quedará corto ante el tórrido verano que está viviendo la ciudad.

El termómetro de Cottet se instaló el 23 de febrero de 1956 de la mano de los hermanos Rolando, Renato y Fernando Cottet, propietarios de la cadena de ópticas, cuya tienda principal se hallaba en los bajos del edificio desde principios de siglo. Se inspiraron en otros medidores térmicos que habían visto en ciudades europeas para llamar la atención sobre su comercio, y durante un tiempo logró ser el mayor del mundo, con más de dos toneladas de peso.

En verano de 2019, con la venta del inmueble a un fondo inversor con sede en Valencia (la óptica se trasladó a la Rambla Catalunya) comenzó una reforma del edificio que se tradujo en un enorme andamiaje y lonas cubriendo también el termómetro, que forma parte del Catálogo de protección arquitectónico, histórico y paisajístico de los establecimientos emblemáticos de la ciudad de Barcelona, por lo que su preservación está garantizada. En los bajos se ubican una zapatería y una perfumería ahora, mientras que las plantas superiores se han destinado a oficinas.

Reparado hace una década

No era la primera vez que el aparato quedaba fuera de la exposición pública. De hecho, en 2009 dejó de funcionar y fue necesaria su rehabilitación técnica, que llevó a cabo el Instituto Municipal del Paisaje Urbano y la entonces empresa propietaria del inmueble, Cottet Ópticos. Devolverle la vida costó alrededor de 70.000 euros.

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El icono local estrenó nuevas lámparas led de bajo consumo, que sustituyeron a los 710 tubos de neón. De ese modo, no solo consumía menos energía, sino que la temperatura marcada en rojo resultaba más visible.

A sus pies se colocó una placa en el suelo que lo acredita como elemento del Petit Paisatge de Barcelona. Además, en un lateral de la fachada del edificio se complementa con un barómetro y un higrómetro para medir la presión atmosférica y la humedad relativa.